Tucumán y las lluvias "extraordinarias" que la inundan con frecuencia

Las lluvias intensas vuelven a exponer un problema estructural: obras insuficientes, prácticas que agravan el impacto del agua y diagnósticos técnicos que parecen dejados de lado al momento de encarar las soluciones.

Tucumán y las lluvias extraordinarias que la inundan con frecuencia
Álvaro Medina
Por Álvaro Medina 22 Enero 2026

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Hay una foto —icónica, elocuente— de las inundaciones de 1993: el entonces gobernador Ramón “Palito” Ortega, asistido por un policía, lleva en brazos a una anciana para ayudarla a cruzar las aguas que anegaron su vivienda, tras fuertes crecientes en la localidad de Villa de Medinas.

Ahí estaba el hombre auxiliando a la señora, cruzando el lodo, la camisa arremangada. Probablemente haya movilizado a la dirigencia política de la época hasta la emoción: literalmente, un político con los pies en el barro.

Tanto así que, durante los años siguientes, aunque sin tanta épica, escenas parecidas se multiplicaron: funcionarios corriendo a socorrer a los castigados por el agua, prometiendo la restauración del futuro a quienes lo habían perdido todo, abrazados a las familias de aquellos a los que la corriente se llevó para siempre.

Hay más imágenes similares en la década del 90, también en los años 2000, en 2010 y hasta en la actualidad; como si nadie quisiera quedarse sin su retrato de héroe de los aluviones. Todos repitieron la misma explicación para el epígrafe: “la culpa es de la naturaleza que nos castiga con lluvias extraordinarias”.

Tan insensible la naturaleza que nos envió lluvias “extraordinarias” con tanta frecuencia que ya parecen habituales. Y naturalizamos esas postales: desbordes, inundaciones, anegamientos, red vial dañada, evacuados, casas —hogares, mejor dicho— arrasados por el agua.

Nadie puede negar ese loop: todos tienen su foto.

Tucumán y las lluvias extraordinarias que la inundan con frecuencia

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Las últimas imágenes de nuestro extenso álbum provincial de la angustia y el agua surgen de los desastres registrados este lunes y martes, tras las intensas precipitaciones.

El temporal provocó crecidas e inundaciones en distintos puntos, entre ellos las localidades de Lules, García Fernández, Los Gómez, Aguilares y Villa Chicligasta. Un episodio particularmente impactante ocurrió en la zona de la Quebrada de Lules, donde el desborde del río destruyó 200 metros de la ruta provincial 321.

Pero las escenas más difíciles fueron las que tuvieron a personas en el centro: el trabajo invaluable de Defensa Civil, de los bomberos voluntarios y de otras organizaciones; familias que escaparon del agua con bebés de meses en brazos; vecinos rescatados en lanchas circulando por cauces que el día anterior fueron calles; vecinos evacuados y alojados en escuelas. Todos golpeados por la incertidumbre y aguardando que el nivel del agua baje para regresar a sus hogares y ver qué quedó de la vida que habían construido.

Las autoridades repitieron la frase sin copyright de cada año: “Las lluvias fueron extraordinarias, la culpa es de la naturaleza”.

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La intendenta de Lules, Marta Albarracín, sin embargo, se salió del libreto: “La planificación hídrica ya no puede postergarse”, dijo con firmeza, acusando recibo de la correntada que se tragó un tramo de ruta en la madrugada del lunes.

Los especialistas consultados coinciden en esta urgencia y advierten que las acciones del Plan Pre Lluvia no sirven si no forman parte de una estrategia integral y, menos aún, si continúan ejecutándose de manera desarticulada: “Lo que resolvés en un lugar, estalla en otro”, aseguran.

Los expertos explican que este tipo de precipitaciones, aunque por encima de la media, no pueden ser consideradas ni extraordinarias ni imprevisibles y, a continuación, citan distintos estudios de años anteriores que analizan este escenario y anticipan su impacto en el comportamiento de las diversas cuencas.

