El murmullo del público se mezcla con el viento fresco que baja de los cerros. En Tafí del Valle, el Seven no empieza con el primer partido, sino mucho antes: en las tribunas improvisadas, en las familias que se acomodan para mirar, en quienes llegan por primera vez sin saber demasiado de rugby, pero con ganas de acompañar. Entre ellas está Felipa Moreno, 84 años, que observa el movimiento con atención y curiosidad.
“Acá es la primera vez que vengo”, dice Felipa, sentada junto a su hija Claudia Vizcalla, de 52. No se define como seguidora del rugby. “No es que me guste, pero está lindo para entretenerse”, explica, mientras sigue con la mirada a los jugadores que entran y salen de la cancha. El motivo de la visita es claro: alentar a Agustín Pintor, jugador de Aguará Rugby, sobrino de Claudia y parte de la familia que hoy se reúne alrededor del torneo.
El clima acompaña y se vuelve parte de la experiencia. “Muy lindo todo, más con este clima hermoso, fresco”, resume Claudia, que disfruta del día tanto como del juego. Para ellas, el Seven es también una excusa para salir, compartir y estar presentes.
Cuando se trata de pensar en lo deportivo, el deseo es simple. “Que les vaya bien, toda la suerte del mundo y que puedan ganar”, dice Claudia, como tantas otras familiares que saben que el resultado importa, pero no lo es todo.
Felipa, la mayor del grupo, se anima a ir un poco más allá. Cuando le preguntan qué mensaje le dejaría a las juventudes que practican deporte, responde sin dudar: “Que sigan adelante, que es todo muy lindo, bueno, y sobre todo para la salud”. Y agrega una idea que atraviesa toda la escena: “Hay que venir a alentar y acompañar todo deporte. Eso es lo que necesita la juventud: compañía”.
Del otro lado está Agustín Pintor, todavía con el esfuerzo del partido encima. Para él, el Seven de Tafí tiene un valor especial. “Siempre es lindo venir. Para mí es el Seven más grande del norte”, afirma. Sabe que no todos en su familia disfrutan del contacto del rugby, pero agradece la presencia. “No les gusta mucho ver los golpes, pero yo valoro mucho que vengan”, reconoce.
Antes de irse, deja una invitación abierta para quienes aún no conocen el evento. “Es un ambiente de todos los palos, no solo rugby. Se juntan muchas cosas. Es para venir a pasar el día, puede venir el que quiera”. En Tafí, el Seven también se juega desde afuera de la cancha.























