Francisco "Negro" Ruiz, la leyenda viva de Atlético Tucumán: su carrera, el vínculo con Maradona y cómo ve al fútbol de hoy
Con 375 partidos sobre el lomo, el histórico arquero repasa su era de gloria, sus duelos con Diego Armando y el sentido de pertenencia que lo une al club. "Mi recuerdo sigue vivo en la gente", asegura.
LEYENDA ETERNA. Francisco Ruiz posa orgulloso con la placa de reconocimiento que Atlético Tucumán le otorgó en honor a su inigualable trayectoria. El histórico arquero, segundo jugador con más presencias en el club, recibió a LA GACETA en la intimidad de su hogar, rodeado del afecto de su familia. MATIAS VIEITO / LA GACETA
Sentarse a charlar con Francisco Ruiz es desandar la historia viva de Atlético Tucumán. Con 375 presencias, "Negro" es el segundo jugador con más partidos en la historia del "Decano", sólo superado por los 391 de Guillermo Acosta. En un diálogo profundo con LA GACETA, el histórico arquero repasó los hitos de su carrera, recordó la mística de aquella magnífica generación de los '70 y reflexionó con autoridad sobre la actualidad deportiva de la institución.
- ¿A qué edad y por qué decidió que su lugar en el mundo era el arco?
- De chico se jugaba mucho en el barrio. Venían y me decían: "Negro, tenés que venir a jugar con nosotros". Se jugaba por mucha plata en esos tiempos. Tuve la suerte de debutar rápido en Primera, a los 14 o 15 años, en Tucumán Central. Venía de jugar con los grandes en los campeonatos del barrio en los que se apostaba dinero. Ahí tenés que ganar o ganar y aguantártela. Soy clase 51, imaginate. A los 15 años ya estaba fogueado, no tenía miedo.
- ¿Y por qué eligió los tres palos?
- Jugaba de "9", pero pasaba que cuando me ponían en el arco atajaba a todos. Un día en Tucumán Central se lesionó el arquero y fui yo. Había un hombre que sabía mucho, y me preguntó si me animaba. Empecé, me salieron bien las cosas, me gustó y le di para adelante.
- ¿Su llegada a Atlético Tucumán fue directa desde Tucumán Central?
- No. De Tucumán Central me pidió San Martín para un Nacional. En esa época el técnico era Luis Pentrelli. Tuve la suerte de jugar con grandes compañeros, porque Tucumán Central siempre fue un semillero.
- ¿Siente que hoy los clubes grandes han dejado de mirar el talento del fútbol tucumano?
- No sólo pasa acá, sino en todos lados. A veces los técnicos no ponen al jugador local porque prefieren traer a uno de afuera. Hay que mejorar eso. El chico de acá tiene talento, pero hay que cuidarlo. Si no tenés conducta, no llegás. En los clubes tiene que haber gente que haya vivido el fútbol y conozca el vestuario. Si nunca jugaste, ¿cómo vas a enseñar?
- ¿Cómo se gestó finalmente su desembarco en el "Decano"?
- Cuando terminé el préstamo en San Martín estaba negociando para quedarme, pero esa misma semana llegó un directivo de Atlético a Tucumán Central. Me llamó y me dijo: "¿Usted quiere jugar en Atlético? Venga, cámbiese ya y vamos". Así fue mi llegada en 1970. Jugué 12 años seguidos en el club y me convertí en el jugador con más partidos en la historia de la institución.
- ¿Cómo se sentía compartir el día a día con las figuras de aquel equipo de los años 70?
- Nos llevábamos muy bien porque había mucho respeto. Había un encargado técnico, pero nosotros ya sabíamos qué hacer. Teníamos un orden; yo en el arco, Ricardo Villa en el medio y el "Negro" (Raúl) Agüero arriba. Éramos la voz de mando. Si yo veía que las cosas no iban, ordenaba desde atrás. Lo que nosotros decíamos se hacía, por eso al equipo le iba tan bien. También teníamos a "Lito" (Antonio Orlando) Espeche, "Kila" (Raúl) Castro, Santillán (Horacio). Acá vinieron todos los grandes y les ganábamos. Nos respetaban porque sabían que Atlético tenía jugadores de gran nivel.
- Le tocó enfrentar a Diego Maradona en el Monumental. ¿Qué recuerdo tiene?
- Una jugada espectacular contra Argentinos Juniors... Cobraron un tiro libre cerca del área y armé la barrera con seis o siete hombres. Cuando pateó el Diego, lo único que hice fue mirar, porque el último hombre de la barrera bajó la cabeza y la pelota pasó por ahí. Fue impresionante. Él no tocó una pelota en todo el partido, pero esa que tuvo la mandó a guardar. Era un espectáculo verlo.
