APOYO INCONDICIONAL. El argentino destacó la contención de su entorno durante la competencia.
“Fue un día muy largo y lleno de emociones”. Así resumió Tiziano Gravier una jornada en los Juegos Olímpicos de Iniverno que quedará marcada para siempre. La pista, explicó, imponía respeto por el movimiento del terreno y por la velocidad constante, pero se fue conforme con su rendimiento. “Estoy muy contento por cómo esquié y la actitud que tuve”, aseguró.
El argentino dio detalles de lo que implicó lanzarse por uno de los trazados más demandantes del calendario. “Llegué a alcanzar los 122 kilómetros por hora, estoy acostumbrado a esa velocidad. Ningún sector era fácil, la media era muy alta y en ningún momento bajé de los 95. Había que anticiparse a lo que podía pasar y mantener la calma para tener precisión en las curvas”, describió.
Nada, según contó, fue improvisado. “Estaba muy convencido de que podía lograrlo, me preparé con todo el equipo para esto”, remarcó, convencido de que el trabajo previo fue determinante para sostenerse en un contexto tan desafiante.
Fuera del recorrido, la escena en Milán-Cortina era distinta. Allí dominaban los nervios, sobre todo para Valeria Mazza. “Siento que a veces a mi mamá le cuesta el tema de la velocidad. Mis hermanos me contaron que antes de que baje estaban todos como locos, que se les salía el corazón por la boca. Un poco se ríen de ella, pero se lo toma con cariño”, relató.
En medio de la competencia también hubo lugar para una sorpresa que no esperaba. Javier Zanetti y Paula Pareto se acercaron a acompañarlo. “No sabía que iban a estar. Cuando los vi llegar me llevé una linda sorpresa. Fue muy lindo compartir con dos leyendas del deporte argentino, estoy muy agradecido”, afirmó.
Con el respaldo de los suyos, la tranquilidad que le dio la preparación y la emoción todavía a flor de piel, Gravier dejó claro que la experiencia olímpica ya es parte de su historia personal. Cada bajada, dijo, confirma que el camino elegido vale la pena.



















