EN ACCIÓN. Kevin López le cambió la cara al "Santo" y brindó la asistencia para el 1 a 0.
Muchas veces los partidos funcionan como una prueba incómoda pero necesaria. No siempre dejan respuestas inmediatas ni resultados tranquilizadores, aunque sí ofrecen señales claras sobre aquello que debe modificarse para crecer. El empate entre San Martín y Deportivo Maipú encaja perfectamente en esa categoría: un encuentro que terminó sumando en el marcador, pero que sobre todo expuso aspectos que el equipo necesita corregir si pretende consolidarse.
Eso fue, justamente, lo que le ocurrió a Andrés Yllana en La Ciudadela. El primer tiempo dejó al “Santo” dos goles abajo y con una sensación preocupante desde lo futbolístico. Mientras los silbidos bajaban desde las tribunas, el entrenador tomó nota en su libreta y entendió que debía intervenir. Hasta ese momento, su equipo carecía de una idea clara de juego, mostraba escasa generación colectiva y prácticamente no encontraba sorpresa en ataque.
El planteo inicial nunca terminó de consolidarse. El sistema elegido quedó atrapado en una zona indefinida: sin solidez para defender ni conexiones para atacar. Deportivo Maipú, en cambio, interpretó rápidamente el desarrollo del partido y explotó una debilidad evidente: los espacios a espaldas de los laterales. Así llegaron los goles de Lucas Faggioli y Mirko Bonfigli, dos acciones que reflejaron problemas en el retroceso y en las coberturas defensivas.
Durante toda la primera mitad, San Martín fue un equipo inconexo. El medio campo se mostró estático, los extremos no lograron generar desequilibrios y los laterales casi no participaron en ofensiva. La pelota circuló más por el aire que a través de asociaciones pensadas y cada avance terminó siendo aislado, sin continuidad ni profundidad. El resultado parcial no sorprendía a nadie porque el local prácticamente no había inquietado al arquero rival.
Sin embargo, el partido cambió desde el vestuario. Yllana entendió que debía modificar piezas para alterar la dinámica del juego y apostó por los ingresos de Lautaro Ovando y Kevin López. Ambos se sacaron las pecheras en el inicio del complemento y transformaron el desarrollo del encuentro. Las salidas de Santiago Briñone y Benjamín Borasi le otorgaron mayor frescura a la mitad de la cancha, además de una combinación distinta entre pausa y velocidad.
López aportó criterio para enlazar pases y ordenar los avances, mientras que Ovando interpretó rápidamente dónde estaba la oportunidad del partido. Con mayor movilidad y decisión ofensiva, el equipo comenzó a empujar a Maipú contra su propio arco y encontró energía donde antes había desconcierto. No fue solamente un cambio de nombres, sino también de actitud y ritmo.
“Con el ingreso de Kevin buscamos un poco de fútbol… creíamos que había que hacer superioridad por dentro, juntar un par de pases más en el medio y darle la posibilidad al equipo de subir más jugadores a campo rival. Y creo que lo conseguimos”, dijo Yllana sobre el ex Atlético y también se refirió al ingreso del delantero. “Benjamín (Borasi) es un jugador que juega más por banda… Ovando; más por dentro y también es rápido. Esas son las características y fue lo que intentamos cambiar. La verdad no lo sé qué hubiera pasado si ponía a Ovando antes”, analizó el DT.
A ese ajuste se sumó otro detalle clave: durante el segundo tiempo los laterales pasaron al ataque con mayor convicción. Lucas Diarte y Víctor Salazar dejaron de ocupar posiciones conservadoras y comenzaron a proyectarse con frecuencia. Precisamente desde una de esas subidas llegó el empate. Diarte envió un centro preciso y Ovando anticipó en el área para definir con el pecho, una acción que desató el alivio colectivo y confirmó la reacción del equipo.
El 2-2 terminó construyéndose más desde el empuje emocional que desde un funcionamiento consolidado, y allí aparece la principal lectura que dejó la tarde. San Martín mostró carácter para revertir un escenario adverso, pero todavía depende demasiado de impulsos individuales y no de una estructura futbolística sostenida.
La nueva oportunidad que se le presenta a San Martín
En ese sentido, el parate del fútbol argentino dispuesto por la AFA en medio de su conflicto con el Gobierno puede convertirse en una oportunidad valiosa. El tiempo sin competencia le permitirá a Yllana analizar variantes, evaluar modificaciones en el “11” titular y, además, recuperar soldados importantes. Nahuel Gallardo, Leonardo Gastón Monroy, Elías López y Matías García están en la etapa final de sus recuperaciones y el entrenador tendrá la última palabra sobre cómo reconfigurar el equipo.
También será un momento propicio para que quienes aprovecharon sus minutos comiencen a disputar un lugar desde el rendimiento. Los ingresos contra el “Botellero” dejaron en evidencia que la competencia interna puede transformarse en una herramienta clave para elevar el nivel colectivo.
Recién transcurrieron tres fechas y, aunque el hincha manifestó su impaciencia tras un primer tiempo preocupante, todavía resulta prematuro sacar conclusiones definitivas. Los torneos largos suelen construirse a partir de procesos, ajustes y aprendizajes que aparecen justamente en partidos como este.
El empate evitó una derrota incómoda, pero sobre todo dejó una enseñanza. San Martín demostró que tiene reacción y rebeldía para levantarse en la adversidad; ahora el desafío pasa por encontrar funcionamiento, identidad y regularidad. Porque si logra empezar los partidos con la misma intensidad con la que supo terminarlos, el punto contra Deportivo Maipú podría convertirse, con el tiempo, en el inicio de una mejora y no simplemente en una advertencia.


















