Lo que tirás por el resumidero de tu cocina puede dañar una ciudad entera: ¿por qué?

Aunque parezca sencillo tirar la leche vencida o el aceite del atún por el desagüe, los costos son mucho más grandes.

¿Cuáles son los productos que no debés tirar por el desagüe? ¿Cuáles son los productos que no debés tirar por el desagüe? (Tricia Jeter/Canva)

Detrás de nuestra vida cotidiana hay enigmas que pocas veces nos preguntamos, pero que a la larga tendrán un impacto en nuestra rutina diaria. Lo que tiramos a la basura, lo que se lleva la descarga del baño o lo que se va por el desagüe de la cocina poco nos genera dudas; pero lo cierto es que detrás de este mecanismo oculto hay todo un sistema que, si no conocemos cómo funciona, podemos dañar seriamente sin siquiera notarlo, afectando incluso —aunque parezca increíble— a la infraestructura de nuestra ciudad.

Resulta sencillo arrojar la leche vencida por la rejilla o el agua con la que limpiamos restos de pintura y lograr una limpieza profunda en pocos segundos. Aunque a veces nos surge la duda, tirar el aceite de la lata de atún o el puré de tomate echado a perder por la cañería parece bastante fácil. Pero ¿qué tan prudente es arrojar o no los objetos de uso diario por este sistema?

Desafortunadamente, todos estos desechos cotidianos pueden causar problemas al obstruir o dañar las tuberías, lo que genera riesgos para la salud y contamina el medio ambiente. Además, aumentan la carga de las plantas de tratamiento de aguas servidas.

¿A dónde va todo lo que tiramos por el desagüe?

En el mundo, el sistema de red cloacal sigue un estándar que, sin embargo, puede variar dependiendo de países, zonas y localidades; no obstante, el modelo ideal concluye en una unidad de saneamiento. El sistema de recolección, transporte (cañerías), tratamiento y volcado es el referente global en áreas urbanas.

Todo lo que se desecha por el inodoro o se drena desde el sumidero de la cocina, la bañera o la ducha se conecta a los mismos conductos dentro de nuestra casa. Desde allí fluye por las redes cloacales, grandes colectores que pasan por debajo de los patios o las calles, y finalmente llega a una planta de tratamiento de efluentes. Estas instalaciones cuentan con grandes tanques aireados llenos de bacterias que descomponen la materia orgánica.

Los costos de no cuidar lo que arrojamos 

La demanda química de oxígeno mide la cantidad de este elemento necesaria para descomponer la materia orgánica. Cada partícula adicional, desde el puré de tomate hasta el aceite de atún, aumenta la carga. Una mayor presencia orgánica requiere mayor aireación y tanques más grandes, lo que incrementa el costo y la complejidad de la operación de una planta de tratamiento.

Mantener las instalaciones en buen estado no es solo una cuestión de plomería doméstica, sino un desafío ambiental y económico. Muchas veces, por comodidad, descartamos residuos líquidos por el fregadero sin saber que estamos contribuyendo a la formación de los temidos "fatbergs": masas sólidas de grasa y basura que obstruyen por completo los sistemas de alcantarillado. A continuación, te detallamos qué productos debés mantener alejados de tus caños y cómo desecharlos correctamente.

Qué no debés tirar por el desagüe y qué hacer con ello

El riesgo de los lácteos y las grasas

Aunque parezca inofensiva, la leche es uno de los grandes enemigos de tu red local. Los productos lácteos, al igual que los aceites de cocina, grasas y aderezos, tienden a endurecerse cuando entran en contacto con el agua fría del alcantarillado. Al mezclarse con otros desechos (como toallitas húmedas), crean obstrucciones duras como piedras cuya limpieza cuesta millones al Estado y puede provocar el desborde de líquidos contaminados en el medio ambiente.

Podés diluir la leche vieja con mucha agua y usarla para regar plantas, o simplemente descartarla dentro de su envase en la basura general. Para las salsas y restos de comida, lo ideal es usar papel de diario para absorber el líquido y tirarlo al tacho de residuos.

Pinturas y químicos: una mezcla explosiva

Los líquidos de limpieza concentrados, como la lavandina (lejía), nunca deben verterse puros por el desagüe. El riesgo aumenta con las pinturas y los solventes: además de obstruir los caños, estos productos emanan vapores densos y pueden ser inflamables, convirtiendo tu instalación en un peligro potencial.

Si estás pintando, evitá lavar los pinceles bajo la canilla. Es preferible limpiar el excedente con toallas viejas que luego puedan ir a la basura una vez secas. Para restos importantes de pintura, pesticidas o aceite de motor, lo correcto es acercarlos a centros de reciclaje especializados o puntos de recolección de residuos peligrosos.

Los productos "prohibidos" en tu sistema pluvial:

- Lácteos: Leche, yogur y cremas.

- Grasas y aceites: Aceite de cocina usado, grasa de carne y manteca.

- Aderezos: Salsas, mayonesa y restos de vinagretas.

- Químicos de limpieza: Lavandina o desinfectantes en altas concentraciones.

- Insumos de obra: Pinturas, solventes, barnices y agua con restos de cal o cemento.

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