CAMPAÑA POLÍTICA
Las campañas electorales de este año dan lugar a memorizar y adecuar refranes de acuerdo con el desarrollo de postulaciones y cargos electivos. Como es de suponer, los candidatos sacan cuenta de la cantidad de votos que tendrán a su favor. Cabe decirles que “no es bueno contar los cabritos antes de la parición”. Es sabido que el político que cuenta con el aparato y recursos oficiales, corre con ventaja por ser “el caballo del comisario”. Si en el padrón electoral aparecen difuntos votando o al momento del escrutinio hay más votos que los empadronados es “cosa e’mandinga”. No hay que sentirse defraudado si el político elegido resulta un politicastro porque “no tiene la culpa el chancho, sino quien le da de comer”, Los que reciben “el bolsón obsequio” por el voto aportado no pueden quejarse por la cantidad y la calidad de los productos, pues “a caballo regalado no se le miran los dientes”. Durante la campaña política, los votantes “tragan sapos”, “mascan vidrios” y reciben “espejitos de colores”. Como “nadie se rasca para afuera”, los políticos se rascan para adentro. Las consecuencias de un mal gobierno hace que el pueblo que los eligió “pague los platos rotos”. Si los votantes “tienen más cuentas que un rosario”, hay que ser caradura y salir “a tirar la manga” a los políticos de turno. ¡Qué lástima!, ya se extinguieron los políticos que “no tienen pelos en la lengua para decir las cosas malas que saben y ven. Todos esperamos que los que resulten ganadores de las elecciones “no metan las manos en la lata” y si así lo hicieran, ¿que Dios y la patria se lo demande? Cuando un ciudadano común debe enfrentar situaciones comprometedoras, al no tener el privilegio de los fueros parlamentarios, se tiene que defender como “gato panza arriba”, con “uñas y dientes”. Si el Estado gasta más en los proyectos y controles que en el costo de la obra realizada, “sale más caro el collar que el perro”. Cualquier observación en contrario que se le haga al gobernante de turno sin más vueltas dirá que le “ponen palos en la rueda”. La virulencia de punteros políticos se debe a que “el pícaro vive del zonzo y el zonzo de su trabajo”, y “donde hay zonzos dura la fiesta”.
Solano Díaz
Santos Discépolo, tercera cuadra, Villa Rita
San Pedro de Colalao-Tucumán
EL “CHARLASUR”
Muchos de nuestros políticos, no todos desde ya, han demostrado una imaginación sin límites a la hora de generarse puestos de trabajo. Una muestra de esto es el famoso Parlasur (Charlasur, nos charlaron a todos), negocio redondo si los hay, donde varios de ellos cobrarán sus sueldos antes, durante y seguramente después, de dedicarse con ahínco a “parlar”. Veamos que dice el diccionario sobre el significado de esta palabra: “Hablar, conversar mucho y sin sustancia”. Interesante trabajo el que tendrán, muy productivo para la sociedad, sobre todo. Ahora bien, no debemos ser desagradecidos ya que nos han permitido (en forma obligatoria, obviamente), que mediante el voto, elijamos a los lenguaraces que nos representarán en tan importante ámbito, y en tan sublime tarea como es la de hablar, hablar y hablar, al vicio.
Humberto Solá Cánepa
hsola2@hotmail.com
EL EPAM
La semana pasada, recorrí el EPAM Rivadavia, volvieron a mi memoria otras épocas. Mucha gente afanosa pintaba, arreglaba; todas las aulas tienen calefacción y aire acondicionado. Y de un salto, mi desconcierto y por qué no un dolor en el alma. ¿Y nosotros, los del EPAM de la usina Sarmiento? ¿Por qué nos dejaron afuera o es que existen hijos y entenados? ¿No recuerdan a ese grupo de soñadores, alumnos, profesores y el resto del personal que nos quedamos como custodios para que ese lugar no quede en el olvido, mientras otro grupo hacía las sentadas, cortaba calles y quemaba gomas? Fuimos nosotros, los de la usina, los que preservamos su continuidad y hoy, no contamos con las dádivas que el otro tiene. Aulas sin calefacción, una triste estufa y ventiladores de techo que casi siempre se empacan y se silencian. Las paredes necesitan una generosa mano de pintura, lavarles la cara con amor, en fin, miles de cosas de las que carecemos. ¿Por qué esa diferencia? En 2011 se hablaba de remodelación, ¿dónde quedó eso? ¿No queremos conservar la herencia del pasado? Todo quedó en la nada, en promesas que se lleva el viento. En nombre de los que amamos la vieja usina que hagan algo. Señores de la UNT, acérquense, vean la realidad. La verdad es una sola, quítense la venda. Creo que nos merecemos lo mismo que los otros. El EPAM es uno solo. ¿Qué es para ustedes la usina Sarmiento? ¿O vendrá el piquete y la tirará abajo. Pero, por favor, si esto sucede, esperen que los soñadores levantemos nuestras carpetas, guitarras, bombos y pañuelos y salgamos dejando la tierra regada de lágrimas. Ahora el EPAM cumple 30 años y si aprovechan esa oportunidad sería una buena idea.
