Favorecer a las empresas es ayudar a los trabajadores

PyMEs. FOTO TOMADA DE Argentina.gob.ar PyMEs. FOTO TOMADA DE Argentina.gob.ar

Entre las quejas contra la reforma laboral se destaca que sólo favorece a las empresas mientras perjudica a los trabajadores. Peor, hay quienes sostienen que todo empresario es un explotador y que los únicos creadores de valor son los empleados. Por supuesto, están equivocados. Ambos factores productivos se necesitan, pero el bien más escaso es el empresario formal.

En el mundo económico existen diferentes funciones y una de ellas es la empresarial. No hay emprendimiento que funcione si alguien no detecta oportunidades de negocios, contrata, asigna y coordina el capital humano, vigila el mercado para atender sus señales (todas habilidades diferenciales de liderazgo) y aporta el capital necesario. En cuanto a éste, se asigna adelantado pues los bienes físicos deben existir antes de realizar las ventas y lo mismo suele ocurrir con los sueldos, que muchas veces deben pagarse antes de que aparezcan los rendimientos.

Además, corresponde analizar de dónde surge el capital. Una fuente es el ahorro propio, o sea abstención de consumo hasta reunir lo suficiente. Quien lo hace quiere luego ser compensado por eso, por lo tanto es un costo más. Otra es el crédito bancario, es decir el ahorro de otros. Alguien se abstiene de consumir y espera una compensación por tal renuncia, y se debe pagar a quien hace de intermediario para que ahorro e inversión se encuentren: esto es, hay que devolver. También están las alternativas de colocar obligaciones negociables, que son un préstamo, o vender acciones. En ambos casos hay un sacrificio del presente que debe ser recompensado más adelante, como intereses y capital o como dividendos, que significa disminución de pagos o ganancias regulares para los participantes de la empresa.

Otro aspecto relevante es que la recuperación de la inversión no es segura, como tampoco los beneficios. Es usual que los empleados trabajen por sumas fijas y periódicas, pero los ingresos del empresario son a riesgo. De hecho, en muchas ocasiones, sobre todo con Pymes, los empleados ganan más que el patrón. Eso de que el empresario es un magnate es irreal, más cuando el 98 por ciento de las firmas son Pymes (informe de Ucema Pymes). Es como la queja al comparar los ingresos de los futbolistas y de los maestros para denunciar la injusta desigualdad de la sociedad consumista. Nada que ver. Falla al cotejar estrellas contra docentes promedio. El futbolista promedio gana menos que los maestros; véase la Liga Tucumana.

Ahora bien, la función empresarial tiene varios aspectos. ¿Puede cubrirlos cualquier persona? No. Hay que tener ideas, vocación y capacidad, incluyendo el ánimo de asumir riesgos, de poner en juego los activos propios. En ese sentido los empresarios son más escasos que los trabajadores y eso influye en la diferencia de ingresos, cuando hay éxito. Y sin embargo la empresarialidad está bastante extendida. Todo cuentapropista es un empresario. Claro, hay de todo. Desde personas con espíritu independiente (aunque eligen tener a los consumidores como jefes) hasta quienes pasan por problemas laborales pero no se rinden y no quieren planes (o sólo planes) ni ser delincuentes; quienes tienen aspiraciones para sí o para sus hijos y entienden que la dignidad no pasa sólo por las cosas (menos si las “regala” un político). El problema son las condiciones para prosperar.

El punto no es menor. Para considerar uno de sus aspectos se pueden tomar las empresas formales con al menos un empleado en blanco. Surge de datos del Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial, del Ministerio de Capital Humano de la Nación, que donde hay más empresas por habitante son menores los porcentajes de población con necesidades básicas insatisfechas. Más densidad empresarial significa mayor demanda por mano de obra y con ella mejores salarios, como también más recaudación impositiva y por lo tanto un Estado en mejores condiciones de brindar educación, salud e infraestructura, y además un entramado empresarial complejo genera un ambiente atractivo para nuevas inversiones.

En Argentina la cifra ronda doce empresas cada mil habitantes, pero en el norte de CABA, interior de Buenos Aires, centro y sur de Santa Fe y este de Córdoba y La Pampa el piso es de 20 empresas cada mil habitantes, mientras que en todo el norte el techo no llega a diez. Puntualmente, Tucumán 6,8. Claro que el número de firmas sigue al ciclo económico, pero entonces cabría preguntarse si la economía provincial se mueve distinto que la nacional y por qué, o si la facilidad para crear empresas es diferente. Cuestión esta última válida en general, porque si Argentina tiene 12,1 empresas cada mil habitantes, México muestra 40,4, Uruguay 61,5 y la UE 72,1. Y en los últimos 30 años la brecha se mantuvo. No es sólo el ciclo, también el lastre para formalizar, como trámites, impuestos y costos laborales.

Claramente las empresas son necesarias, y si la nueva ley ayuda a mejorar las condiciones para formalizar empleados o contratar nuevos entonces favorece a los trabajadores. Aunque para crearlas hacen falta empresarios. Quienes sostengan que no, tienen vías legales para demostrarlo. Una, impulsar una cooperativa. Todos iguales, aun si lo que arriesgan, hacen y rinden es diferente. Alcanza con conseguir asociados. Otra, armar alguna figura corporativa, como una SA, pero repartir ganancias igualitarias. Nada les impide hacerlo.

Eso sí, necesitan capital, pero pueden ahorrar y aportarlo. Así apreciarán la importancia del sacrificio previo y la opción del ahorro como relevante para la vida económica, no sólo el consumo. También pueden pedir prestado. Los bancos no tienen ideología, y si la cooperativa ofrece un buen proyecto será financiada. Y como sea, deberán enfrentar la burocracia para formalizar y mantener en marcha la organización, pagar impuestos, servicios, retribuciones y aportes y respetar los convenios laborales. Probablemente aprenderán así que si las firmas no ganan no contratan y que si ganan poco contratan poco. No se trata de dar privilegios a los empresarios, como subsidios y protección, sino de ser realistas.

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