GOBERNADORES
En épocas de tensiones políticas, es bueno recordar hechos de la rica historia de Tucumán y de sus Gobernadores. Los hubo de inmensa talla y dignidad. Entraron con la frente en alto y salieron aún con más hidalguía. Lucas Córdoba, que murió en la más extrema pobreza, cuando avizoró la gravedad de la situación azucarera de 1896, tomó su caja de tabaco “cargada con cien paquetes de cigarros de chala”, y se despidió diciéndoles a sus ministros que no volvía de Buenos Aires hasta que encontrase la solución. Demoró cuatro meses, pero volvió triunfante con la Ley N° 3469 aprobada. Entre vítores dejó el gobierno. Hubo que arroparlo con ropa prestada cuando murió para poder inhumarlo. No tenía nada. Cuando la revolución del 30 lo sacaba del gobierno a Sortheix por la asonada nacional, el interventor que lo sucedía le dijo: “contra usted no hay nada”. Sortheix tomó su sombrero, bajó las escalinatas de la Casa de Gobierno y se fue caminando a su casa. Campero, gobernador de Tucumán dos veces y electo para un tercer mandato, al concluir sus gobiernos, los amigos tuvieron que hacer una suscripción voluntaria para ayudarle a comprar una vivienda propia en la que murió dignamente. Juan Luis Nougués, hombre de fortuna, murió casi en la pobreza y asistido económicamente por su mujer. Pasó sus últimos años en un modesto departamento de la calle Salta y San Juan. Una vez fue reprendido por su padre, en el Salón de la Casa de Gobierno porque “estaba gobernando en contra de los intereses de su clase”, le contestó: “Usted será mi padre pero yo soy el gobernador, y mientras esté en este sillón usted no puede dirigirse hacia mí de esa manera. Le ruego se retire”. Ernesto Padilla perdió su fortuna por la causa provincial. A la pregunta al final de su gobierno de qué es lo que quería, pidió que lo dejaran poner un lapacho que hoy añoso está al lado de la medianera de la calle San Martín al 500. Se despidió diciendo: “Otro vendrá que bueno me hará”. Gelsi, en su vejez, bastón en mano, al elegirse un nuevo gobernador en el Colegio Electoral, fue aclamado de pie por propios y extraños. Otros gobernadores sembraron nuestra tierra con dignos ejemplos y mensajes conciliadores Enorme distancia con las palabras de Manzur y Jaldo diciéndonos: “No le sigan metiendo el dedo en el traste al elefante. Tengan cuidado, mucho cuidado”.
Horacio Ibarreche
ibarreche@jetnet.com.ar
EL CONSENSO Y LA CONVIVENCIA
Tucumán que ha hecho con su aporte humano y material, fundamentales contribuciones en el transcurso de nuestra historia al nacimiento, crecimiento y desarrollo del territorio patrio, que la han jerarquizado entre sus pares. En tal sentido podemos citar: la batalla decisiva librada en defensa de gran parte de nuestro actual territorio nacional, su condición de sede del nacimiento de la patria como nación independiente, ser el lugar de nacimiento y desarrollo de la primera industria pesada del país, el lugar en que nacieron dos de los presidentes más progresistas que tuvimos, la creación local de tres universidades, etcétera. Hoy nos interesa destacar el hecho de que fue la cuna del nacimiento de quien para muchos compatriotas -entre los que me incluyo-, fue el pensador político más esclarecido que tuvimos, el doctor Juan Bautista Alberdi, a quien su más destacado biógrafo, Jorge Mayer calificó como “el personaje de mayor gravitación intelectual en la formación de las instituciones argentinas”. Actualmente, sus restos mortales están depositados -no podemos afirmar que descansan-, en uno de los pasillos de la Casa de Gobierno. Desde esa cercanía, debiera ser fuente de inspiración para todos los tucumanos y también para todos los argentinos, en modo muy especial para los gobernantes, quienes debieran aplicar la vigencia irrestricta de las instituciones fundamentales, que con su mente, su pensamiento y su lucha inclaudicable contribuyó a crear. Lamentablemente, con mucha tristeza e inocultable vergüenza, hoy el país y el mundo observan asombrados el espectáculo de cómo esas instituciones son ignoradas, violadas y hasta pisoteadas en nuestro suelo, por quienes desnaturalizando el real y sublime sentido de la actividad política, procuran satisfacer sus ansias de poder y de dominio, con el propósito prioritario de obtener beneficios personales, olvidando o ignorando que su mayor compromiso es lograr el consenso y la convivencia pacífica entre sus conciudadanos, el crecimiento y desarrollo de la patria común y tratar de resolver los problemas y necesidades de todos sus mandantes, con especial atención a los menos favorecidos. Los hechos son demasiado elocuentes, es urgente recuperar las ideas y los pensamientos alberdianos y ponerlos en vigencia. Vale la pena luchar por ello.
Adolfo Valeriano Poliche
trancas_10@hotmail.com
SIN AGUA
En el Barrio Los Apóstoles, hace cinco días que estamos sin agua. Personal de la SAT nos informó que se debe a que se quemó la bomba y que no saben cuándo podrán solucionar el problema ya que no consiguen el repuesto. Esto nos ocasiona muchísimas dificultades sanitarias, económicas, ya que debemos comprar agua envasada para el consumo, trasladarnos a casas de familiares lejanos para la higiene personal, para el lavado la ropa, y más en esta época de calor que estamos pasando. En nuestro barrio se desperdicia muchísima agua (cuando tenemos) ya que a los meses que se entrego el barrio (hace casi 10 años) ya comenzaron con pérdidas en distintos puntos, debido a la mala calidad de los caños de agua y que todas las semanas se rompen por doquier. Lo más lamentable es la ausencia del Estado provincial (socio mayoritario de la SAT) y municipal que no mandaron un camión con agua potable para que podamos llenar los tanques, o al menos nos provean agua para colocar en baldes o botellas.
