¿Quién va a salvar a los viejos pueblos del sur?, preguntaba el periodista Roberto Delgado en el panorama tucumano del 11/09. El caso Santa Ana en la década del 80 del siglo pasado los proyectos EMER y Emeta remodelaron y construyeron todos los establecimientos educativos de la zona con módulos didácticos, productivos y campos deportivos. El hospital era atendido y administrado por monjitas; la iglesia estaba a cargo del padre Rafael Reinoso, un gran arriero de ansiedades de la feligresía que se fue dejando parte de su corazón. Los duendes de lo ajeno no se quedaron atrás, desmantelaron la estructura del ex ingenio azucarero y otros talaron sus bosques. Santa Ana fue el primer pueblo que tuvo su terminal de ómnibus. El tiempo trasladó llevándose lo bueno volviendo las incertidumbres invadida por la lumpempolitica infectada de desidia. El pueblo, para revivir su mundo socioeconómico, deberá darle oportunidad al bello intelecto y a la fuerza de la juventud para que su solidaridad siembre esperanza, respetando la libertad de pensamiento y escuchando los sanos consejos de los ancianos. Amigos, si miramos desde el dique “El Saltón” hacia el este, al bello paisaje de Santa Ana seguro que le daremos gracias a la vida por esa bendita naturaleza que Dios nos regaló.
Pedro Castaño
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