Carlos Werner - LG Deportiva

Están dando que hablar en la Clase 2 del Turismo Nacional, en base a resultados y buenas actuaciones. Pero ni Juan ni Pablo Ortega se dejan llevar por esta circunstancia tan especial que viven. Por estas horas, los hermanos se alistan para acelerar de nuevo en La Plata, con la intención de mantener protagonismo, léase ir por los puestos de punta. Detrás de los dos hay historias, opiniones y un anhelante futuro.

“Pabloso” es menor en edad y el que paradójicamente tiene la mayor experiencia en carreras. Hoy se ubica 3° en el certamen (maneja un Fiat Palio), a 33 puntos del líder Alfonso Domenech. Y aún quedan ocho carreras por delante. “Lo que me está pasando me llena de entusiasmo, me permite apostar al futuro y pensar que hay que seguir mejorando lo que hago”, dice. ¿Qué opina Juan de su hermano? “Pablo es muy buen piloto y está haciendo un campeonato inteligente. Tiene buenos puntos y no suma tantos kilos de lastre. Eso, a la larga, es probable que lo ayude. Igual, eso es fácil decirlo con el diario del lunes, hay que concretarlo en el momento.”

“Juanoso” está octavo en el certamen con 63 unidades, en su primera temporada en la C-2 (corre con un Renault Clio). Se excusa de hablar de sí mismo: “No puedo hacerlo. Sé que trabajo mucho para ser el mejor y eso muchas veces se nota, y otras no”. Su hermano amplía el concepto: “Juan me tiene muy sorprendido. Lo que él está logrando es lo que quiere todo piloto, pero muy pocos lo pueden lograr. Es un orgullo que lo pueda hacer y en la familia lo estamos apoyando mucho. Y ojalá que pueda seguir creciendo. Como digo siempre que no hay que ser ambicioso: esto da felicidad, pero no lo es todo. En este caso, hay que aconsejarlo para que no se meta en una burbuja y piense que va a ser siempre igual. Los errores están siempre a la vuelta de la esquina, las frustraciones también.”

Pablo asume tener un carácter un poco más frontal. Juan se autodefine como más reservado. Cada uno, sin embargo, muestra agallas en las pistas. Y un aprendizaje constante. “Todos los pilotos copiamos mucho el trabajo de otro, sobre todo cuando se está comenzando. Usamos mucho el GPS comparando datos. Obviamente se sigue a los que andan bien para poder crecer. En mi caso, me falta aprender: yo tenía un auto para ganar en La Plata y en San Jorge. Si lo hubiera llevado un piloto con experiencia, eso hubiera sido posible”, asegura Juan.

¿Cómo se llevan estos “gigantes” de más de 1,90 metro? Más que bien, según cuentan. “Cuando le hablo, Juan escucha. O él viene y pregunta. Tenemos una gran relación, somos muy unidos. Cuando éramos chicos sí nos matábamos a piñas, pero hoy no hay nunca una discusión. Y si alguno está de mal humor, la táctica es darse la vuelta e irse. Cuando vamos a las carreras, asumimos todo con tranquilidad. Incluso pasó en una clasificación, en la que él me tapó una vuelta y yo perdí. Quedó ahí, no daba para más. Entre hermanos no podemos hacer un programa como el de Jorge Rial”, asegura Pablo. Y allí nomás cuenta una anécdota que muestra que años atrás la situación no era “tan” tranquila. “Debo haber tenido 10 años y yo era torpe y grandote. Él era flaco. Yo era súper caprichoso, mal llevado, todo me molestaba. Un día me dijo algo y me hizo enojar. Pensé: ‘este va a cobrar’. Pero el que cobré fui yo. Hasta hoy me acuerdo y me río.” Sobre el tema, Juan aporta un detalle más: “Con Pablo siempre viajamos juntos y nos encontramos en los autódromos, aunque no corremos en el mismo equipo. Pienso que mi debut en la categoría no hubiera sido igual si no lo tuviera a mi lado.”

- ¿Qué se puede esperar de Juan Ortega para lo que resta de la temporada?

- Buenos resultados, un trabajo lógico. Ojalá lo mío ya no sea una sorpresa, sino una saludable realidad. Al principio primaba aquello de ‘ayúdenlo, que está empezando’. Hoy, con los resultados puestos, la situación se puso un poco más ásperas, y está bien. Me ven con otra cara y eso está bueno. Ya no soy sólo el hermano de Pablo, lo que voy haciendo lo hago por mérito propio.

- Pablo, ¿cómo vive la familia Ortega lo que hacen ustedes en las pistas?

- En la familia, las carreras se convirtieron en un ritual. Está muy incorporado y forma parte de nuestras vidas. Incluso en la empresa, todo empleado o persona que entra a comprar un tornillo o un camión pregunta, se interesa, se entusiasma con lo que estamos haciendo. Todo esto es parte de nuestro ritmo de vida. Mi hermano Bernardo, que también corre, siempre está al tanto de nosotros; papá acompaña en todo momento, es el principal apoyo. Y mamá está atenta. Eso sí, pasó de decir ‘vayan despacio’ a ‘corran con cuidado’.