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Un trabajo clave es el informe de la Comisión de Emergencia Hídrica, creada por la Legislatura en 2017 tras los daños ocasionados por severos temporales. La comisión, integrada por profesionales de prestigio, trazó los lineamientos para las obras de gran escala necesarias.

Sin embargo, el plan de ordenamiento de las aguas nunca se concretó y, en algunos casos, ni siquiera se elaboraron los proyectos ejecutivos correspondientes, afirman los expertos. Esta situación, además, se vio agravada por prácticas sin control en el uso del suelo, sobre todo en el área pedemontana: urbanizaciones y emprendimientos agrícolas sin estudios previos.

Según estos documentos, sin obras y sin planificación urbana y productiva, no hacen falta lluvias excepcionales para que un recurso valioso como el agua, de manera progresiva, empiece a convertirse en una amenaza.

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Cambian los escenarios y los protagonistas, pero las postales de una sociedad hundida en el fango se acumulan en espiral: rutas que terminan funcionando como desagües hasta desaparecer; pueblos que quedan aislados y se apagan; territorios completos que quedan fuera, o en clara desventaja, dentro del circuito productivo y de servicios.

El informe de la Comisión de Emergencia establece, además, la necesidad de una “ley del agua” para Tucumán que funcione como marco regulatorio de todas las actividades socioproductivas en zonas claves para el manejo eficiente de los recursos hídricos.

El espíritu de esta norma es fijar un criterio integral basado en un ordenamiento ambiental que articule regulaciones como las vinculadas a la protección de bosques, desarrollos agrícolas y emprendimientos inmobiliarios, entre otros.

El principio rector de este ordenamiento se apoya en trabajar a escala de cuenca y de forma coordinada entre las distintas jurisdicciones. El problema del agua es una cuestión técnica, administrativa, social y política: cuatro planos a revisar para llegar a un acuerdo entre técnicos, sociedad, productores y gobierno; un paso imprescindible para encontrar una solución a lo que quizás sea el problema central de la provincia.

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Los especialistas advierten que si no logramos controlar y sistematizar el comportamiento de nuestras cuencas, todo lo demás —obras, rutas, cultivos, industrias, viviendas, etc.— corre el riesgo de ser arrasado por el agua.

“En Tucumán no se realizan obras hidráulicas de envergadura desde hace 65 años. La última fue El Cadillal. Desde entonces, nada”, apuntó el geólogo Juan Ángel García en una entrevista realizada por la periodista Graciela Di Vico en el programa Buen Día Verano de LA GACETA PLAY.

“La solución es invertir, el Estado debe invertir en infraestructura, en obras de drenaje y evacuación del agua”, insiste García. “Pero como son obras que quedan enterradas y no se ven, a los políticos no les gusta hacerlas”, sentencia.

Sin embargo, desde que se fijaron los lineamientos del plan de emergencia hídrica hasta hoy, este parece ser el momento más difícil para pensar en obras de envergadura: ayer, en conferencia de prensa, el gobernador Osvaldo Jaldo reconoció que, aunque mantiene el diálogo con la Nación y gestiona recursos adeudados a la provincia, el presupuesto nacional destinado a obras públicas es cero.

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Frente a este abanico de conflictos y cuellos de botella, curiosamente, los distintos profesionales coinciden en la misma definición sobre la actitud de las autoridades: “solo se dedican a apagar incendios”, una metáfora que suena especialmente irónica tratándose del manejo del agua.

Es una crítica explícita a una política enfocada en contener antes que en transformar; en postergar las cuestiones de fondo y luego, con alarma, tener que actuar desde la asistencia: la imagen del salvador que se arremanga la camisa y hunde los pies en el barro para rescatar a una anciana.

Quizás, si se actuara desde la planificación y con una mirada de largo plazo, tarde o temprano podríamos dominar un recurso tan valioso como el agua, mejorando la calidad de vida de la población y liberando a la sociedad de los desastres pluviales, más allá de las crisis climáticas.

Y lograr, con decisión política y previsión, que lo extraordinario sean las fotos de las inundaciones.

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