Sergio Berensztein: “El acuerdo con EEUU es beneficioso, pero puede tener algunos costos significativos para Argentina”
Según el analista político, el entendimiento profundiza los lazos bilaterales y “empequeñecen las relaciones carnales” de la gestión de Carlos Menem La industria automotriz y el sector farmacéutico enfrentarán un escenario desafiante. La tecnología podría abaratarse para los argentinos, detalla el politólogo
Sergio Berensztein
La administración del presidente Javier Milei celebra la firma del Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproco con los Estados Unidos. Los primeros efectos ya se observaron en la decisión adoptada por el presidente estadounidense, Donald Trump, con la firma de una orden ejecutiva que eleva de 20.000 a 100.000 toneladas la cuota anual de carne vacuna argentina permitida en el mercado norteamericano. Sin embargo, al acuerdo bilateral le falta un trecho por recorrer no exento de piedras en el camino. La más desafiante corresponde a la postura que asumirá el Congreso Nacional frente al texto del entendimiento. “Este acuerdo muestra y consolida nuestro liderazgo regional y es el fruto de los esfuerzos diplomáticos de esta gestión”, afirmó el jefe de Gabinete Manuel Adorni. Según el funcionario, el convenio incluye compromisos de inversión, acceso preferencial al mercado estadounidense para distintas industrias y la eliminación de aranceles recíprocos para 1.675 productos. Sergio Berensztein, analista político, observa que la cercanía con la principal economía del planeta implicará una vidriera que la Argentina necesita para diversificar aún más su comercio exterior. De todas maneras, abre el paraguas por la amplitud de lo convenido. “El acuerdo con los Estados Unidos es beneficioso, pero puede tener algunos costos significativos para la Argentina”, dice el politólogo en la siguiente entrevista telefónica concedida a LA GACETA.
-¿Este acuerdo bilateral constituye un paso más en el alineamiento geopolítico de la Argentina con Estados Unidos?
-Esto no sólo complementa, sino que profundiza lo que ya veníamos observando en la relación entre ambos países. Puso en los papeles algo que al Gobierno le costó demasiado negociar, plasmando así el esfuerzo de todo ese tiempo. Lo de la carne, por ejemplo, que se analiza como la primera acción posacuerdo, tiene que ver más con un documento complementario que amplía la cuota. En realidad se eligió una figura legal que implicara su puesta en práctica inmediata para elevar aquel cupo sin tener que pasar por el Congreso, para su ratificación o no. Y esto obliga a decir que no estamos entonces en presencia del documento definitivo, por la profundidad del contenido del entendimiento bilateral. Y hablemos de la geopolítica. Es cierto que lo del puerto de Ushuaia, intervenido por la gestión de Milei por presunta malversación de fondos y que le saca la administración a Tierra del Fuego, es una señal. Se trata de un puerto crucial para el movimiento marítimo en la zona más austral del mundo y que puede servir a los intereses de Estados Unidos mientras se construye una base logística. Al margen de esa cuestión geopolítica en el Atlántico Sur, no debemos perder de vista que este vínculo bilateral entre Milei y Trump empequeñece lo que fueron las “relaciones carnales” de la gestión presidencial de Carlos Saúl Menem con los Estados Unidos en la década de 1990.
-¿Por qué empequeñece aquella cuestión?
