Cuando tu perro te lame o lame a otro canino, está usando su órgano vomeronasal para "saborear" aromas y recopilar datos
Todo es amor en San Valentín, pero las mismas demostraciones de los adultos, para los animales pueden significar algo completamente distinto. En el mundo natural, lo que conocemos como amor tiene otros símbolos y reglas, mucho más asociadas a la supervivencia que al sentimiento.
Sin embargo, es común ver a parejas de animales rozando sus hocicos o uniendo sus picos y allí proyectamos nuestras propias costumbres románticas. Detrás de ese supuesto "beso" suele esconderse un complejo sistema de comunicación, una estrategia de supervivencia o, a veces, una declaración de guerra.
El sitio especialista a-z-animals.com hizo un extenso trabajo que aquí te resumimos con diez casos de animales que parecen besarse pero en realidad desarrollan otro tipo de práctica, en este gesto “romántico”.
1 Tortugas: midiendo al rival
Si ves a dos tortugas frente a frente, nariz con nariz, no creas que es un momento tierno. Lo más probable es que estés presenciando el inicio de una disputa. Estos reptiles son bastante antisociales y utilizan su agudo olfato para determinar si el que tienen enfrente es un posible bando o un enemigo al que hay que echar. Todo lo contrario, si resulta ser un cortejo, el "romance" incluye cabezazos y mordiscos en las patas.
2 Flamencos: esgrima a picotazos
La imagen icónica de dos flamencos con los cuellos entrelazados y los picos unidos no es una muestra de afecto; es una pelea. Al ser aves muy territoriales, utilizan este contacto para marcar límites en lo que se conoce como "esgrima de aves". Cuando realmente quieren conseguir pareja, prefieren las danzas sincronizadas.
3 Gatos: el parpadeo de la confianza
Aunque dos gatos se chupen la cara (lo cual es puro aseo social), el verdadero "beso" felino no involucra la boca, sino los ojos. El parpadeo lento es su forma de decir "confío en ti lo suficiente como para cerrar los ojos". Si chocan sus narices, solo se están saludando para ver dónde ha estado el otro.
4 Cobayos: el intercambio de datos
Para un cobayo, un roce de narices es básicamente un intercambio de tarjetas de visita. Gracias a sus glándulas odoríferas, identifican al instante si el otro pertenece a su grupo o es un extraño. Su verdadera forma de mostrar alegría es el popcorning: saltar por los aires como palomitas de maíz.
5 Pingüinos: piedras y pelea de picos
Para los pingüinos, mantener la pareja es vital para que la descendencia sobreviva. El roce rápido de picos (llamado billing) es su forma de saludarse tras una larga ausencia. Los pingüinos Juanito llevan el romanticismo a otro nivel: el macho le regala una piedra perfecta a la hembra; si ella la acepta, el trato está cerrado.
6 Perros: los catadores de información
Cuando tu perro te lame o lame a otro canino, está usando su órgano vomeronasal para "saborear" aromas y recopilar datos. Sí, es un gesto de vinculación social y sumisión, pero también es una herramienta de investigación química.
7 Ardillas: ¿amigo o enemigo?
Al igual que los perritos de la pradera, las ardillas se tocan el hocico para reconocerse a través de glándulas de olor. Durante el cortejo, este gesto sirve para que la hembra sepa que el macho quiere aparearse y no robarle su preciada reserva de nueces.
8 Osos negros: el vínculo maternal
Aunque los adultos se lamen después de comer o durante el celo, el "beso" más genuino de los osos se da entre madres y crías. Una osa suele acunar a su osezno mientras le lame la cabeza, a lo que la cría responde con un ronroneo de satisfacción absoluta.
9 Lobos: respeto al líder
En una manada de lobos, "besar" (lamer el hocico) es una cuestión de protocolo. Cuando el alfa regresa, los subordinados lo saludan lamiéndole la cara para mostrar gratitud y reafirmar la jerarquía. Es un saludo efusivo que mantiene la cohesión del grupo.
10 Palomas: un compromiso a largo plazo
Las palomas son monógamas y el contacto de sus picos refuerza su vínculo. A veces es puro afecto, pero otras veces es "alimentación ritualizada": el macho regurgita comida para la hembra, demostrando que será un buen proveedor para los futuros pichones.





















