En Tucumán no solo los templos religiosos y los edificios históricos están desapareciendo; también está en vías de extinción el patrimonio natural y ambiental. Este comprende las bellezas y paisajes naturales conformados por ríos, arroyos, montañas, valles, formaciones vegetales y áreas con climas y especies silvestres vegetales o animales que necesitan protección para su conservación y desarrollo. Nuestra provincia tiene una superficie de 22.524 km2 y pese a la pequeñez de su territorio, posee recursos hídricos, suelos, bosques, llanuras, flora, fauna, etc., que forman parte de un gran ecosistema. Las principales actividades que contaminan el agua, el suelo, el aire y los paisajes provienen en su mayoría de las industrias sucroalcoholera, citrícola, papelera y frigorífica. Aportan también lo suyo los residuos sólidos urbanos, la utilización de agroquímicos en los cultivos, los derrames cloacales y la generación de sedimentos en la media y alta cuenca. El avance de las fronteras agrícolas e inmobiliarias ponen lo suyo. Tenemos leyes, decretos, ordenanzas, normas e Instituciones de control y de gestión ambiental en todos los niveles del estado (provincial, municipal y comunal), pero no hay coordinación y falta idoneidad, eficacia y eficiencia en el uso de los recursos de que disponen. La Secretaria de Estado de Medio Ambiente (SEMA), que depende del Ministerio de Desarrollo Productivo (MDP), fue creada por Decreto Acuerdo N° 60/9 (MDP) y tiene asignada una misión y funciones en defensa, protección y promoción del medio ambiente El organigrama de la SEMA, está compuesto por: Subsecretaria de Protección Ambiental, (Dirección de Medio Ambiente y de Minería), Subsecretaria de Recursos Hídricos (Dirección de Recursos Hídricos), Dirección de Ordenamiento Territorial y Dirección de Fiscalización Ambiental. Sostener estas estructuras, nos cuesta a los contribuyentes, sin que se observen resultados positivos y satisfactorios. Todo lo contrario, el pasivo ambiental es cada vez mayor. Es una burla que la SEMA dependa del MDP, ya que hay asimetría de poder, colisión de intereses y apatía en el desarrollo sustentable (es como poner al zorro a cuidar las gallinas). Si nada cambia, nuestro patrimonio ambiental desaparecerá y será solo un recuerdo añorado.

Juan Francisco Segura


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