La tendencia que preocupa en Atlético Tucumán: seis años sin poder pisar fuerte en el arranque

Desde 2021, el "Decano" nunca superó la barrera de los cuatro puntos en las primeras cuatro fechas. Un déficit que obliga al equipo a reacciones tardías y lo condiciona el resto del año.

MALA RACHA. Atlético cumplió 384 días sin ganar de visitante; la última vez fue ante San Martín, en San Juan. MALA RACHA. Atlético cumplió 384 días sin ganar de visitante; la última vez fue ante San Martín, en San Juan. Foto: Prensa Atlético Tucumán

En Atlético Tucumán persiste una tendencia que, torneo tras torneo, el equipo no logra revertir. En las últimas seis temporadas, el “Decano” nunca superó la barrera de los cuatro puntos en sus primeras cuatro fechas: en 2021 sumó dos; en 2022, cuatro; en 2023, dos; en 2024, dos; en 2025, tres; y en 2026, nuevamente dos. La estadística no es un dato aislado: expone un patrón que condiciona el desarrollo posterior y termina impactando tanto en la tabla anual como en la de los promedios.

Los inicios se han convertido en un terreno incómodo para Atlético. Y detrás de ese arranque dubitativo aparece otra constante. Tras un comienzo flojo, el equipo suele reaccionar a mitad de campeonato, recompone números y mejora el rendimiento, pero esa levantada no alcanza para meterse en zona de clasificación ni para pelear por un lugar en copas. La recuperación, en general, sirve para estabilizar. Acomoda en la tabla, pero no proyecta. Permite respirar, pero no soñar.

El 2025 es un ejemplo nítido de esa lógica. Entre el debut y la fecha 11 del torneo Apertura -del 24 de enero al 2 de abril- el equipo consiguió apenas dos victorias y un empate. La cosecha fue insuficiente y lo obligó a correr desde atrás durante buena parte del semestre. Sin embargo, desde ese tramo y hasta fines de julio, logró una reacción significativa entre la Liga Profesional y la Copa Argentina: seis triunfos y un empate en nueve partidos. Ese “mini colchón” de puntos resultó clave para asegurar la categoría meses después, pero no alcanzó para aspirar a algo más ambicioso. El esfuerzo fue defensivo, no expansivo.

Este año, al menos en el arranque, el libreto parece repetirse. El equipo dirigido por Hugo Colace perdió sus dos compromisos como visitante (1-2 frente a Independiente Rivadavia y 1-2 ante Sarmiento) y empató los dos partidos en casa (0-0 contra Central Córdoba y 1-1 frente a Huracán). Dos puntos sobre doce posibles vuelven a encender las alarmas.

El contexto le otorga todavía mayor relevancia al comienzo. Se sabía de antemano que estas primeras fechas eran determinantes, no sólo para consolidar la idea del nuevo entrenador y fortalecer la confianza del plantel, sino también porque el calendario proponía cruces directos. Central Córdoba, Sarmiento y el próximo duelo ante Estudiantes de Río Cuarto integran el lote de equipos que pelean en la misma franja de la tabla de promedios. Son partidos que, en la jerga futbolera, “valen seis puntos”: lo que se gana no sólo suma, también empuja al rival hacia abajo.

Este sábado, desde las 22 y en el Monumental “José Fierro”, Atlético buscará cortar con esa sequía inicial. Por el rival, por el contexto y, sobre todo, por la necesidad, conseguir el primer triunfo del año se vuelve determinante.

Hay, de todos modos, una lectura que admite matices. El punto positivo de este arranque es que el equipo exhibe una idea reconocible y una identidad en construcción. Colace y su cuerpo técnico mostraron convicción para sostenerla, incluso cuando los resultados no acompañaron. El punto negativo es evidente: esa identidad todavía no se traduce en puntos. Y en el fútbol argentino, sin respaldo numérico, los procesos pierden crédito con rapidez.

El problema no es únicamente matemático. Un inicio débil erosiona la confianza interna, acelera la ansiedad del entorno y reduce el margen de error. Los últimos años demuestran que Atlético suele reaccionar, pero también que esa reacción no siempre alcanza para satisfacer a una hinchada que empieza a cansarse de cumplir apenas con lo justo.

La incógnita es si esta vez podrá romper la inercia antes de que el torneo lo ubique, otra vez, en el escenario conocido: el de correr desde atrás, con el calendario como presión permanente. Frente a Estudiantes de Río Cuarto tendrá una oportunidad concreta de aliviar tensiones, despejar dudas y empezar a torcer una tendencia que ya dejó de ser casualidad para transformarse en costumbre.

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