En la edición del viernes 2, un interesante artículo menciona el total desconocimiento que muchísimos ciudadanos tienen sobre el potencial agresivo de sus perros, y consecuentemente la ausencia de la educación que deben dar a sus animales desde pequeñitos. Esto me lleva a reflexionar sobre la inacción de autoridades y funcionarios responsables, en cuanto al incumplimiento o cumplimiento parcial de la normativa que exige a los propietarios de esos nobles animalitos llevarlos por la vía pública con correa y bozal. Lo del bozal (si es que aún existe la Ordenanza), absolutamente nadie lo cumple, y la correa, que muchas veces es extensible hasta dos o tres metros, queda neutralizada, porque al alejarse esa distancia de sus dueños, sin llevar bozal, pueden atacar a cualquier persona, adulto o niño que pase por su lado. Mención aparte para la desaprensión de sus dueños o cuidadores, en lo que respecta a las necesidades fisiológicas de los animalitos, que jamás nadie recoge como debería, si deseamos vivir y transitar por una ciudad limpia y bien cuidada. En tal sentido, el ciudadano de a pie se pregunta por qué no se capacita debidamente a los agentes de policía e inspectores municipales para que, en vez de estar durante horas concentrados en sus celulares, cuenten con atribuciones para llamar la atención y para imponer multas ejemplificadoras a los transgresores en todas las calles de la ciudad. Sobre todo en las plazas públicas, en las que los niños ya no pueden jugar, porque son baños públicos de perros, a los que se les suelta la correa mientras sus dueños socializan y charlan distraídamente entre ellos, como sucede, por ejemplo en plaza Urquiza, en la que ya no existe el césped y está llena de excrementos de esos animalitos, que retozan libremente por toda la plaza. Asimismo, si hace falta dictar o modificar alguna normativa, agregando la obligatoriedad del bozal y de recoger dichos excrementos, hacerlo con la misma rapidez y ejecutividad con la que se dictan los DNU según la conveniencia política de algunos sectores. Muchas gracias.
Ana Mercedes Raffo
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