FOTO TOMADA DE X.COM/DIPUTADOSAR
La encrucijada era para todos, como en el Game of Thrones de la ficción: lucha por el poder, por la ideología y por ver quién sobrevive al “invierno” que asoma en 2026. La última sesión de Diputados dejó una postal que muchos daban por perdida: el sistema democrático, con sus ruidos y sus grietas, todavía sabe marcar la cancha.
El Gobierno nacional logró su Presupuesto, pero el Congreso le puso un freno en lo más sensible. Es lo que la ciencia política enseña: la democracia funciona cuando el poder se encuentra con un límite institucional.
Para Osvaldo Jaldo, la jornada tuvo picos de taquicardia. El gobernador tucumano casi comete lo que en el tenis se llama un "error no forzado". En la previa, su estrategia parecía clara: apoyar en general pero rechazar los recortes en educación y salud en el punto a punto de los artículos. Pero el diablo está en los detalles -o en el reglamento-: la votación se planteó por capítulos completos y no artículo por artículo, un movimiento táctico que casi deja a sus diputados atrapados en una encerrona política.
Fue un momento de cierta incertidumbre, al menos entre los que en el recinto se preguntaban cómo finalmente iban a actuar los integrantes del bloque Independencia. Si votaban el capítulo, avalaban el ajuste; si lo rechazaban, ponían en riesgo la gobernabilidad que Jaldo viene pregonando. Al final, la estrategia sobrevivió al caos del recinto y el bloque Independencia (sin el ausente Javier Noguera) pudo navegar esa tormenta sin quedar pegado al ajuste educativo. Le salió bien, pero fue un recordatorio de que en el Congreso, hasta el mejor equilibrista puede trastabillar si subestima la técnica parlamentaria.
Lo que vimos fue la ratificación de una voluntad que trasciende la Casa Rosada: los diputados le dijeron al Ejecutivo que puede ordenar las cuentas, pero no puede borrar por decreto leyes que la sociedad ya blindó. Ni la "topadora" oficialista ni el pragmatismo de los gobernadores pueden ignorar que hay temas que forman parte del ADN argentino.
Al final del día, los temas prioritarios se impusieron por sobre la ideología. Ya sea por convicción o por instinto de supervivencia, los representantes entendieron que la educación pública y la salud no son variables de ajuste negociables. Ni de Milei, ni de Mauricio Macri, ni de Néstor ni de Cristina ni de nadie. La democracia, entendida como ese estilo de vida compartido, puso su propio límite.





















