ESTA VEZ NO GRAVITARON. Aníbal Moreno, que se fue lesionado, se lleva la pelota ante la mirada de Juan Fernando Quintero.
River Plate volvió a mostrar una imagen preocupante: un equipo sin reacción, sin claridad y, esta vez, también sin respuestas anímicas. La derrota 1 a 0 ante Argentinos Juniors profundizó la crisis futbolística del conjunto de Núñez, que apenas cinco días antes había sido goleado por Tigre en el Monumental.
El golpe en la quinta fecha de la Zona B del Torneo Apertura dejó más dudas que certezas. El “Millonario” jugó mal, generó muy poco y terminó pagando caro sus errores defensivos ante un rival ordenado, práctico y convencido de su plan. El único gol del partido lo marcó Hernán López Muñoz, el futbolista que mejor interpretó el trámite y que castigó una falla clave en el fondo visitante.
El arranque ofreció un espejismo para el “Millonario”. A los siete minutos, Gonzalo Montiel quedó mano a mano con Brayan Cortés tras una buena proyección. El lateral definió cruzado, pero la pelota se fue al lado del palo. “Cachete” reclamó penal por una presunta falta de Emiliano Viveros, aunque el árbitro Andrés Merlos dejó seguir. Fue, en definitiva, una de las pocas situaciones claras que tuvo River en toda la noche.
Con el correr de los minutos, Argentinos comenzó a imponer su ritmo. A los 30’, Santiago Beltrán sostuvo el cero con una doble intervención decisiva: primero le contuvo un cabezazo a Tomás Molina y, segundos después, rechazó un potente disparo de López Muñoz desde afuera del área. El arquero respondió, pero la fragilidad estructural del equipo de Núñez ya era evidente.
El quiebre llegó a los 34 minutos. Lucas Martínez Quarta perdió la pelota en salida con el equipo mal parado y la transición ofensiva del “Bicho” fue letal. López Muñoz recibió dentro del área y definió con un zurdazo cruzado que dejó sin chances a Beltrán. El 1 a 0 no solo reflejaba el desarrollo, sino que castigaba la reiteración de errores que River viene mostrando en este arranque de temporada.
Hubo una reacción tibia antes del descanso. A los 37’, Ruberto tuvo el empate tras esquivar a Cortés, pero quedó incómodo para rematar y la pelota se fue por línea de fondo. Fue la última ilusión antes de un cierre caliente: sobre el final del primer tiempo, Merlos expulsó a Marcelo Gallardo por considerar que lo aplaudió irónicamente. Las protestas del entrenador no cambiaron la decisión y River perdió también a su conductor desde el banco.
En el complemento, el visitante intentó adelantarse unos metros. Durante los primeros instantes empujó más por obligación que por juego. A los cuatro minutos, Giuliano Galoppo casi capitaliza un error de Cortés, que falló en un rechazo y quedó en el suelo, pero el mediocampista no acertó al arco desde media distancia. Fue apenas un chispazo.
Con el paso del tiempo, el impulso inicial se diluyó. El “Bicho” cerró los caminos, achicó espacios y forzó a River a repetir centros sin destino y pases previsibles. La falta de profundidad y la escasa generación de situaciones volvieron a exponer un déficit preocupante.
Grave lesión
El panorama empeoró a los 32 minutos. Juan Carlos Portillo, que había ingresado dos minutos antes por Aníbal Moreno, sufrió lo que aparenta ser una grave lesión de rodilla. Como River ya había realizado todas las variantes, el equipo quedó con 10 jugadores para el tramo final. La impotencia fue total: sin ideas, sin recambio y sin margen de maniobra.
El pitazo final confirmó el segundo golpe en menos de una semana. Dos derrotas consecutivas, cinco goles recibidos en cinco días y una sensación de vulnerabilidad que se extiende más allá de los resultados. River no solo perdió en La Paternal: volvió a dejar una imagen deslucida, sin identidad clara y con errores que se repiten partido tras partido.
El torneo recién comienza, pero las alarmas ya están encendidas. El “Millonario” necesita reencontrarse con su juego, recuperar confianza y, sobre todo, corregir fallas que hoy lo condenan. El desafío, ahora, será demostrar que todavía tiene respuestas para salir adelante.






















