El satélite Bion-M nº 2 orbitó durante 30 días a 370 kilómetros de altitud para estudiar los efectos de la radiación cósmica en organismos vivos.Imagen: Ivan Timoshenko/SNA/IMAGO
Los pasajes bíblicos parecen repetirse en el siglo XXI. Tan solo hace unos meses regresó del vacío espacial nada menos que una cápsula cargada de un inusual "zoológico espacial". En ella se había enviado, por un lapso de un mes, una diversa muestra de especímenes terrestres para comprobar, a la inversa, si la biología se había iniciado en realidad en medio de la inmensidad extraterrestre.
En septiembre del año pasado una asombrosa estructura amerizó sobre la Tierra tras un experimento que buscaba comprobar una de las teorías más fascinantes de la existencia terrestre: la posibilidad de que la vida se haya originado más allá de nuestro planeta. Para ello, el satélite Bion-M n°2 llevó consigo, durante unos 30 días a distintas especies de organismos vivos, los cuales fueron sometidos a los efectos del entorno espacial.
Una tripulación particular
El 20 de agosto, la nave despegó del cosmódromo de Baikonur, en Kazajistán, impulsado por un cohete Soyuz-2.1b. Allí viajaba una asombrosa tripulación biológica: 75 ratones, más de 1.500 moscas de la fruta y una mezcla de material orgánico que abarcaba semillas, cultivos celulares y distintos microorganismos. La selección no era una casualidad sino los componentes de una ambiciosa investigación sideral.
La misión estaba diseñada para probar unos 30 ensayos científicos que apuntaban a un doble objetivo: analizar los efectos del entorno del cosmos sobre los organismos vivos y someter a prueba una de las hipótesis más cautivadoras sobre el origen de la vida: la panspermia, una teoría aún debatida que plantea que la vida planetaria podría haber llegado desde el espacio.
El desempeño del proyecto
La nave se posicionó a una altitud de entre 370 y 380 kilómetros, donde la radiación cósmica se estima un 30% superior a los niveles de la órbita terrestre baja, de acuerdo con información de Roscosmos difundida en Telegram y reportada por The National.
Esta intensa exposición radiactiva resulta fundamental para comprender cómo sobrevivirían los seres vivos durante futuras expediciones más allá de la protección de nuestro planeta. Imágenes del lugar mostraron al módulo con signos de quemaduras y un pequeño incendio forestal en el área, que fue rápidamente controlado. Tres helicópteros con equipos técnicos aterrizaron cerca para extraer cuanto antes a los pasajeros vitales y dar inicio a los análisis preliminares en una tienda médica montada en el mismo sitio, según explicaron desde DW News.
La teoría que inquieta a los expertos
Una de las grandes incógnitas de la misión es el testeo "Meteorito", según recoge Space.com, diseñado para probar la teoría de la panspermia a bordo de cometas, asteroides o fragmentos de otros planetas. Para probarlo, los científicos colocaron rocas basálticas con variantes microbianas en el casco del satélite, simulando el viaje de un meteorito. El objetivo: ver si alguna bacteria sobrevive a la reentrada atmosférica, con su infernal fricción y calor.
"Si entre las cepas investigadas se descubren bacterias supervivientes, esto será una prueba seria que confirme la teoría de la litopanspermia", declaró Alexander Anatolyevich, investigador del Instituto de Problemas Biomédicos (IBMP), en declaraciones publicadas en Telegram, según recoge Futurism.
Todavía no se conocen los resultados de este arriesgado estudio microbiano, pero el simple hecho de intentarlo pone sobre la mesa preguntas que parecen de ciencia ficción: ¿son los microbios capaces de diseminar vida en el espacio exterior?





















