Management: el error de administrar a corto plazo

Cuando toda la energía está puesta en sobrevivir, muchas organizaciones dejan de preguntarse hacia dónde quieren ir.

Management: el error de administrar a corto plazo

En Argentina, administrar el corto plazo parece una obligación. La inflación, la incertidumbre, la presión impositiva, los cambios regulatorios y la volatilidad económica obligan a empresarios y directivos a resolver problemas urgentes todos los días.

El desafío aparece cuando la urgencia reemplaza completamente a la estrategia.

Muchas empresas terminan funcionando como una guardia permanente: apagando incendios, reaccionando, resolviendo lo inmediato. Y aunque esa dinámica puede sostener la operación durante un tiempo, rara vez construye organizaciones sólidas y sostenibles.

El problema del corto plazo no es solamente financiero. Es cultural.

Cuando una organización vive enfocada exclusivamente en el día a día, en clave de acción /reacción, comienzan a aparecer señales silenciosas pero peligrosas:

• Se postergan inversiones importantes,

• Se descuida la capacitación,

• La calidad de la comunicación se deteriora.

• No se desarrollan líderes,

• Se deterioran procesos,

• Se pierde foco estratégico,

• Y las decisiones empiezan a tomarse únicamente desde la presión y no desde la visión.

Sin embargo, pensar estratégicamente no significa ignorar la coyuntura. Un buen líder también debe gestionar el corto plazo. Debe cuidar la caja, preservar la rentabilidad, ordenar los procesos, mantener la cercanía con clientes, sostener la motivación de los equipos y reaccionar rápidamente frente a los cambios del contexto.

La diferencia está en no quedar atrapado únicamente en esa lógica.

El liderazgo moderno exige convivir con dos responsabilidades al mismo tiempo: resolver el presente y construir el futuro. Las empresas necesitan líderes capaces de administrar la urgencia sin perder dirección.

Paradójicamente, las organizaciones que logran atravesar mejor los contextos difíciles suelen ser aquellas que, aun en escenarios complejos, conservan capacidad de pensar el largo plazo, se podrían identificar como “empresas resilientes”

Porque crecer no depende únicamente de vender más. También depende de construir estructura, cultura y dirección.

Las organizaciones más valiosas entienden que hay decisiones cuyos resultados no aparecen en el próximo balance, pero determinan el futuro del negocio:

• Incorporar talento alineado a los valores de la empresa,

• Invertir en tecnología,

• Profesionalizar la gestión,

• Generar información confiable para decidir,

• Desarrollar mandos medios,

• Construir, fortalecer y sostener vínculos de confianza con clientes y equipos.

Nada de eso genera resultados inmediatos. Pero todo eso genera empresas más fuertes.

En los últimos días, además, volvió a instalarse un tema que merece una reflexión profunda: el crecimiento del pluriempleo. El fenómeno, abordado recientemente por La Gaceta, refleja una realidad cada vez más frecuente en muchos sectores: profesionales y trabajadores que necesitan multiplicar sus fuentes de ingresos para sostener su economía personal.

Sin embargo, detrás de esa aparente solución de corto plazo y que en algunos casos resuelve la problemática económica, también representa riesgo, tanto para las personas como para las organizaciones. El exceso de carga laboral suele generar agotamiento, pérdida de foco, menor productividad y dificultades para construir compromiso genuino con los equipos. Y desde el lado empresario también aparece un desafío importante: cuando las compañías no logran construir propuestas de valor atractivas, ambientes de desarrollo y perspectivas de crecimiento, el vínculo laboral comienza a debilitarse.

El “core” del negocio

Las personas son el verdadero corazón del negocio. Y para que una empresa crezca con armonía, no alcanza solamente con incorporar talento; es fundamental generar contextos donde ese talento pueda proyectarse, comprometerse y desarrollarse en el largo plazo.

Existe además otro riesgo importante en la lógica del corto plazo: la pérdida de propósito. Cuando toda la energía está puesta en sobrevivir, muchas organizaciones dejan de preguntarse hacia dónde quieren ir. Invertir seriamente en formar, fortalecer los equipos directivos y desarrollar verdaderas habilidades de gestión, son alternativas que pueden ser muy eficientes ante la realidad de la empresa hoy.

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