Entre el frío europeo y el calor del verano norteño, Rodrigo Alvarenga armó un viaje tan poco habitual como significativo. Capitán de Los Teros Rugby Club, jugador en actividad en Hungría y protagonista del Seven argentino, el rugbier volvió a Catamarca para reencontrarse con su club, competir y cerrar un círculo personal y deportivo.
“Yo ahora estoy jugando en Hungría, en Budapest, porque tengo familia allá y ascendencia húngara”, cuenta Rodrigo. Vive allí gran parte del año, pero decidió aprovechar sus vacaciones para volver al país. “Dije: voy a cortar un poco el frío de allá y me vengo al verano de Catamarca. Justo empezaba la temporada de seven y me dijeron si quería sumarme. ¿Por qué no?”, relata.
Ese recorrido lo llevó primero a Buenos Aires, donde Los Teros fueron invitados al Seven del Indio y lograron la Copa de Plata. Ese resultado abrió una puerta inesperada: el Seven del Fin del Mundo, en Ushuaia. “Estuvimos una semana aclimatándonos. Fue durísimo: jugamos con lluvia, viento y una sensación térmica de -4 grados que te quemaba la piel”, recuerda. Aun así, el esfuerzo valió la pena. “Fue una experiencia inolvidable por el grupo que se formó y por el apoyo del club, la familia y los amigos. Por suerte, pudimos ganar la Copa de Oro”.
En paralelo, Alvarenga continúa su carrera en Europa. Juega rugby de 15 para el equipo de Budapest, actual campeón, lo que le permitió integrar el seleccionado húngaro. “El nivel allá no es tan alto como en Argentina, pero competimos con países como Rumania, Austria o Eslovaquia. Si comparás, Argentina está varios escalones arriba”, analiza. Hungría, dice, tiene un proyecto a largo plazo, con fuerte impulso al rugby femenino, recientemente tercero en un torneo de seven.
El regreso al país también incluyó el Seven de Tafí del Valle, donde Rodrigo volvió a jugar tras su paso en 2020. “Es alucinante, no solo por el nivel, sino por la organización y la cantidad de gente. Nunca jugué con tanto público. La logística es impecable”, destaca.
Como si fuera poco, el viaje tiene un motivo más íntimo: su casamiento. “El viernes que viene me caso. Mi novia es argentina, me siguió en la locura de irnos a Hungría. Es por amor, no por los papeles”, dice entre risas. Rugby, familia y afecto se mezclan en una historia que, como el seven, se juega a toda velocidad, pero deja huella.























