MISCELÁNE
AMENDIGOS A CABALLO
MARTÍN CULLEN
(Mardulce – Buenos Aires)
¿Una autobiogafía? ¿Una biografía del campo, de las estancias argentinas? ¿Una radiografía de la pampa y del snnobismo patricio de nuestro país –“esa auténtica pasión argentina”, que dijera Borges? Todo eso y mucho más es este nuevo libro de Cullen, que le sigue, muy de carca, a su anterior La estancia. Una inmersión, un baño telúrico, escrito como los dioses, en la vida, obra y milagros, del autor, a lo Proust. Conocí a Martín hace cincuenta años y había oído que escribía sus memorias, pero por alguna versión “apresurada y errónea”, creí que las había perdido: afortunadamente no fue así. Y ahora estas páginas con ese talento de corrido, a borbotones, con la puntuación itinerante de la vida, este torrente confesional sincericida y temerario, que fluye sin cesar y por suerte a lo largo de capítulos que se siguen uno a otro como perros de sulky y nos hacen pasear, sentados al volante, por una adolescencia ávida de amor, en la ciudad y en el campo.
El libro comienza de un modo fenomenal, que anticipa, premonitoriamente, el destino del autor: “Salí de mi casa al mundo por dos puertas. Clara tenía fuerza para cambiar las reglas de un colegio nuevo, y aunque el colegio proponía una educación bilingüe, Clara lo forzó a aceptarme solo para el inglés y la tarde…De una puerta salí de guardapolvo blanco, argentino, almidonado y pobre. De la otra, la de la tarde, salí de saco borra de vino y gorro con visera, con botón al tope y escudo bordado el frente. Salí a una pajarera matinal llena de chicas y salí a un recreo en un patio lejano donde chicos indiferentes vestidos de guardapolvos gris eran guardados por curas irlandeses de sotana negra”.
Martín Cullen es psiquiatra, vive entre Londres, donde se casó y tuvo dos hijos, y Buenos Aires, sobre todo en su estancia de Maipú, heredada del doctor Martín Cullen, recordado médico, y de su madre “Titina” Artayeta, a quien le rinde en estas páginas un conmovedor y elegíaco homenaje.
Mendigos a caballo es un una crónica íntima y excéntrica ferozmente buena, terriblemente honesta, una lección de historia a través de las historias de sus familias, las del autor; una genealogía antológica en la voz nueva de un gran escritor. Se ha dicho de Mendigos a Caballo que en ella se reconocen ecos de Proust, de Borges y de Yourcenar: agregaré que se oyen, sobre todo, los ecos de una nueva y casi inédita voz argentina.
© LA GACETA
FERNANDO SÁNCHEZ SORONDO.


















