IMPONENTE. El piletón del Parque Avellaneda, aunque sin el uso específico para el que se creó, sigue siendo una joya.
El casi postulado de “hay que andar 10.000 pasos al día para cuidar el corazón” empieza a ser matizado por la ciencia. El número cambia y se vuelve más realista con una propuesta más general e igual de efectiva comparada al ejercicio estructurado: subir y bajar unos cuantos escalones.
El estudio recopiló los datos médicos de más de 480.000 personas de todo el mundo y, para sorpresa de nadie, concluyó que subir escaleras se asocia con un mejor estado de salud y, en general, con una vida más larga.
Los beneficios de subir escaleras cada día concentran una de las claves para una vida más larga y saludable, según evidencias recientes recogidas por The Washington Post.
La simple acción que muchos evitan usando un ascensor mejora directamente la salud cardiovascular y muscular. Incorporarlo no es tan complejo, porque no hay necesidad de equipamiento ni planificación especial.
Muchos pensarán que hay que vivir en un edificio para poder bajar y subir escalones. No hay pretexto para aprovechar el beneficio científico. En la ciudad hay varios lugares en los que las escaleras son públicas, tienen cantidad variada de escalones y tramos agrupados.
En la lista se apunta el puente de Avenida Mate de Luna al 1600. El monumento que es una continuación del de Bicentenario que está a pocos metros, cuenta con una estructura de escaleras que permiten subir a diferentes niveles de la plataforma que permite el acceso al puente.
En el Parque 9 de Julio, sobre todo en la zona del Rosedal y el Lago, hay pequeñas escalinatas de piedra y concreto. Son escaleras cortas que sirven para salvar los desniveles del terreno del parque y son de acceso libre. Las tribunas del ex autódromo son un clásico para entrenarse en este sentido.
Más hacia el microcentro, las escalinatas de acceso a los edificios que rodean la plaza principal funcionan como espacios públicos de reunión, al estilo “sala de espera urbanas”, pueden servir para el ejercicio. Siempre con respeto porque son accesos exclusivos para quienes hacen trámites y realizan trabajos públicos por lo que son prioritarios en esos sectores y no los deportistas.
Una opción deslumbrante, pero más alejada y que requiere vehículo para subir y bajar el majestuoso tramo de escalinatas es el cerro San Javier. En el Cristo Bendicente la escalera comienza en la base del monumento, a centímetros de la ruta. También se obtiene una panorámica de toda la ciudad de San Miguel. El parque Avellaneda también ofrece una opción pintoresca porque el piletón está rodeado de escaleras de más de 10 escalones y en la pileta, además de un escenario, se construyeron escaleras para “salvar” el desnivel.
Los expertos insisten en que la clave no es la cantidad de tiempo invertido, sino la intensidad del movimiento. Subir escaleras, caminar rápido o realizar gestos que eleven la frecuencia cardíaca constituyen el eje de estos beneficios. En síntesis: cualquier actividad física vigorosa, aunque sea breve o no planificada, suma beneficios para el organismo.
Un minuto de esfuerzo intenso puede proteger contra infartos y reducir la posibilidad de desarrollar diabetes tipo 2, en niveles similares a 90 minutos de actividad ligera.
Desde el punto de vista de la circulación, este movimiento actúa como una bomba natural. Al contraer rítmicamente los músculos de las pantorrillas y los muslos para elevar el peso del cuerpo, se facilita el retorno venoso desde las extremidades inferiores hacia el corazón. Este mecanismo es fundamental para combatir problemas frecuentes en la tercera edad, como la hinchazón de piernas, la retención de líquidos y la aparición de várices, manteniendo el sistema circulatorio fluido y activo.
¿Cuándo el riesgo supera al beneficio?
Al ser una actividad de alto impacto para las articulaciones y de alta demanda cardíaca, existen situaciones específicas donde el riesgo supera al beneficio. Subir y bajar escaleras debe ser evitado cuando hay problemas articulares preexistentes porque el movimiento genera una carga significativa en rodillas, tobillos y cadera.
Si hay hipertensión no controlada, arritmias, insuficiencia cardíaca también sin supervisión médica subir escaleras es contraproducente porque eleva la frecuencia cardíaca mucho más rápido que caminar en llano. También si se padece de asma severa o EPOC, ya que el esfuerzo puede provocar una crisis de falta de aire (disnea) súbita.
Una visión periférica reducida, dificulta calcular la profundidad del escalón. En casos de obesidad importante, la presión sobre las rodillas al subir escaleras se multiplica (puede llegar a ser de tres a cuatro veces el peso corporal por cada paso). En estos casos, es mejor empezar con caminatas en plano o natación para proteger los cartílagos mientras se reduce el peso.
EN AVENIDA MATE DE LUNA. El puente tiene escalinatas a sus costados.
EN EL LAGO. Una de las zonas del parque 9 de Julio que tiene escalinatas es la del Lago.
ELEGANTE. El frente del Museo de la Universidad Nacional de Tucumán tiene una escalera.
CORAZÓN DE LA CIUDAD. A veces la escalinata de la Casa de Gobierno está vallada.




