María Miroli de Mariscal
Pasaje García 1041
San Miguel de Tucumán
CASA HISTÓRICA (I)
Con argumentos inexactos, en su Panorama Tucumano del 31/7, Guillermo Monti se manifiesta en contra de la legítima protesta de quienes nos sentimos agraviados en nuestra tucumanidad por la actual muestra en el Museo Casa Histórica de la Independencia Argentina. No son críticas al boleo ni somos parte de ningún show, tampoco mezclamos antipatías políticas. Simplemente señalamos lo que consideramos debe ser un museo de las características del referido. Quiero aclarar que nunca se exhibieron la totalidad de los objetos (se trabajó con criterio como en otros museos del mundo); estos rotan según las muestras cambiaban año tras año, lo que estaba muy bien. Nunca se pretendió “abarrotar” “todos” los objetos donados, sino utilizar criteriosamente lo existente y en todo caso, con iluminación, colores y un guión preciso, narrar los sucesos que allí se recuerdan. Los paneles informativos que se pusieron, podrían haberse colocado en cualquier plaza, si solo de contar una historia inconexa se trataba, pues no es parte de la temática, por ejemplo, la historia de los pueblos originarios, que sí requieren un museo propio de entidad suficiente. Es justamente el criterio o la falta de este en el armado de la muestra lo que se señala desde la prestigiosa Junta de Estudios Históricos de Tucumán como la debilidad de la exhibición de gigantografías. El Museo Casa Histórica de la Independencia Argentina tiene una “temática” que debe relatar el proceso histórico que comienza en 1806/07 (Reconquista y Defensa de Buenos Aires); la Revolución de Mayo de 1810, y también las batallas decisivas de Tucumán y Salta (1812/1813), proceso que culminó en 1816 con la Declaración de la Independencia. No es cierto que la inclusión de las mujeres resulte una “novedad”. En la muestra anterior, se exhibía el retrato de doña Agueda Tejerina, autora de la famosa proclama a la mujer tucumana en 1807, que es referido como ejemplo de pasión patriótica y también se recordaba a Manuela Pedraza, reconocida a nivel nacional; ambas tucumanas que fueron contemporáneas y protagonistas de los sucesos de alusión del museo, fueron literalmente “borradas” de la muestra, poniendo en su lugar a otras que no tuvieron que ver con lo “específico” que la exhibición debía relatar. Se denosta la figura de Bernabé Aráoz, hombre esencial en todo el arco temporal previo a 1816 y se elimina la figura insoslayable de Gregorio Aráoz de La Madrid y de los dueños de casa. En su lugar, se pone de relieve la figura de Artigas, enemigo declarado del Congreso de 1816, cuya actuación estuvo situada en otro contexto y en otro lugar. No reclamamos el pretendido revisionismo histórico en los paneles, sino el contenido y su excesivo tamaño. En lo personal, como donante tengo razones de sobra para preocuparme por el destino, pérdida o deterioro de esas reliquias familiares, que pueden ser abandonadas, perdidas o deterioradas y el columnista se inmiscuye en cuestiones que no le atañen. Para finalizar, ¿cómo se atreve a decir que quienes criticamos los textos de los paneles no los hemos leído en su totalidad? Eso significa ningunear a todos aquellos que con justicia y argumentos históricos sólidos, criticamos y solicitamos la revisión de la muestra. Desafortunado Panorama que solo aumenta el sentimiento del avasallamiento liso y llano de nuestro patrimonio histórico y tradiciones tucumanas. Finalmente, Monti podría haberse ahorrado lo de “variopintas expresiones” o lo de “hablar sin saber”, arrogándose una autoridad definitoria que nadie le otorgó.
