Desde que cumplí con el servicio militar obligatorio en la ciudad de Formosa fue mi deseo conocer algún día primero toda mi patria y después el mundo. La suerte y el destino decidieron que se cumplan mis anhelos de manera que en distintas épocas viajé primero por toda la República Argentina y posteriormente, en distintas épocas, por diversas naciones de los continentes de América, Europa, Asia y África, destacando que fue en uno de estos viajes que me permitió vivir emocionantes momentos caros al sentir argentino. Resulta que después de haber pasado por Grecia y Turquía, acompañado por un grupo de viajeros compuesto por un matrimonio brasileño, otro chileno y nueve argentinos de distintos lugares del país (yo, único del noroeste). Llegamos a la ciudad de El Cairo, Egipto, el 4 de julio de 1993. Una vez que recorrimos el país salimos en horas de la madrugada del día 9 de julio rumbo a Israel, donde debíamos visitar los lugares sagrados, entre otros sitios, lo que posteriormente se concretó. Continuando el itinerario trazado, luego de recorrer cientos de kilómetros llegamos al Canal de Suez. Desde allí nos internamos en el desierto del Sinaí, más conocido por la triste guerra de los seis días. Serían las 11 de la mañana de aquel recordado 9 de julio y encontrándonos a más o menos 18.000 km de nuestro país, una de las mujeres del viaje le pidió al chofer del minibús que por favor se detuviera unos minutos al costado de la angosta ruta pavimentada. El chofer muy gentilmente accede al pedido y descendemos del vehículo, y aquella mujer dirigiéndose a nosotros nos manifestó, entre otras palabras: “en Argentina, especialmente en la ciudad de San Miguel de Tucumán, un día como hoy se celebra un nuevo aniversario de la declaración de la Independencia de los reyes de España y su metrópoli, y se declaró nación libre e independiente“. Inmediatamente nos invitó a cantar el Himno Nacional argentino, lo que hicimos con todo fervor, mientras que los matrimonios extranjeros nos acompañaban con todo respeto. En tan emocionante y sencilla recordación y mientras nos saludábamos no dejaron de correr algunas lágrimas por nuestras mejillas. Luego continuamos viaje hacia Israel, mientras el silencio me preguntaba cuántas veces habremos cantado en nuestra existencia el Himno. Imposible hacer la cuenta porque sin duda, la canción patria fue una de las primeras melodías que aprendimos desde niños a fuerza de repetirla en la escuela primaria. Ahora se presenta de nuevo la oportunidad para repetirla en este nuevo aniversario de la Independencia.
Guillermo Corbalán Costilla Marcos Paz 640 San Miguel de Tucumán