Al terminar la temporada 2015 de la F-1, Nico Rosberg había asegurado que los triunfos consecutivos logrados en las últimas fechas del torneo en México, Brasil y Abu Dhabi serían la motivación perfecta para arrancar el 2016 con todo. Y vaya si tenía razón. Es que en el GP de Australia, apertura del 67º torneo de la “máxima”, el alemán logró el premio mayor y se anotó su 15º éxito en la categoría, además de liderar el doblete de Mercedes que completó el campeón inglés Lewis Hamilton.

Aunque un resultado así no es novedad en la actual F-1, ya que las “Flechas de Plata” han sido invencibles en los dos últimos ejercicios, esta vez la competencia tuvo algunos condimentos que la tornaron emocionante. Principalmente por lo realizado por Ferrari, que tomó el liderazgo en las primeras vueltas con el alemán Sebastian Vettel y el finlandés Kimi Räikkönen gracias a una impecable largada que les permitió superar a los autos alemanes.

Sin embargo, lo que pintaba como una fiesta para la Rossa se transformó en un simple podio por la bandera roja causada por el espectacular accidente del español Fernando Alonso de McLaren (ver aparte). Vettel, que hasta ahí venía compitiendo con los neumáticos súper blandos, perdió la diferencia que tenía con Rosberg (Räikkönen abandonó poco después por un problema en el motor) y tuvo que resignarse a ver cómo su compatriota se quedaba con la vanguardia que tanto le había costado mantener. Una vez adelante, Nico aprovechó el buen rendimiento de su auto para afianzarse en la primera posición y alejarse de Hamilton, quien en ningún momento estuvo para pelear por el triunfo.