MENÚ VARIADO. La alimentación equilibrada prolonga la esperanza de vida.
Nunca es tarde para empezar a cuidarse, aunque los estudios científicos apuntan que sí es mucho más beneficioso hacerlo desde edad temprana. Ese factor impactará con beneficios máximos, lógicamente si se adoptan hábitos saludables en los primeros tiempos de vida, pero también el cuerpo será sorprendentemente agradecido si se toman los recaudos en edades avanzadas.
Un estudio muy famoso publicado en PLOS Medicine (“Public Library of Science” es la Biblioteca Pública de Ciencia a escala mundial) posicionó al período entre los 20 y 30 como la edad de oro en los que se podría ganar más años de vida si se cambia la dieta hacia una optimizada.
Si el cambio empieza a los 20 años, la esperanza de vida podría aumentar en unos 10 o 13 años. A los 60, se podría ganar unos ocho a nueve años de vida saludable. El beneficio se reduce desde los 80, pero sigue siendo de unos 3,5 años extra.
El cambio no puede ser azaroso, sino pautado y adaptado para no ser contraproducente. Con esa dirección, de los 20 a los 65 años, el enfoque es la prevención evitando el daño acumulativo. Como estrategia se puede adoptar consumir menos proteína animal, más ayuno intermitente y mucha fibra. En esta etapa, el cuerpo es muy eficiente procesando nutrientes y "limpiándose" a sí mismo.
Luego, la ciencia muestra que en la tercera edad, ser demasiado rígidos con la restricción calórica o de proteínas puede ser peligroso porque comienza el período de pérdida de masa muscular. En esta etapa hay que aumentar ligeramente la ingesta de proteínas de alta calidad (huevo, pescado o suplementos vegetales) para mantener el músculo y los huesos fuertes. Un anciano demasiado delgado suele tener peor pronóstico que uno con un "colchón" de reserva.
La relación que establecen las investigaciones es que si el cuerpo empieza a ser cuidado cuando es “nuevo”, funcionará mucho mejor a largo plazo. Si el cuidado comienza tarde y ya hay algún descuido, el avance de la falla puede detenerse, pero algunas marcas estructurales ya no podrán borrarse.
Mecanismo
Al poder medirse el envejecimiento biológico, los científicos trabajan en la reversión del estado. Algunos estudios, como los de la Dra. Kara Fitzgerald, han demostrado que incluso en adultos mayores, una dieta específica de ocho semanas puede reducir la "edad biológica".
Fitzgerald participa activamente en la investigación clínica sobre longevidad mediante una intervención dietética. En su primer estudio clínico halló posibles efectos de reversión con una dieta y un estilo de vida adoptado durante ocho semanas en hombres de mediana edad que se publicó en 2021. Ahora, su última investigación de 2023, sugiere que es posible obtener resultados similares en mujeres de mediana edad. El beneficio de longevidad es acumulativo, pero el beneficio de bienestar inmediato (energía, claridad mental, digestión) ocurre a las pocas semanas de cambiar el hábito, tenga el individuo 20 u 80 años.
En este análisis también se tuvieron en cuenta los genes relacionados con una mayor longevidad que presentaban los participantes. Tal y como reconocen los autores, “los factores genéticos contribuyen de forma importante a la mortalidad por todas las causas junto con factores ambientales como la dieta”. Sin embargo, los resultados obtenidos en este estudio indican que “un patrón alimentario saludable resulta beneficioso de cara a una mayor expectativa de vida, independientemente de si los individuos son portadores de genes de longevidad”.
Se ha demostrado que intervenciones en dieta y sueño pueden reducir la "edad biológica" en cuestión de meses por lo que quienes no tienen genes que contribuyen a llegar a ser centenario o no hayan mantenido un estándar de vida adecuado para la salud, pueden adquirirlo y compensar en más de un 60% los efectos de ser portador de genes que acortan la vida.



















