Dijo Jesús: “Mi padre ahora trabaja, y yo trabajo”. Jn 5.17. Uno de las tantos pasajes bíblicos que hablan de cómo Cristo ya mencionaba la cultura del trabajo, del esfuerzo y sus frutos. Karl Marx definió al trabajo como dignificador del hombre; San Jerónimo dijo: “trabaja en algo para que el diablo siempre te encuentre ocupado”; entre otros santos y oradores. El Salario Básico Universal que impulsa en Sr. Grabois en tono amenazante no solo destroza el trabajo y fomenta la vagancia de un país en el que mucha gente se acostumbró a recibir estas ayudas sociales sin hacer absolutamente nada y ni siquiera saber lo que significa ganarse el sustento para tener un pedazo de pan en la comida, como también lo relató el Señor en el Génesis. Es un gran problema que trae desde hace muchísimos años Argentina, un mal concepto; salir a buscar trabajo a las 7 de la mañana no es ninguna pérdida de tiempo; al contrario, hace sentir a una persona orgullosa de buscar; tendrá suerte, no tendrá suerte, pero al menos sale de su zona de confort. Días atrás una piquetera decía que no le alcanzaba para comer los planes que tenían que darle. ¿Por qué el Estado debe darle? ¿Esa Sra. no tiene cómo buscar trabajo? ¿Cómo se levanta un país que tiene esa idea de que el Estado debe mantenerlos? ¿Ellos saben que ese dinero que el Estado les da proviene de impuestos que deben pagar los contribuyentes para poder sostener esto y que ya no da más? Han destruido con estas políticas y clientelismo el significado del trabajo. Las ayudas sociales pueden ser útiles si el Estado tuviera pautas para que esa gente responda de otra manera, implementando algún negocio, invirtiendo en algo ese dinero, y debería estar pagando el monotributo aunque sea el mínimo, como cualquier ciudadano argentino que paga sus impuestos. En pocas palabras, el SBU no sirve; implementar eso es condenar directamente a una porción de la sociedad a la pereza y al vicio, tal como dice el refrán.

Fernando Saade


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