FAMILIA. El ex arquero sostiene una camiseta de Diego Maradona mientras posa junto a Emanuel Ruiz, uno de sus hijos. MATIAS VIEITO / LA GACETA
- Existe un debate generacional constante entre el equipo de los 70 y el que jugó la Copa Libertadores. ¿Usted cómo lo vive?
- Nosotros jugábamos y la gente sabía que íbamos a ganar. Hicimos cosas extraordinarias y el hincha se iba satisfecho. Hoy lo económico cambió todo. Nosotros cobrábamos bien, pero no lo que se paga hoy. Antes se jugaba más por la camiseta, había otro sentimiento.
- Si tuviera que elegir un hito, ¿Cuál fue el momento más especial de su carrera?
- Simplemente haber llegado. Jugué en muchos equipos y estuve en la Selección Argentina del Interior con (César Luis) Menotti. Él me dejó muchas enseñanzas positivas.
- ¿Cómo describiría su estilo bajo los tres palos?
- Mis virtudes eran la potencia física y la elasticidad. No era tan alto, pero trabajaba mucho para suplir eso. Volaba y la pelota me quedaba en las manos. Hoy cambió mucho el puesto; ahora se juega más con los pies y se cometen errores por exceso de confianza. Antes, el arquero tenía que mandar. Yo seguía mucho al "Pato" Fillol y tenía un estilo similar al de él.
VUELO ETERNO. Francisco Ruiz en una de sus clásicas intervenciones durante la década del 70. Su elasticidad y potencia de piernas compensaban su estatura, convirtiéndolo en un arquero imbatible en el juego aéreo del Monumental.
- ¿Qué técnica aplicaba en el mano a mano con el delantero? ¿En qué se fijaba antes del remate?
- Observaba mucho al delantero durante el partido: cómo le pegaba, si era zurdo o derecho y cuál era su perfil preferido. Y algo fundamenta, "marcaba" el arco. El arco mide 7,32 por 2,44. Yo ponía un pedacito de algodón en el área chica para saber siempre dónde estaba el centro del arco. Así, cuando venía un centro, sabía exactamente a qué distancia estaba de cada palo sin tener que mirar hacia atrás. Son secretos que te ayudan un montón.
- ¿Quién fue el delantero más difícil que enfrentó?
- Carlos Bianchi en Vélez, Mario Kempes... Había que estar muy atento para que no te sorprendieran. El "Cabezón" Villa también era impresionante. Tenía una potencia física y un chasis que se los llevaba puestos a todos. Le dabas la pelota y era imposible sacársela; tenían que voltearlo entre tres para frenarlo.
- ¿Encuentra en el fútbol actual algún arquero que refleje su estilo?
- Me gusta mucho lo que hace el "Dibu" (Emiliano) Martínez. Es alguien que ordena y habla con su defensa. Eso es lo que falta hoy: diálogo con los defensores. Si el arquero no los ubica, los defensores se distraen. El arquero tiene que estar atento a todo.
- ¿Qué consejo le daría a un joven tucumano que sueña con calzarse los guantes?
- Ganas, disciplina y voluntad para entrenar. La base es la dedicación. Y que busquen a alguien que sepa enseñarles, porque no cualquiera puede entrenar arqueros. No hay que ser cobarde; hay que tirarse, rasparse y aguantar.
- ¿Cómo es hoy la vida de Francisco Ruiz?
- Trabajé siempre en el deporte y estuve en la Municipalidad encargándome de eso. Hoy miro mi carrera y estoy satisfecho. Tengo mi familia, mis tres hijos y mis cuatro nietos; eso para mí es todo. Pero me queda una asignatura pendiente: quiero poner una escuela de arqueros. Me gustaría darles la posibilidad de aprender a los chicos y tengo los contactos para ayudarlos a llegar si tienen condiciones.
- ¿Cómo analiza el presente del club?
- Lo veo bien. Hace poco hicieron un reconocimiento a las glorias del club y fue una satisfacción inmensa. Lo que sí me pone un poco mal es que hace mucho tiempo que no me llaman para nada oficial. Me gustaría estar ligado de alguna forma técnica para dar consejos a los chicos y enseñarles lo que uno sabe de tantos años de vestuario.
- 12 años y más de 300 partidos. ¿Qué balance hace de ese legado?
- Estoy contento por todo lo que hice y, más que nada, por la gente. Que te vean en la calle y con la edad que tengo me pidan una foto es lo más importante. Mi recuerdo sigue vivo. Los padres les cuentan a sus hijos quién fue el "Negro" Ruiz y eso es lo que te queda. Yo a Atlético lo amo.





