-Por el cambio de escenario. En aquella época, Estados Unidos se abría al mundo y ahora es más proteccionista y mira, con mayor detenimiento, sus intereses en esta parte del mundo. Independientemente que el Gobierno sostenga que el acuerdo comercial de reciprocidad es el primero de esas característica en esta región, Estados Unidos está realizando -paralelamente- otros acuerdos. Por citar uno, el que ha llegado con Brasil por las tierras raras que se necesita para la elaboración de tecnología. Estados Unidos se está moviendo a 360°. No hay que comerse los amagues. El posteo sobre los Obama, que los mostraba como monos y que luego fue borrado, ha sido un escándalo, que implican ruidos en la política, pero que no implican dejar de lado decisiones estratégicas como las adoptada con Venezuela, que significó la captura de su ex presidente Nicolás Maduro. Hace poco un informe de JP Morgan advertía que Estados Unidos, creciendo a este ritmo, en 10 años podría perder la capacidad de autoabastecimiento de energía. Pero en el Golfo de México tiene capacidad para destilar el petróleo pesado, sabiendo del vínculo histórico entre México y Venezuela. Hoy se pone en valor las reservas que, con Maduro -y antes con Hugo Chávez- venían siendo capturadas, día tras día, por China y por Rusia. Lo que ejecuta Estados Unidos son movimientos estratégicos sofisticados, más allá de lo que hace Trump todo el tiempo.
-¿Y en el caso argentino?
-Con la Argentina, Estados Unidos planea ejecutar posiciones fundamentales en inversiones que no solo se circunscriben a la energía. Esto, indudablemente, puede tener algunos costos significativos, con más apertura comercial en el sector automotor, por citar un caso, en el que traerían la Ford F-250 o la Tundra de Toyota. Habrá más competencia, incluso por el lado de Tesla. Pero también abre posibles frentes de tormenta por el lado de los laboratorios. Menem, en ese sentido, nunca se atrevió al sector farmacéutico. Y si hablamos de la carne vacuna, que no se consumen los mismos cortes en el país del norte, probablemente la mayor apertura termine impactando en los precios domésticos de ese producto esencial en la mesa familiar de los argentinos. Estos acuerdos no se ejecutan de la noche a la mañana; no son automáticos, pero profundiza y acelera el proceso de apertura con los Estados Unidos. Claro que también tiene cuestiones que resultarán positivas para los argentinos, como el caso de comprar tecnología más barata que las actuales. Hay que mirar todo en perspectiva. Asimismo, habrá empresas argentinas que pueden beneficiarse con alguna ola de fusiones y adquisiciones que hace tiempo no vemos.
-Este acuerdo contribuye a consolidar la macroeconomía, pero la sociedad le demanda cada vez más al Gobierno que atienda la micro...
-Esto profundiza aquella demanda, que ahora se focaliza en las pequeñas y medianas empresas. El Gobierno tomó una decisión; uno puedo estar de acuerdo o no, pero Milei no modificará ese rumbo. Generará mucho costo en algunos sectores de la economía que difícilmente arranquen, no sólo por la competencia que significa la apertura, sino porque si mirás los salarios, no se han recuperado. Tenés un problema en el consumo porque la recuperación salarial no es proporcional al movimiento inflacionario. Si ves la foto actual, enero y febrero pueden transitar con una inflación más elevada a la prevista oficialmente. Puede que la construcción vuelva a ponerse en marcha con algunos proyectos en la medida que el crédito en dólares se reactive, pero la economía sufre mucho la falta de consumo. La recaudación ha sentido ese impacto, no solo por el lado de las retenciones, sino también por el comportamiento del IVA y aquellos impuestos que tienen que ver con el ciclo económico. Un economista me decía que el efecto recesivo del año pasado y la incertidumbre previa a las elecciones legislativas aún se sienten. La corrida cambiaria del año pasado actuó como un paro cardiaco; le sacó sangre al mecanismo económico argentino. Cuando todo empezó a normalizarse, quedaron una tasa de interés muy alta, una inflación inercial, que tendrás que ir corrigiendo en la medida que se reduzca el riesgo país y mejoren los ingresos. Pero esto puede darse por sectores, ya que, en general, las empresas no tienen la rentabilidad suficiente como para recuperar aquellos salarios al ritmo deseado. Psicológicamente el miedo persiste y, probablemente, hasta que vuelva a ponerse en movimiento, puede pasar un trimestre, cuanto menos. Así las cosas, uno puede pensar que en marzo podría mejorar gradualmente el ánimo de la economía. Lentamente, la actividad irá dando signos de reactivación.






















