EL LUGAR DEL CONFLICTO. El caso de la agresión a Patricio Ledezma se desató durante una fiesta que se desarrolló en el boliche “La Cañada”. la gaceta / foto de SANTIAGO GIMÉNEZ
La agresión que sufrió Patricio Ledezma a la salida de un boliche generó una serie de interrogantes sobre la actividad nocturna en Tafí del Valle. Más allá de la discusiones políticas, también despertó una serie de reclamos de residentes, veraneantes y comerciantes. En las inmediaciones del boliche La Cañada, vecinos describieron un escenario en el que se registran disturbios, suciedad y escasa presencia policial durante la madrugada, especialmente al momento de la desconcentración.
“Los mayores problemas los sufrimos cuando hay encuentros que movilizan a mucha gente. Este incidente ocurrió con el Seven, por ejemplo. Espero que ahora, con la Fiesta del Queso, no pase lo mismo”, añadió Esteban Ledesma, uno de los tantos veraneantes de la villa.
Diego, que tiene una casa cerca de La Cañada, aseguró que la Policía suele estar presente en el horario de inicio de las fiestas, pero no de forma constante. “Siempre temprano está la policía, pero después de cierta hora se van y sólo regresan para dar un vistazo y se vuelven a ir”, afirmó.
Según relató el hombre, nunca tuvo conflictos directos con el boliche, aunque señaló problemas recurrentes cuando termina la actividad nocturna: “Cuando los jóvenes salen, ensucian, orinan e invaden el patio de mi casa”. También indicó que el local suele limpiar la zona y despejar la salida de su garaje. Sobre los episodios de violencia, consideró que “es poco común, pero pasa como siempre pasó a la salida de un boliche”.
Los habitantes de ese sector de la villa tienen temor de sufrir represalias por lo que está sucediendo. Un vecino, que pidió mantener su identidad en reserva, sostuvo que estaba despierto cuando ocurrió el hecho, pero que el alboroto no era anormal. Según su testimonio, los disturbios son frecuentes: “Hay mucha violencia a la salida del boliche; son tantos que no se los puede contener”. También remarcó los problemas de limpieza: “Ensucian mucho por todos lados, pero es cosa de siempre”. Por otro lado, cuestionó la poca seguridad: “Hay poca presencia policial; sólo vienen cuando termina el baile y nada más”.
RECLAMOS. Los visitantes se quejan del comportamiento de los grupos de jóvenes que visitan Tafí del Valle.
Entre los comerciantes de ese sector de la villa también prefieren mantener en reserva sus identidades para no tener posibles inconvenientes. “Hay muy poca seguridad, las peleas son habituales y no hay prevención”, afirmó Pablo, un quiosquero. Dijo estar cansado de la violencia y de la falta de respuestas, y aseguró que “la policía y el Gobierno no hacen nada”. También sostuvo que el problema no se limita a la puerta del boliche. “Se hizo mucho ruido con este caso, pero la violencia pasa todo el tiempo en la villa. A dos cuadras del boliche también pelean y nadie interviene”, expresó. Además, cuestionó el funcionamiento del local bailable y aseguró que “sobrevende”, al considerar que “no cuidan a la juventud”.
Naturalidad
“Lo más triste es que nos estamos acostumbrando a estos hechos de violencia. Escucho hablar a los padres de los adolescentes y dicen que este tipo de peleas siempre sucedieron. Es tristísimo escuchar eso. No pierdo las esperanzas de que esto cambie en algún momento”, indicó Marcos Jiménez.
Lucía Montenegro, que no tiene casa en Tafí, pero que todos los años lo elige para descansar, se mostró preocupada. “Antes elegía El Mollar porque era más económico, pero por los líos que hacían los jóvenes cambié de destino. Sin embargo, desde hace varios años la movida nocturna viene creciendo y, con eso, también los problemas”, indicó la docente.
“Lo peor de todo es que ya hay gente que se está resignando a que la villa no volverá a ser la misma. Hartos del desorden y del descontrol, muchos comenzaron a vender sus propiedades. Esto tiene que ser observado por las autoridades”, añadió Gonzalo Heredia.
Más cuestionamientos
Los veraneantes contaron que el problema comenzó a registrarse hace unos cinco años. “Antes no había boliches ni fiestas; a lo sumo, un encuentro en el Club de Veraneantes. Las autoridades municipales comenzaron a permitir la apertura de locales y la realización de fiestas privadas. Ese fue el fin de la tranquilidad de la villa”, sostuvo María Helena de García.
“Acá hay manejos muy turbios. Ahora, con este escándalo, nos enteramos de que el dueño del local había alquilado el boliche para que un tercero organizara la fiesta que terminó en escándalo. ¿Cómo es eso? ¿Cualquiera puede hacer eso? ¿Quién se hace responsable si llegara a pasar algo?”, se preguntó María Eugenia Fernández.
Juan Carlos Ramírez cuestionó también que pasan los años y el panorama se va agravando por la inacción de las autoridades. “El año pasado hubo un escándalo porque un joven organizó, sin autorización, una fiesta por el Seven de Tafí. La suspendieron horas antes y hubo una multitud de chicos deambulando durante toda la madrugada. Este verano, los organizadores del encuentro deportivo salieron a aclarar que ellos no apoyaban ninguna fiesta. Es de no creer lo que está pasando”, indicó el hombre. (Con colaboración de Martín Medina)

























