Un experto en neurociencias explica cómo afectan las pantallas a los niños
Desde adentro hacia afuera. Desde lo personal a lo público. Desde la intimidad, lo familiar, a lo social. Como suele decirse, le puso el cuerpo. Algo a lo que nos tiene acostumbrados Pablo Garretón. Neurocirujano, médico del Hospital Italiano y de otros hospitales de Estados Unidos. También reconocido por grandes hazañas deportivas, entre ellas quizás las más renombradas la de haber sido capitán de Los Pumas en el Mundial de Inglaterra de 1991, o la de haber corrido de Tucumán a Buenos Aires en 35 días por una campaña solidaria: unos 36 kilómetros por día.
En charlas que se están dando en colegios, clubes y recientemente en un organismo oficial, el Tribunal de Cuentas, el médico aborda el tema de las adicciones en general, pero sobre todo a las pantallas en particular, un tema que viene estudiando desde hace unos años, a partir de la pandemia y su traumática cuarentena.
Como decíamos, Garretón le puso el cuerpo y contó cómo a partir de una experiencia personal comenzó a estudiar estas nuevas adicciones. Aquí vamos a sintetizar su relato íntimo, familiar...
Sus palabras
• “Hace un tiempo, movidos por la inquietud de ver cómo la droga estaba avanzando tan fuerte en todos lados en la sociedad, empezamos a ver qué se podía hacer al respecto. Pasaba en el seno de los clubes de rugby, pasaba en las familias, pasaba en todos lados. De estar mirando el fenómeno de las adicciones a la droga, me empecé a centrar un poco en las adicciones en general, que es mucho más amplio que el tema de las sustancias”.
• “Cuando pasó la pandemia había observado en mi hija más chiquita (que hoy tiene nueve años), de entre ocho hijos, que era una chiquita distinta en la edad que tenía en ese momento, cuatro o cinco años. Era distinta a como habían sido mis otros chicos a esa edad. Era una chiquita que casi no tenía contacto con nosotros, vivía con el teléfono en la mano, con la televisión, con la tablet y con otras cosas. Me empezó a llamar la atención que cuando llegaba a casa de trabajar, todos mis chicos corrían hacia mí, pero para Juana era como que no entraba nadie en la casa. Empecé a observar este fenómeno, a darle vueltas a la cosa, y empezaron a surgir inquietudes. ¿Tendrá autismo? ¿Tendrá algún trastorno? ¿Tendrá alguna cosa rara de todas esas que hoy se dan muy frecuentemente? Otros hijos míos también, como mucha gente en el mundo, por el aislamiento tan severo, eficaz por un lado, pero con muchos daños colaterales o secundarios, por otro. Los chicos perdieron el ritmo social de la vida y empezaron a interactuar (de forma virtual) muchísimo más que antes. Ya era una tendencia que venía subiendo, pero ahí hubo un pico muy alto de adhesión a las pantallas. Y cuando hablo de pantallas, digo televisión, celulares, consolas de juego, tablets, computadoras, toda esta brutal cantidad de tecnología que hoy nos llega a toda velocidad, invadiendo todos los rincones”.
• “Pasó un tiempo, volvieron al colegio, volvieron al ritmo de la vida, pero no volvieron igual y ‘Juanita’ no era no era como los otros chicos. Entonces, me puse a pensar, porque por mi profesión entiendo algunas cosas del cerebro, donde más opero pero conozco funcional, orgánica y estructuralmente al cerebro. Empecé a notar qué era lo que pasaba, en cómo el cerebro de un niño va creciendo. Desde la panza de la mamá empieza a chispear, como dicen los médicos. Cuando los chicos nacen, nacen con un volumen del cerebro y ese volumen crece muy fuerte. En los primeros dos años empieza a desarrollarse y termina de crecer y madurar más o menos a los 25 años”.
• “El ejemplo que nosotros le demos a los chicos quizás pueda ser la mejor pantalla que puedan tener. Si uno va a poner límites en la utilización del teléfono, en cuanto al tiempo, a los contenidos, uno tiene que dar el ejemplo. Los chicos no lo van a hacer porque uno lo dice. Los chicos no hacen lo que les decimos, hacen y son lo que somos nosotros. Es pesado, pero es así. Les cuento que Juana es muy ocurrente. Ella ha tenido la suerte de que como ha sido la más chiquita tiene montón de gente, y ha sido brutalmente arrasada por besos, por quererla, tenerla, llevarla a que juegue. Pero no todos los chicos tienen la posibilidad de tener muchos hermanitos y quizás están solos gran parte del día en casa. El ejemplo es muy importante. Un día le dije: ‘Gorda, antes de dormir, dos horas antes de dormir, no hay más esto, porque si no después no te puedes dormir’. Y se dio la vuelta y me dijo: ‘Vos, papá, estás viendo La Nación +’. Los chicos siempre saben y están atentos a lo que nosotros hacemos. El ejemplo es una gran arma que tenemos para poder ayudar a los chicos y de paso ayudarnos a nosotros. No se trata de prohibir el uso de los dispositivos y las pantallas. Sí de saber que antes de los 2 años nada. Nos tenemos que sacrificar. A mí me duele la cintura, por ahí llego cansado, pero si Juana dice “papá, juguemos un ratito” y me viene con los lápices y el papel, hay que hacer el sacrificio. Es lo que los chicos necesitan hoy, tiempo. Si nos ven felices es el mejor estímulo. Uno dice ‘la llevo a la abstinencia y se puede salir de esto’. La abstinencia ahí es un periodo duro. Los chicos patalean mucho. Cuando hicimos esto con Juana y empezamos a quitarle las pantallas al principio eran rabietas, pataletas. Pero pasaron pocos días, porque cuando son más chiquitos es más fácil que reviertan esta situación. Le arreglamos una patineta que le faltaba una rueda. Hacía dos años que le faltaban y le pusimos la rueda en cinco minutos. Nos miramos con mi hijo más grande y dijimos que podíamos haberlo hecho antes. Juana empezó a andar en patineta, de repente cantaba, usaba la hamaca. Por suerte tengo una casa con jardín, y ella andaba por el jardín, corría, jugaba con la perra, la hacía jugar, empezaba a moverse. Hay que sacarle las cosas, poner límites, antes de dormir nada. Cuando se despiertan nada de dispositivos, porque los chicos se despiertan, nosotros despertamos, y lo primero que hacemos es ver el celular”.
CONCEPTO PROFESIONAL. “Para poner límites al uso del teléfono, en tiempo y contenidos, uno tiene que dar el ejemplo”, sostiene el doctor Pablo Garretón. la gaceta / archivo
• “El peligro es que el cerebro de nuestros chicos quede en manos de estos dispositivos sin el acompañamiento y cuidado de los padres. Si no logramos que nuestros chicos se despeguen de esto ahora, cuando son chiquitos, van a ser dispersos, van a ser frágiles y manipulables. Si logramos hacerlo, ellos van a ser más fuertes para enfrentarse a lo que viene. Si los chicos no logran aprender que esto puede terminar en que ellos sean los utilizados, los esclavos, los adictos y los rehenes a los instrumentos de la inteligencia artificial, vamos a tener un problema, ellos van a tener un problema muy grande y no van a poder ser felices y serán menos inteligentes”.





















