El editorial del domingo 25 de septiembre nos recuerda el hecho histórico de enorme importancia para nuestra independencia: la batalla de Tucumán. Concordante con el título de esta carta quiero hacer mención a la decisión de Manuel Belgrano de desoír al gobierno central de retroceder con el ejército del Norte hasta Córdoba y contraatacar a las fuerzas realistas al mando de Pío Tristán. Un instante decisivo para nuestra independencia que no se pone en valor hasta el día de hoy en la magnitud que requiere en el ámbito de muchas instituciones, principalmente en la primera etapa de la formación intelectual de los niños. También el significativo aporte de Bernabé Aráoz, tanto en recursos humanos como en motivación. Es la batalla más importante comandada por un general del ejército argentino en el territorio nacional, a la que sumarían meses después la batalla de Salta del 20 de febrero de 1813, que significó la retirada definitiva de las tropas de Pío Tristán. De no haber tenido tan iluminada decisión, las fuerzas realistas habrían tomado el control de todo el Norte del país y quién sabe si nuestro Norte no estaría hasta el día de hoy bajo otra bandera. Es entonces aquella gesta militar, y no cuestiones metafísicas, el verdadero centro y relevancia de cada 24 de septiembre de cada año, manifiesto desvío que no debería ser. No resaltarlo en ese contexto incide también en el valor de la identidad y el ser nacional, cada día más olvidado, poco menos que hasta La hipoteca. Mención especial para el último párrafo del editorial, aunque lo utópico cobre presencia como una durísima e indisimulable realidad.

José Larguía 

Santa Fe 745 - S.M. de Tucumán