Otra vez leo que una nueva ley, como el Código Procesal de Familia, “traerá una justicia más ágil y más rápido”. Abro el proyecto y leo cómo se organiza el proceso de alimentos, que es uno de los casos más urgentes en el fuero. Me fijo en el plazo que tiene el juez para dictar sentencia. Leo, no lo creo, vuelvo a leer y me convenzo, es real: los jueces que tenían para dictar sentencia cinco días en estos casos pasan a tener 10. Sí, el doble. ¿Cómo algo se va a hacer más rápido si le damos el doble de tiempo para hacerlo a quien está encargado de llevarlo a cabo? Pienso que quien hizo esto no conoció la primera Ley de Parkinson: “El trabajo se expande hasta llenar el tiempo de que se dispone para su realización”. Igual, espero equivocarme y que sea un éxito, pues como asiduo litigante, siempre aspiro a que los plazos se reduzcan.

Agustín Eugenio Acuña


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