ULLRICH. Estudia cómo se puede degradar una sociedad democrática.
HISTORIA: EL FRACASO DE LA REPÚBLICA DE WEIMAR - VOLKER ULLRICH / (Taurus – Buenos Aires)
En el conocido discurso de inauguración de las clases del año 2005 del Kenyon College (disponible en YouTube), el malogrado David Foster Wallace (quien cumplió una de las máximas de la cultura pop: ser un cadáver joven) contaba, a modo de introducción, el siguiente cuento: dos peces jóvenes, nadando el mar, se cruzan con un pez más viejo que los saluda al pasar y les dice: “Qué hermosa está el agua esta mañana”. Cuando el pez viejo se va, uno de los jóvenes le pregunta al otro: “Escuchame, ¿qué es el agua?”
El imperio de la ley
El fracaso de la República de Weimar de Volker Ulrich nos recuerda, en primer lugar y muy oportunamente, qué es el agua en una sociedad democrática, eso que ya hemos dejado de ver y que, sin embargo, es lo que hace posible nuestra vida actual, llena de oportunidades, objetivos y variedades de ocio. El agua es, básica y fundamentalmente, el imperio de la ley que alcanza a todos, incluso al que manda, es la facultad de disentir y de opinar sin represalias, es la vigencia de un cierto relativismo frente cualquier postura totalizante, del signo que sea (religiosa, política, cultural), que pretenda imponerse.
En La rebelión de las masas, libro que está a punto de cumplir cien años y, sin embargo, es de rabiosa actualidad (fue publicado en 1929, en pleno ocaso de la República de Weimar), Ortega y Gasset describe al bárbaro tecnológico, una variante del hombre-masa, como aquél que confunde y cree que la civilización es parte de la naturaleza, que está ahí porque sí, desde siempre y sin esfuerzo ni mérito de nadie, ignorando completamente los siglos, las ideas, las pilas de muertos que hicieron posible su confort actual. El bárbaro tecnológico usa todas las ventajas de la técnica moderna (aviones, autos, celulares, IA) sin conocer los principios que las hacen posibles, es decir, sin saber qué es el agua.
El valor del sistema
Decía que la obra de Ulrich aparece con gran timing porque nos recuerda cómo poco a poco una sociedad puede irse quedando sin agua, sin ese elemento que hace posible todo lo demás. Y es que, últimamente, el agua no tiene muchos defensores; todos gritan su verdad política, olvidando que en política todas las verdades han tenido su cuota de fracaso cuando han sido confrontadas con la realidad. Llenos de miedo e ira, que son lo mismo, muchos se adhieren a causas incendiarias y acusan de tibios a los que defienden el sistema, que son cada vez menos. Defender un sistema (cosas totalmente aburridas como las reglas, la burocracia o la división de poderes) garpa mucho menos que defender grandes causas como la Libertad, la Igualdad, la Patria o la Moral. Y sin embargo, ese sistema es que el nos trajo hasta acá, el que nos ha dado hospitales, títulos de propiedad, supermercados, una confortable vida de consumidores y que, además, nos ha protegido frente a los vocingleros de las grandes causas, que traen consigo guerras, muerte, hambre y dolor a raudales, como sucedió tras el fracaso de la República de Weimar.
El libro de Ulrich nos permite también conocer a grandes estadistas moderados (Rathenau, Ebert, Stresemann), devorados por las pasiones desenfrenadas y las urgencias sanguinarias de su pueblo. Como decía John le Carré de la Bonn de posguerra, la República de Weimar quizás fuera una democracia pero tuvo una tremenda escasez de demócratas. Algo similar puede estar pasando hoy en muchos lugares.
© LA GACETA
PERFIL
Volker Ullrich (1943) es un veterano periodista de reconocido prestigio en Alemania, doctorado por la Universidad de Jena. Es coeditor de su suplemento de Historia del semanario Die Zeit. Entre sus obras se destaca la biografía en dos volúmenes Adolf Hitler (2013 y 2018). Ha recibido diversos premios (entre ellos el Alfred Kerr).





















