Milei, frente a la necesidad de alcanzar consensos

Sin gobernadores ni quórum propio en el Congreso, el nuevo Presidente deberá gestar alianzas para garantizar la gobernabilidad.

¿Cómo podrá llevar a buen puerto las reformas estructurales que propone Javier Milei para sacar adelante a la Argentina? ¿Quiénes serán sus aliados en estas circunstancias? ¿Hasta dónde aguantará la sociedad el ajuste que se vislumbra o será un retorno de lo que aconteció durante la gestión de Mauricio Macri? Las preguntas surgen a partir de la composición del nuevo mapa político de la Argentina, en el que el presidente electo ocupa la centralidad en medio de una fragmentada representación parlamentaria y sin provincias afines directamente a La Libertad Avanza (LLA).

Milei, en este sentido, está tejiendo alianzas con los gobernadores a través de su ministro del Interior, Guillermo Francos. El libertario, además, intenta colocar en la Presidencia de la Cámara de Diputados a uno de los suyos: el riojano Martín Menem, sobrino del fallecido presidente Carlos Menem. En la pulseada, el ex candidato a gobernador de La Rioja corre con ventaja frente al diputado bonaerense del PRO, Cristian Ritondo -un hombre propuesto por Macri- y frente a otro bonaerense, Florencio Randazzo, cercano al gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti.

Con Menem, Milei quiere que un integrante de La Libertad Avanza ocupe el tercer puesto en la línea de sucesión presidencial.

Pero desde el próximo 10 de diciembre, la Argentina presentará una configuración atípica en la distribución del poder, en que La Libertad Avanza controlará el Poder Ejecutivo, Unión por la Patria exhibirá la primera minoría en el Congreso y Juntos por el Cambio gobernará la mayoría de las provincias. Precisamente, uno de los flancos más débiles que posee LLA es el escaso sustento territorial, ya que su partido no cuenta con ningún gobernador propio, plantean los analistas económicos del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral), Marcelo Capello y Vanessa Toselli. Así, de las 24 jurisdicciones (provincias y Ciudad Autónoma de Buenos Aires), después del 10 de diciembre ocho continuarán gobernadas por el actual oficialismo (Buenos Aires, Catamarca, Formosa, La Pampa, La Rioja, Santiago del Estero, Tierra del Fuego y Tucumán), cuatro de ellas por referentes de PRO y seis por gobernadores provenientes de la Unión Cívica Radical (UCR), mientras que las restantes jurisdicciones estarán conducidas por movimientos provinciales (de los cuales, cuatro de ellos habían declarado su apoyo al candidato Sergio Massa en la última contienda electoral).

Los economistas de la Fundación Mediterránea destacan, además, que la Libertad Avanza controlará el 100% del Poder Ejecutivo (aunque varios funcionarios podrían provenir de otras fuerzas políticas), Unión por la Patria tendrá el 47% de los legisladores en Diputados y 41% en Senadores, mientras que Juntos por el Cambio (JxC) gobernará en 10 provincias (42% del total). Los partidos provinciales, a su vez, controlarán un 8% de Diputados, 9% de Senadores y 25% de los gobiernos provinciales.

El futuro presidente sólo podría tener quórum en la cámara de Diputados, si a los votos propios logra sumar la totalidad de los votos de Juntos por el Cambio, pero en ese caso seguiría necesitando cinco votos para conseguir quórum en la cámara de Senadores. En el caso de contar con el voto favorable de las fuerzas provinciales, lograría -aunque con poco margen- quórum en ambos recintos legislativos

“Escenarios más realistas, en donde el presidente electo obtenga el 70% de apoyo de JxC, e igual proporción de las fuerzas provinciales, implicarían la necesidad de contar con 25 votos de otras fuerzas (básicamente del PJ) para lograr la mayoría en Diputados y en el Senado”, plantean Capello y Toselli. En caso de que la aceptación a sus medidas sea del 50%, tanto de JxC como de las fuerzas provinciales, requerirá 81 votos adicionales en la cámara Baja, y 21 en la Alta, que deberían venir del PJ.

“La herencia económica para Milei será en muchos aspectos similar a la que le tocó a Macri, en ambos casos sin quórum propio en Diputados ni Senadores, pero el primero no debe caer en el error del segundo que, por negociar para mejorar gobernabilidad con la oposición y organizaciones sociales, luego no logró bajar el déficit fiscal en sus dos primeros años de gobierno, y entró en crisis macro en el tercero y cuarto año”, destacan los economistas.

Cambio o continuidad

Con una sociedad expectante de la gestión Milei, la gran pregunta es si el país está por vivir un profundo cambio tanto en lo económico como en la estructuración de una nueva conformación política, o se trata de un revival profundizado de políticas que intentó y no pudo desarrollar Macri, señala el consultor político Hugo Haime. Esta pregunta, acota el sociólogo, cobra sentido en la medida en que el Presidente electo cambió sus promesas de campaña la noche misma de la victoria electoral. “Él habló de un ajuste y que eso lo pagaría la casta. Hasta que no conozcamos el discurso de asunción y el contenido de la Ley Ómnibus que presentará en el Congreso, no se sabrá si sólo esa casta pagará los costos”, puntualiza.

De todas maneras, Haime advierte que el mismo Milei anunció que la estanflación seguirá por un período de 18 a 24 meses. “Como ya estamos atravesando ese proceso, todo hace suponer que lo que quiere decir es que los días que se vienen serán más duros que los actuales”, remarca. Si esto fuera así, sin paravalancha social, golpeará al conjunto de las capas sociales, alerta. Para que ello no suceda se vislumbra que el Ministerio de Capital Humano tendrá la billetera abierta. “Deberemos felicitarlo si logra que el 40% de pobres no sean el pato de la boda. Pero es difícil que el parate económico no golpee a la clase media baja y a la tradicional, también votantes del libertario”, subraya. “Quizás Milei esté pensando en reproducir parte de lo sucedido en el Gobierno de Menem, en donde existió una alianza entre los sectores altos y bajos de la sociedad, mientras los medios se convertían en sus principales denostadores”, estima. O, tal vez, finaliza, “suponga que, como la sociedad votó el cambio, esté dispuesta a pagar todos los costos de lo que vendrá”.

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