LIBRO. El caso, en el que el rey aparece implicado, sacude a Gran Bretaña.
El escándalo Jeffrey Epstein puede volver a golpear a la monarquía británica y reaviva las dudas sobre su estabilidad institucional. En una entrevista concedida al diario La Nación, el historiador británico Andrew Lownie advirtió que las consecuencias del caso podrían escalar hasta afectar directamente al rey Carlos III e incluso terminar en una eventual abdicación.
Lownie, historiador y biógrafo británico que investigó a la familia real, publicó recientemente un libro en el que reconstruye la vida del príncipe Andrés Mountbatten-Windsor y examina su vínculo con el financista estadounidense Epstein, condenado por delitos sexuales. Según el historiador, la relación entre ambos fue mucho más extensa y comprometida de lo que el propio Andrés reconoció públicamente, y continuó incluso cuando Epstein ya enfrentaba investigaciones judiciales en Estados Unidos.
Lownie sostiene que el escándalo no afecta únicamente al príncipe, apartado de la vida pública desde hace años, sino que podría comprometer a toda la estructura institucional de la monarquía británica. En particular, considera que Carlos III no habría podido desconocer la situación, ya que en su momento participó -junto a otros miembros de la familia real- en la asistencia económica que permitió a Andrés alcanzar un acuerdo civil con una de las denunciantes del caso Epstein.
El daño
El historiador afirma que, si avanzara una causa en el Reino Unido, el daño político y simbólico podría ser irreparable. “El rey podría verse obligado a abdicar”, señaló en la entrevista. Según su análisis, una eventual transición anticipada hacia el príncipe Guillermo sería una salida posible para preservar la credibilidad de la institución monárquica frente a una opinión pública cada vez más exigente.
Otro punto que plantea es la posibilidad de que el príncipe Andrés intente evitar la acción de la justicia. El autor considera probable que, ante un eventual juicio, el duque de York viaje a un país sin tratado de extradición con el Reino Unido, como forma de eludir la justicia. De ser así, ese hecho no haría más que agravar el impacto político sobre la Corona, alimentando cuestionamientos sobre privilegios, responsabilidades y mecanismos de encubrimiento dentro de la familia real.
La investigación del historiador también pone el foco en el rol que habría desempeñado la Casa Real en el manejo del escándalo. Según Lownie, durante años existieron acciones destinadas a proteger la imagen institucional, primero bajo el reinado de Isabel II y luego durante la transición hacia el actual monarca. Sostiene que estas acciones contribuyeron a cubrir a la realeza del impacto político, pero que no lograron aclarar las sospechas de la opinión pública.
El caso Epstein, convertido en un símbolo de abuso de poder y explotación sexual, continúa arrojando consecuencias sobre personalidades públicas vinculadas al empresario. Para Lownie, el desafío central para la monarquía será demostrar capacidad de adaptación y transparencia en un contexto social que ya no tolera zonas grises.
Mientras tanto, el futuro judicial del príncipe Andrés permanece incierto. No existe por ahora un proceso abierto en su contra en territorio británico, pero las revelaciones y documentos que siguen emergiendo mantienen el caso en la agenda pública y política. En ese contexto, los dichos del historiador toman fuerza: “el escándalo Epstein no sólo persigue al duque de York, sino que amenaza con convertirse en una de las crisis más sensibles para la monarquía británica contemporánea”.



