Sergio Serrano
pencka_sas@hotmail.comm
OLIGARQUÍA
El diccionario de la Real Academia Española define oligarquía como: “1) Gobierno de pocos. 2) Forma de gobierno en la cual el poder supremo es ejercido por un reducido grupo de personas que pertenecen a una misma clase social. 3) Conjunto de algunos poderosos negociantes que se aúnan para que todos los negocios dependan de su arbitrio…” Dicho esto, me permito transcribir textualmente, las frases de unas declaraciones (muy tristes para mí) del diputado Kunkel: “Si es necesario intervendremos el Poder Judicial en la provincia, mire qué fácil...”, “hay personas que tienen un profundo desprecio por la voluntad popular”, “como las Fuerzas Armadas ya no están más dispuestas a ser el brazo armado de la oligarquía, algunos sectores no quieren que se respete la voluntad popular”, “ los jueces, dos funcionarios del Poder Judicial se han ‘autoatribuido’ una función que no les corresponde...” Por lo expuesto me pregunto cuál de las tres definiciones determinaría al actual gobierno. Porque discurro que el diputado Kunkel, flor y nata de este, no tiene muy en claro el significado de la palabra oligarquía. Porque según parece, en su afán, está pagando con el término oligarquía, un viaje al pasado de la dictadura militar con que tantos se desgañitaron, y exacerba aún más las actuales conductas, lejos de buscar y contribuir a una solución honrosa y democrática de la cuestión. Me pregunto si este señor es consciente de sus dichos, toda vez que son justamente, una acabada muestra del oligárquico concepto gubernamental que impera en sus ansias, en sus más amplias expresiones dictatoriales a las que tanto critica y a la vez, con las que con total desparpajo nos amenaza. Así de fácil.
Carlos Ernesto Arana
ernestoprimo@hotmail.com
DE NO CREERSE
Se cumplen 60 años de los dramáticos acontecimientos de 1955. Inevitablemente, me surgen juveniles recuerdos que me hacen decir: de no creerse, “leitmotiv” en estas líneas. Yo vivía en Buenos Aires, y estaba en segundo año en la universidad. Gracias a un pariente, muy peronista, entré a trabajar -en horario nocturno- en un diario peronista como simple “pinche”. Breve, pero inolvidable y enriquecedora experiencia laboral, con buenos compañeros de trabajo. Contrariamente a lo que puede imaginarse, el gobierno de la Revolución Libertadora no lo cerró en septiembre de un día para otro. De no creerse. Un capitán de la marina -de itálico apellido- arribó de interventor en noviembre. Trató bien al personal, sin prepotencias. De no creerse. Al diario lo cerraron recién en diciembre. Como al mes nos citaron y nos pagaron la indemnización de ley. De no creerse. Otra curiosidad de esos años. El gobierno de facto crea, en 1957, el Fondo Nacional de las Artes, institución que aún sigue vigente. De no creerse. Ese fondo premia ese año a un miembro del grupo Contorno, fundado por Ernesto Laclau y Eliseo Verón. Dicho sea de paso, en 1955 Laclau formó parte de la intensa lucha estudiantil en contra de Perón. Lo vi, iba a la misma facultad que yo y tenía mi edad. O sea: fue “gorila” quien décadas después haría una excelente carrera académica en Inglaterra y defendería el populismo en libros traducidos a varios idiomas. De no creerse. También estaba en eso Félix Luna, estudiante de derecho en esos años, quien en un artículo, recordando sus juveniles ideales, diría que en su lucha corrían “riesgos personales” (“Estudiantes en tiempo de Perón”, La Nación, 14/10/01). Otra curiosidad. El gobierno de facto crea, en febrero de 1958, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), institución que también sigue vigente. De no creerse. Decidieron que la investigación científica debía ser una cuestión de Estado. El actual gobierno, hay que reconocerlo, apuntaló a esta institución. Nadie puede negar que el apoyo a la investigación científica y técnica es uno de los factores que hacen al desarrollo de un país y a su ubicación en el mundo. Roguemos para que, cualquiera sea el color político del nuevo presidente, se continúe en esa línea. Otra curiosidad. Cuando en mayo nos visitó el doctor Adrián Paenza, en una nota del diario dijo que ojalá el nuevo gobierno mantenga al doctor Lino Barañao, del Ministerio de Ciencia (24/5). Y bien. En una entrevista que le hizo La Nación, días después, dicho ministro manifestó que “no descarta ser parte de un eventual gabinete nacional del PRO” (Nota aparecida en dicho diario el 1/6). De no creerse. Para terminar. En LA GACETA Literaria del 14/10/12, salió un adelanto del libro “Mitomanías argentinas”, del antropólogo Alejandro Grimson, que me indujo a adquirirlo. En el prólogo se lee: “Somos fanáticos del ‘todo mal’. Ese fanatismo... nos impide analizar con mayor objetividad los aspectos positivos o negativos de diferentes gobiernos nacionales, provinciales, municipales. Y nos impide, por eso, entender a las personas que votan a esos gobiernos”. Así “es imposible construir un país”. Dice Grimson que “tenemos que aprender a pensar con matices”. Siguiendo con su pensamiento: los malos gobiernos pueden hacer algo bueno y los buenos gobiernos pueden hacer algo malo. No todo es blanco y negro, hay grises. Ya hubo en esta sección, en mayo y junio, interesantes cartas sobre la conveniencia de dejar de lado los fanatismos. Si lo logramos algún día voy a ser el primero en decir: de no creerse.
José E. Santillán
Lizondo Borda 1.137
San Miguel de Tucumán