Tafí A voló en el barro y conquistó la montaña más "picante" de las Intervillas

El equipo local clavó el cronómetro en 1h 48m y se quedó con la prueba reina del sábado. Los corredores de las cuatro villas desafiaron la altura del cerro "El Pelao" y demostraron que la gloria cuesta sudor.

DUEÑOS DEL CERRO. Tafí A bajó el tiempo estipulado de dos horas y se quedó con el primer lugar en la carrera de montaña. DUEÑOS DEL CERRO. Tafí A bajó el tiempo estipulado de dos horas y se quedó con el primer lugar en la carrera de montaña. SANTIAGO GIMÉNEZ / LA GACETA

El sábado volvió a confirmar su condición de "plato fuerte" en las Intervillas. No solo por la tradicional ceremonia inaugural y una agenda cargada de actividades, sino porque la montaña, una vez más, reclamó su protagonismo. Cuando el reloj marcó las 11.30, Tafí del Valle dejó de ser postal para convertirse en desafío: piernas, pulmones y cabeza se pusieron a prueba en un circuito que no dio tregua, pero que recompensó el esfuerzo con paisajes difíciles de olvidar. La carrera de trail running se llevó todas las miradas: en un trazado tan bello como hostil, el equipo Tafí A pulverizó los pronósticos y se coronó campeón con un tiempo de 1 hora y 48 minutos. El podio lo completaron Tafí B (que llegó minutos después) y Raco B.

Una advertencia "picante"

La largada estaba pautada desde el Club de Veraneantes, pero la carrera psicológica comenzó antes, durante la charla técnica. El ambiente era de camaradería, pero el silencio se hizo atento cuando José González y Sebastián Di Silvestri, de Extremo Tucumán y organizadores del circuito, tomaron la palabra.

"Tengan mucho cuidado. Los que conocen la zona saben que hay partes con mucho barro, tipo arcilla. A esta hora está bastante picante", avisó González. Di Silvestri completó el panorama: "Es el circuito que usamos en septiembre, con algunos retoques. Son 14 kilómetros bien competitivos". La advertencia fue clara: barro, arcilla, pedregullo y desnivel. Mucho desnivel.

Una trampa de belleza

El recorrido no regaló nada. Tras salir del club y cruzar el río -donde algunos eligieron mojarse y otros buscaron piedras salvadoras-, los equipos de cuatro integrantes de Tafí, Raco, Villa Nougués y Marcos Paz encararon la subida hacia la Cruz.

Fue un ascenso brutal hacia la zona del cerro "El Pelao". No hubo cima, pero sí alambrados laterales que los atletas usaron para traccionar en el barro pesado. El paso por el "Zanjón de la Pasión" puso a prueba el equilibrio, con sectores donde cada pisada era una apuesta contra el resbalón, hasta llegar a "El Chapón", el único puesto de hidratación cerca del kilómetro seis.

EN SUBIDA. El equipo de Marcos Paz trepa hacia el cerro EN SUBIDA. El equipo de Marcos Paz trepa hacia el cerro SANTIAGO GIMÉNEZ / LA GACETA

Sin embargo, el sufrimiento físico tenía su contrapartida visual. Al ganar altura, con casi 800 metros de desnivel acumulado, el valle se abrió en una panorámica de 360 grados. "Por suerte no estaba cerrado, así que pudimos ver todas las vistas y disfrutar. Es la satisfacción de llegar arriba y ver todo", contó Rosario Rodríguez del Busto, integrante del equipo ganador, quien además bajó el tiempo estimado de dos horas y usó la prueba como preparación para su próximo desafío de 80 km en Bariloche. "Tafí siempre tiene esa dificultad extra de la altura, pero es un circuito muy lindo", agregó.

Superado el pedregullo de la cima, comenzó el descenso vertiginoso por el filo de la cruz hacia el centro de la villa y la avenida principal. Allí, la carrera dejó de ser una lucha contra el terreno para convertirse en una prueba de solidaridad.

"Fue un abrazo muy lindo al grupo", sintetizó Isaías Méndez, compañero de equipo de Rosario en Tafí A. "Nos conocemos bastante, somos todos fondistas y muy amigos. Íbamos comentando, mirándonos; fue cero empujarnos, se hizo muy llevadero", describió.

Esa química fue clave para mantener el ritmo en la bajada técnica de siete kilómetros. "Siempre hay que dar lo mejor, no hay que subestimar a nadie. Es importante exprimirse al máximo", explicó Méndez tras cruzar la meta cerca de la estación estación de servicio y reingresar al club.

ÚLTIMOS METROS. La delegación de Villa Nougués sonríe al ver que está a punto de llegar a la meta. ÚLTIMOS METROS. La delegación de Villa Nougués sonríe al ver que está a punto de llegar a la meta. SANTIAGO GIMÉNEZ / LA GACETA

Cuando el polvo se asentó y el pulso volvió a la normalidad, los equipos fueron recibidos con medallas, aplausos y familias enteras esperando. Porque el trail tiene eso: se corre con sacrificio y silencio, pero se celebra en comunidad.

Al ver llegar a los últimos corredores, una mezcla de amateurs, experimentados y atletas que se habían inscripto fuera de las Intervillas, Di Silvestri celebró: "Este año se logró un lindo número. Abrimos la carrera al público y la gente respondió", cerró orgulloso.

De esa manera, entre el barro seco en las zapatillas y el sol del mediodía, Tafí del Valle volvió a demostrar que su belleza también se conquista con sudor. Porque en las Intervillas, la montaña no tan sólo se corre: se vive.

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