Los amistosos de pretemporada son el primer parámetro de un equipo que se pone a punto. La típica pregunta resurge: ¿Dónde está parado? El cuerpo técnico hace foco exclusivamente en el funcionamiento. Es que los resultados van a parar a un agujero negro intrascendente y del que nadie está pendiente (o al menos nadie debería). Pero al ser los únicos resultados en mucho tiempo, se hacen un lugar en el análisis de los hinchas. Atlético no es ni será la excepción de esta rutina semestral que sólo conoce de extremos: primero en el clima (las pretemporadas son en enero y junio) y segundo en la valoración de los resultados.

Ayer volvió a ser una jornada pobre en resultados para el equipo de Omar De Felippe. Fue la tercera tanda de amistosos en lo que va de la pretemporada (la segunda en Buenos Aires) y en la visita a Platense, los titulares y suplentes cosecharon un 1-1 y un 0-2. Si contamos todos los partidos (viene de perder los dos ante Boca y ganar y empatar ante Central Córdoba de Santiago), el equipo acumula tres derrotas, dos empates y apenas un triunfo.

¿Es para preocuparse? No. O, mejor dicho, los resultados en sí no deberían preocupar. Ni, caso contrario, generar por sí solos la confianza de que todo está bien. En el verano pasado, el plantel dirigido por De Felippe viajó a Buenos Aires para hacer lo mismo que hace ahora: jugar amistosos. Le ganó a todo lo que se le puso el frente: San Lorenzo, Estudiantes y Boca (con suplentes y juveniles). El comienzo del equipo en la Copa de la Liga Profesional (torneo para el cual se estaba preparando) fue bastante malo: ganó uno de los primeros siete partidos, incluidas tres derrotas. ¿Conclusión? Triunfos en los amistosos no garantizan éxito en los partidos oficiales.

Quizás el único ejemplo perfecto de coherencia entre una etapa y otra fue el Atlético de Héctor Rivoira en el verano de 2009. Viajó a Mar del Plata a jugar amistosos mientras preparaba la segunda mitad de la temporada de la B Nacional. Ganó sus tres partidos ante equipos de Primera (categoría superior) y terminó ascendiendo meses después. Casi que podríamos hablar de una excepción.

“Los amistosos sirven para agarrar ritmo”, admitió tras el 1-1 ante el “Calamar” Lucas Naranjo, el volante surgido de inferiores, la nueva apuesta del cuerpo técnico. Tiene razón. Los últimos cuatro amistosos fueron a puertas cerradas y sin TV, por lo que sólo el DT y sus dirigidos saben cómo lo hicieron. “Jugamos mal”, admitió Cristian Erbes tras el 0-3 ante Boca en Ezeiza. En todo caso eso es lo que debería preocupar. Ayer en los titulares se vio una clara mejoría y el empate de Platense llegó sobre el final del partido. En todo caso, eso es lo que debería tranquilizar.

Restan dos tandas de amistosos: el miércoles ante Aldosivi y el próximo sábado frente a Estudiantes. Lo importante será mejorar el nivel de juego. Los resultados serán lo de menos.