Recuerdos fotográficos: Aráoz de La Madrid, “El diablo de las vidalas”
En este espacio de “Recuerdos” procuramos revivir el pasado por medio de imágenes que se encuentran guardadas en ese tesoro que es el Archivo de LA GACETA. Esperamos que a ustedes, lectores, los haga reencontrarse con aquellos momentos y que puedan retroalimentar con sus propias memorias esta sección que les brindamos día a día.
“Ese bravo La Madrid,/ entre hombres de su gauchaje,/ cantando una vidalita/ les afilaba el coraje”, dicen las “Vidalitas de La Madrid”, que evocan esa característica del guerrero tucumano Gregorio Aráoz de La Madrid de animar a su tropa, siempre hambrienta y en constantes luchas.
De la vida de ese intrépido tucumano se ocupó la película “El diablo de las vidalas” (1951), producida por Pedro “Perico” Madrid, descendiente del general. Sobre las vicisitudes del filme, que fue levantado de cartelera apenas estrenado por el censor nacional Raúl Apold, se informó en la reciente nota “El primer largometraje tucumano” de José María Posse (01/03). En la imagen que adjuntamos se ve al protagonista, Francisco de Paula, y a la actriz Amanda Varela, en los roles de La Madrid y de su mujer Luisa Díaz Vélez. En LA GACETA del 07/12/1949 se da cuenta del argumento de la película, relatado por el mismo “Perico” Madrid. Componía el núcleo argumental sobre un aspecto de la vida de La Madrid: su romance con Luisa, y allí engarzaba “posibilidades psicológicas tensas con situaciones de aventuras, caracterizadas por un modo romántico de hacer la guerra”. Quería el argumentista que se fijara en la pantalla “la historia de uno de los hombres más dinámicos y de temple que se conocen en la historia argentina'’. En sus “Memorias” el general da cuenta de cómo su oficio guerrero opacaba su vida familiar y aunque poco habla de Luisa, dice que lo “celaba con la patria”. En su Prólogo” a las “Memorias”, Carlos Páez de la Torre (h) comenta que “cuando, en 1831, el general Javier López y el gobernador José Frías no la tuvieron en cuenta a la hora de poner a salvo sus familias, en vísperas de La Ciudadela, (La Madrid) confiesa que el injustificable descuido le arrancó lágrimas. Igual ocurre cuando la ve llegar, cargando los chicos y vestida con sólo ‘lo puesto’, después de haber sufrido las mortificaciones y los atropellos de Facundo Quiroga”.
Así fue que al primer hijo, Gregorio, lo conoce en 1821, semanas después de nacido: “me lo presentó su madre por la ventana de la sala, al pasar, y le di un beso de a caballo”.
La película, como narra Posse, desapareció y en los 75 años que han pasado no se supo que hubiese alguna copia escondida. Hablaba del “Diablo de las vidalas”, que sentía orgullo de su entrega por la patria, y así les componía a los soldados: “Constancia, bravos riojanos,/ que aunque no haya qué comer,/ prometen los tucumanos/ morir todos o vencer”. Y así lo marcan las “vidalitas”: “Cuando La Madrid cargaba/ haciendo temblar el suelo,/ sus vidalitas famosas/ oficiaban de señuelo. // Cosa que sucedería/ en no pocas ocasiones,/ pues llegó a tener el cuero/ bordado de costurones “ (…) “Apadrinando de nuevo/ sus pasados entreveros,/ habrá creído escucharlas/ en sus momentos postreros”.
Añadimos un dibujo de perfil de los años mozos de La Madrid, de 1841, hecho por el pintor Juan Mauricio Rugendas.





