José María Posse
josemariaposse@gmail.com
CASA HISTÓRICA (ii)
Discrepo con la mayoría de las afirmaciones del Panorama Tucumano del 31/7, en las que hay un claro propósito de descalificar la capacidad y las intenciones de los que mostramos nuestro desacuerdo con la reforma de la Casa Histórica y la incursión predatoria del doctor Forster y sus corifeos, como si hubiésemos criticado por prejuicio, oscurantismo e ignorancia y con aviesa intención. Los museos no son cementerios, claro está, pero tampoco significa que sean ferias, menos aún salones repletos de carteles gigantes con guiones de texto escritos con parcialidad. Esto es algo puramente totalitario. Es cierto cuando dice que en los museos no se exhibe todo el patrimonio, pero en todos hay una exposición permanente del patrimonio concerniente al eje principal del mismo y que no se altera. En cuanto al porcentaje exhibido, el Museo Británico quizá no exhiba más que el 25 % de su patrimonio inmenso, pero ese no es el caso de nuestra modesta Casa Histórica, respecto de la cual no deja de repetir a menudo que el Salón de la Jura es el único original, algo que todos sabemos. Le contaré a este periodista que en 1990 visité el Museo del Juguete en Nüremberg, amorosamente reconstruido por la ciudad, luego de que la Segunda Guerra ocasionara su destrucción. Estos reformadores sí, son fanáticos iconoclastas y con “guión político”. Para concluir, el señor Monti justifica la reforma diciendo que es un proyecto nacional, que no es porteño y tampoco de los áulicos que se lo apropiaron.
José Enrique Würschmidt
nickywurschmidt@gmail.com
ESTACIONAMIENTO
La población ha crecido en los últimos 20 años y en forma paralela y lógica, también lo ha hecho el parque automotor. Una información reciente nos dice que diariamente ingresan al centro de la capital 165.000 vehículos, que entiendo, serían automoviles, motocicletas, ómnibus, carros, etcétera, aunque la información dice automóviles. En verdad, son muchos, y esto crea grandes dificultades para estacionar, sea por pocos minutos o algunas horas. Sorprende que la Municipalidad delegue a terceros el importante negocio de cobrar los estacionamientos en las calles. Veamos: en una cuadra pueden estacionar 20 automóviles y a razón de $ 5 la hora le producen al consignatario $ 100, o sea, en un promedio de 10 horas ganan $ 1.000 por cuadra. Sí, leyó bien, $ 1.000 por cuadra. Calculemos cuánto les reditúa este cuantioso beneficio que otorga graciosamente la Municipalidad con el voto irresponsable de sus concejales. Los encargados de cobrar no se hacen responsables de nada, roturas varias, robos de insignias o el robo del vehículo, aunque por ley sí les corresponde hacerlo. Pero veamos: si la propia Municipalidad, cobrara el derecho a estacionar en todas las calles, excepto el microcentro, digamos, $ 400 por mes por cada vehículo, y pensando que tal vez serían unos 50.000 autos, ingresarían a las arcas municipales $ 2 millones por mes, que podrían servir, por lo menos, para mantener en buen estado las calles, con bacheos permanentes bien hechos, buena cantidad de semáforos, demarcaciones adecuadas en lugares prohibidos, eliminar los absurdos como peligrosos lomos de burro, entre otras cosas. Sí, $ 14 millones anuales. ¿Cómo se puede entender esta manía de dar a terceros lo que en realidad es obligación de la misma Municipalidad? ¿Se puede entender que los funcionarios han sido elegidos para ejercer sus funciones para que en verdad se hagan merecedores de los sueldos que cobran de esta manera sin hacer nada? Estamos a punto de cambiar. Aprendamos a elegir. Agrego que el microcentro se podría delimitar entre las calles Santiago del Estero, Laprida, San Lorenzo y La Rioja. Todas las demás calles posibilitan el estacionamiento en una de sus veredas y esto de ninguna manera obstaculizaría el tránsito, como ocurre en numerosas ciudades de Europa, donde vemos que en muchas oportunidades se estaciona inclusive en ambas veredas. Tal vez no sería tan difícil y ganaríamos todos.
Federico Vázquez
fedevazqueztuc@gmail.com