¿Por qué no alcanza el sueldo si la inflación está bajando en Argentina?
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La desaceleración de la inflación en Argentina expone que los sueldos siguen sin alcanzar debido al fin de la 'ilusión monetaria' y la persistente pérdida de poder adquisitivo.
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Durante años, los aumentos nominales por alta inflación daban una falsa sensación de recomposición, pero hoy la caída del consumo y el pluriempleo exponen la crisis real.
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La falta de recomposición real mantendrá el consumo estancado y obligará a más trabajadores al pluriempleo, redefiniendo las futuras demandas salariales en el país.
Durante años, los argentinos convivieron con una rutina que parecía inevitable: los precios subían, pero también llegaban aumentos de sueldo, ajustes de honorarios o actualizaciones de ingresos que daban una sensación momentánea de alivio. Aunque la inflación terminaba erosionando rápidamente ese efecto, existía una percepción de mejora cada vez que el ingreso nominal volvía a subir.
Para el economista Fernando Marengo, una parte del desconcierto que atraviesan hoy muchos trabajadores tiene que ver con la desaparición de ese fenómeno.
"En un proceso inflacionario te ajustan el sueldo cada tres meses y esa recomposición te genera una falsa sensación de mejora inmediata", explica. "Al mes siguiente la inflación ya te comió el poder de compra, pero el mecanismo funcionaba en la cabeza de la gente".
La economía llama a ese fenómeno "ilusión monetaria": la tendencia a evaluar los ingresos en términos nominales y no por su capacidad real de compra.
Según Marengo, el cambio de escenario económico dejó al descubierto una realidad que antes quedaba parcialmente oculta detrás de la dinámica inflacionaria.
"Hoy, con la baja de la inflación, esa ilusión desapareció. Quedó al descubierto la cruda realidad porque si el sector o la empresa donde trabajás no es productiva, tu retribución salarial se deteriora", sostiene.
La afirmación ayuda a explicar una sensación que aparece con frecuencia en las conversaciones cotidianas. Aunque la inflación desaceleró respecto de los niveles extremos que registró Argentina durante los últimos años, muchas personas no perciben una mejora equivalente en su situación económica.
El motivo, según el economista, es que la reducción de la inflación no genera automáticamente una recuperación del salario real.
Durante años, la aceleración constante de precios ocultó problemas estructurales vinculados a la productividad, la competitividad y la capacidad de las empresas para generar ingresos suficientes que permitieran sostener mejores remuneraciones.
"La inflación es una forma de esconder ineficiencias", plantea Marengo.
En ese contexto, la estabilización económica produce un efecto paradójico. Lo que desaparece no es solamente la inflación alta, sino también algunos mecanismos que disimulaban los problemas de fondo.
Por eso, la discusión sobre los salarios deja de girar exclusivamente alrededor de las paritarias o de la evolución mensual de los precios. La pregunta pasa a ser cuánto valor es capaz de generar una economía para sostener mejores ingresos en el tiempo.
Para Marengo, allí aparece uno de los principales desafíos de la Argentina.
"Si el sector o la empresa donde trabajás no es productiva, tarde o temprano eso se refleja en los salarios", señala.
La situación resulta especialmente visible en economías regionales donde conviven actividades muy dinámicas con otras que enfrentan dificultades para crecer o incorporar tecnología.
El resultado es una creciente heterogeneidad. Mientras algunos sectores logran mejorar ingresos y mantener niveles de rentabilidad, otros encuentran mayores obstáculos para trasladar mejoras salariales de manera sostenida.
Esa diferencia también ayuda a entender por qué dos trabajadores con niveles de formación similares pueden experimentar realidades económicas completamente distintas.
En definitiva, la baja de la inflación puede ser una condición necesaria para recuperar el poder adquisitivo, pero no alcanza por sí sola.
"¿Se puede recuperar el salario real? Definitivamente sí", afirma Marengo. Sin embargo, aclara que el desafío requiere algo más profundo que la estabilidad de precios.
"La única respuesta es crecer de manera sostenida durante 10, 15 o 20 años, cosa que hicieron Chile, Brasil, Colombia o Perú", sostiene.
Por eso, detrás de la sensación de que el sueldo sigue sin alcanzar aparece una discusión mucho más amplia que la inflación. Una discusión sobre productividad, inversión y crecimiento económico.
Y quizás esa sea la principal enseñanza que deja el fin de la ilusión monetaria: cuando desaparecen los mecanismos que distorsionan la percepción, los problemas estructurales quedan mucho más expuestos. Y resolverlos se vuelve inevitable.

























