Las dudas sobre el apellido de un gran héroe tucumano
En este espacio de “Recuerdos” procuramos revivir el pasado por medio de imágenes que se encuentran guardadas en ese tesoro que es el Archivo de LA GACETA. Esperamos que a ustedes, lectores, los haga reencontrarse con aquellos momentos y que puedan retroalimentar con sus propias memorias esta sección que les brindamos día a día.
Gregorio Aráoz de La Madrid ha sido un “loco de la guerra”, héroe de mil batallas que sufrió mil derrotas. Fue gobernador de Tucumán, soldado fiel de Manuel Belgrano, compadre de Juan Manuel de Rosas (y luego combatió contra él en Caseros). Amado por sus tropas, apodado “El inmortal” y “Pelón” porque perdió una oreja en uno de sus tantos encontronazos, sus “Memorias” son una larga compilación de peleas, tropezones, entusiasmos y frustraciones.
Una localidad al sureste de la provincia lleva su nombre. También el Liceo Militar tiene su denominación en su homenaje, así como la plaza de la ex terminal en El Bajo.
Hay una estatua suya en el parque 9 de Julio, un tanto perdida si se considera la significación que tuvo el general durante la primera mitad del siglo XIX para Tucumán.
Pero siempre hay dudas, oficiales e informales, sobre cómo escribir su apellido. En el libro “Ciudades y pueblos de Tucumán”, de Hilda Elena Zerda de Caínzo aparece Lamadrid. En el sitio oficial Argentina.gob.ar, cuando se ingresa a municipios de Tucumán, Graneros, parece indistintamente el nombre de esta localidad de las dos maneras; Lamadrid o La Madrid. Todo junto o separado.
Carlos Páez de la Torre (h) estudió el problema y en su nota “¿La Madrid o Lamadrid?” del 14/07/2004 sugiere que la grafía correcta es separada. Lo hace a partir de la firma del general -Grego. Aráoz de laMadrid- en la que escribía “de” y “la” con minúscula (“aunque en el trazo de su pluma, a menudo las unía”), y ponía “Madrid” con mayúscula. Páez de la Torre agrega, no obstante, que en las “Observaciones” que hizo el héroe tucumano sobre las “Memorias” de José María Paz, aparece su nombre escrito como “Aráoz de Lamadrid”. La conclusión del historiador es que “hay que atenerse a la firma, porque una persona se llama como firma”. Es decir, separado. La Madrid.















