La carrera de Bibliotecario Escolar suma más adeptos en la Argentina. (Imagen web)
Aunque la inteligencia artificial inunda los pronósticos laborales y advierten que los estudios académicos deben volcarse a la lógica de las computadoras, hay vaticinios que aún celebran lo analógico y los roles inclusive milenarios. Atentos a aquellas predicciones, algunas instituciones registran una ola de estudiantes decididos a formarse en la carrera universitaria de bibliotecario.
En la Universidad Pública de Mar del Plata, las planillas de ingresantes demostraron una tendencia que sorprendió a los directivos y que también les plantea un gran desafío. Este año, la carrera de Bibliotecario Escolar rompió los récords en cantidad de inscriptos. Para la segunda semana de febrero y a pocos días del cierre de la matrícula, los números alcanzaban los 5000 anotados.
Flexibilidad y nuevos perfiles en la carrera de Bibliotecario Nacional
Este trayecto formativo se posicionó como una oferta atractiva para cientos de estudiantes por su flexibilidad horaria, su duración de tan solo tres años y la posibilidad incluso de conectarse de forma remota. Andrés Vuotto, Director del Departamento de Ciencias de la Información de la Universidad Nacional de Mar del Plata (Unmdp), advirtió que existen diferentes causas para estas estadísticas, destacando la modalidad a distancia que se disparó en la pandemia, los nulos costos y la salida laboral que propone.
“La modalidad a distancia permitió llegar a cada rincón del país. Y obviamente es gratuita. También es cada vez más elegida para formarse por las modalidades de trabajo, más freelance, la gestión de información, en un momento de apogeo desde lo profesional. La cursada semanal tiene un mix, que sería por videoconferencia —que son los menos y no son obligatorios— y también algunos que estudian de noche. Son cuestiones que explican el porqué de este crecimiento”, afirmó al medio 0223.
El desafío de la masividad en la universidad
En diálogo con el medio mencionado, el licenciado recordó que “el año pasado hubo unos 2.000 y ahora estamos en 5.000 matriculados… hubo un crecimiento exponencial. Aunque cuando empiezan las clases, desciende a la mitad y eso pasa también en el resto de la universidad. Igualmente nos asombra y nos llena de retos”, resaltó.
Los perfiles de los estudiantes incluyen a jóvenes y adultos, que buscan ampliar sus funciones en las instituciones, hallar una mejor salida laboral, un esquema laxo y la posibilidad de vincularse virtualmente. “Tenemos estudiantes desde La Quiaca a Ushuaia, de los pueblitos más recónditos de la Argentina. Para dar un ejemplo, hay chicos que se conectan con la computadora del comisario del pueblo. O a través de una que obtuvieron por el Conectar Igualdad. Y nos cuentan cosas que son muy movilizantes para nosotros”, admitió el docente.
Salida laboral y validación internacional del título de Bibliotecario Escolar
En cuanto a la inserción profesional, más allá del entorno educativo, que incluye trabajar en escuelas primarias, secundarias o terciarias, Vuotto manifestó que el sector privado cada vez requiere más del expertise de un bibliotecario por el nivel de conocimientos adquiridos. “Hay centros de investigación, empresas e industrias que tienen que tomar decisiones en base a saberes. Y también en la carga de datos especializados. Si bien no se aprende Programación, sí habilidades en torno a las bases de datos”, dijo.
“El título habilita a todo campo nacional, está homologado por los países del Mercosur. Un dato importante es que, según jurisdicción, hay provincias –como Buenos Aires– donde te piden título bibliotecario escolar y capacitación docente –denominado Tramo– para trabajar en el sector educativo. Incluso algunos han tenido que irse a vivir a España y siguen estudiando porque luego tramitan la homologación de título para ejercer en ese país. Geográficamente, no hay limitaciones para estudiar”, aseguró.



















