La tarde del miércoles, Mirta Robles cumplía con su rutina diaria. Es artista plástica y tiene un taller ubicado en la parte de adelante de su casa, ubicada en Pellegrini al 700. Poco después de las 18.30, estaba charlando con su hija y su pequeño nieto, preparándose para comenzar a grabar un video con el que pretendía brindar una clase virtual.

Las ráfagas de viento, la tormenta y la caída de granizo, hicieron que su hija y su nieto decidieran retirarse del lugar. Según relató, el ruido por las piedras era ensordecedor. Pero en ese instante, cuando intentaba comenzar a preparar su clase percibió que el mundo le caía encima. “Es inexplicable lo que sentí, creo que hay que estar y vivirlo. Me tembló toda la casa, el cuerpo, todo. No sabía qué estaba sucediendo”, explica en diálogo con LG Deportiva.

El shock duró un instante. Ahí fue cuando vio que el cielorraso estaba caído y que a través de él podía ver que la chapa estaba rota. “Salí a la calle y todos me gritaban. Ahí comprobé que una torre de iluminación había caído sobre el techo”, afirma.

El impacto fue muy traumático para Mirta, que hoy sólo piensa en retomar su rutina. “Fue un momento de perturbación y todavía cuesta levantarse. Hasta que sacaron la columna de encima temía que el techo siguiera cediendo. Además, todo esto nos trajo muchos trastornos. Volvimos a la prehistoria por cómo vivimos. Nos quedamos sin luz y en esta zona el agua es todo un problema por lo que tenemos que usar bombas para llenar los tanques. Hasta debimos calentar agua para bañarnos, estuvimos con velas de noche; fue difícil”, enumera los inconvenientes que debió sortear. Sin embargo, la mujer que vive enfrente de La Ciudadela sólo tiene palabras de agradecimiento para todos. “Agradezco las muestras de solidaridad que me brindaron. Hubo quienes pensaron que había perdido mi casa y hasta me ofrecieron lugar para vivir. Sin restarle importancia, ese es mi lugar de trabajo; mi casa está unos 10 metros atrás. Además, hasta acá desde San Martín se portaron 10 puntos. El primero en llegar fue Daniel Galina, que se preocupó por cómo estábamos, nos dio su número de teléfono y se comprometió a brindarnos una solución. Después llegaron más representantes del club y hasta ahora cumplieron con todo”.

Si bien tiene 57 años y vive allí desde que nació, no es futbolera. “Vi crecer este estadio; cuando pusieron los primeros reflectores, cuando ampliaron las tribunas. Viví todos los momentos. No soy apasionada, pero al club lo tengo en el corazón porque mi padre era hincha. Nací acá, lo vi crecer y lloré cuando le fue mal; pero una cosa es el hincha y otra, muy distinta, el vecino. Nosotros padecemos muchas cosas cuando hay partidos”, asegura.

La caída de las torres sobre el frente de su vivienda fue impactante. “Agradezco a Dios que la puedo contar. Por suerte un rato antes habían salido mi hija y mi nietito porque quizás a ellos les pasaba algo”, dice, dejando en claro que nunca pensó sacar ventajas a partir de esta situación. “Soy una persona grande y creo en el valor de la palabra. No necesito papeles firmados, ni nada por el estilo. Si a mí me dicen algo, confío en que será así. Además, todos los que vinieron en nombre de la institución se portaron muy bien. Mañana van a comenzar a trabajar para dejar todo como estaba. Dios quiera, porque yo sólo quiero volver a la normalidad, a dar clases y a poder trabajar”, concluye Mirta, que vivió una pesadilla pero que, sin embargo, no guarda rencor.