Un recolector de basura ganó más de U$S13 millones en la lotería, lo gastó en fiestas y tuvo que volver a su trabajo
La historia de Michael Carroll, el joven británico que pasó de limpiar calles a vivir rodeado de lujos y excesos. En menos de una década dilapidó toda su fortuna y volvió a empezar desde cero.
LA VIDA DESPUÉS DEL LUJO. Michael Carroll Tiene 41 años, una nueva pareja y trabaja recolectando basura y paleando carbón AP
La vida de Michael Carroll cambió en cuestión de minutos. Tenía 19 años, trabajaba como recolector de basura en Norfolk (Reino Unido) y llevaba una vida marcada por el esfuerzo físico y noches agitadas. Una jugada improvisada en la lotería lo convirtió de golpe en millonario. Menos de una década después, había perdido toda su fortuna.
El día que hizo la apuesta parecía uno más. Carroll se levantó tarde, con resaca de cerveza barata, se duchó y salió a cumplir su jornada limpiando las calles de su ciudad. Exhausto tras el trabajo, pasó por una agencia de lotería antes de ir al pub. Entregó un billete arrugado y dictó los números con cuidado: 5, 28, 32, 39, 42 y 48. El empleado le advirtió que faltaba uno. Carroll se rió y dijo el primero que se le ocurrió: 21.
Esa combinación casual lo convirtió, el 19 de noviembre de 2022, en ganador de 9,8 millones de libras, más de U$S13 millones de entonces, unos U$S23 millones actuales. La prensa británica buscaba desesperadamente al afortunado. Cuando apareció para cobrar el premio, sorprendió por dos motivos: su juventud y la tobillera electrónica que llevaba. Estaba en libertad condicional y tenía antecedentes por peleas, drogas y robos.
Tras las primeras entrevistas, en las que aseguró que su pasado había quedado atrás y que su trabajo como recolector de basura era prueba de su cambio, renunció a su empleo. Pronto su nueva vida quedó expuesta en las fotos de los tabloides: cadenas de oro, anillos en cada dedo, autos deportivos, una moto de gran cilindrada y una gran mansión donde las fiestas parecían no terminar nunca.
Cada semana llegaban camiones con decenas de cajas de champagne que Carroll y su círculo consumían rápidamente. El joven se convirtió en un personaje mediático. Participó incluso en una pelea de boxeo amateur y fue protagonista de un documental sobre su vida. Algunos medios comenzaron a llamarlo “El Gran Gatsby”, en alusión al personaje de la novela de Francis Scott Fitzgerald.
Las celebraciones eran constantes. Según él mismo contó, su jornada empezaba con media botella de vodka y tres líneas de cocaína. Su casa se transformó en una fiesta permanente con decenas de invitados. Carroll aseguraba haber estado con 4000 mujeres, una frase que recordaba a una célebre declaración del cantante Julio Iglesias.
Pero el dinero tampoco lo alejó de los problemas con la ley. Durante sus años de abundancia acumuló cerca de 30 detenciones por exceso de velocidad, resistencia a la autoridad, posesión de drogas, daños a la propiedad y lesiones. Las pocas noches que dormía, muchas veces lo hacía en un calabozo.
Aunque alguien le aconsejó invertir, casi todos los negocios en los que participó fracasaron o terminaron en estafas. También donó cerca de un millón de libras al club de sus amores, el Rangers FC, y repartió sumas importantes entre su madre y sus hermanas.
Con el tiempo, el dinero comenzó a desaparecer. Su esposa lo dejó y muchos de los amigos que lo rodeaban se alejaron cuando las fiestas se terminaron. Intentó salvar parte de su patrimonio vendiendo la mansión y los autos, pero recibió menos de la mitad de lo que había pagado.
Poco después también se quedó sin el dinero de esa venta y fue expulsado del lujoso hotel donde se alojaba. El fondo de reserva que había creado al cobrar el premio ya se había agotado. A comienzos de 2008 estaba completamente arruinado. “Mi dealer conservaba mucho más dinero del premio de la lotería que yo”, llegó a decir. Calculó que más de dos millones se habían ido en cocaína.
Los tabloides volvieron a buscarlo cuando se conoció su caída. Carroll admitió que necesitaba trabajar y expresó su deseo de volver a su antiguo empleo. Durante algunas semanas vivió en una pensión estatal para indigentes hasta que finalmente recuperó un puesto como recolector de basura.
Lejos de mostrarse arrepentido, se mostraba resignado y hasta conforme con lo vivido. “Cuando le das esa cantidad de millones a un chico de 19 años, ¿qué esperás que pase?”, dijo. También reconoció que había gastado gran parte del dinero en fiestas con amigos y mujeres. Su reflexión recordaba a una frase del exfutbolista del Manchester United, George Best: “Gasté mucho dinero en alcohol, mujeres y autos. El resto lo desperdicié”.
Los años siguientes no fueron sencillos. Su expareja le impidió ver a su hijo durante un tiempo, perdió varios empleos por problemas de disciplina, volvió a tener conflictos con la policía y atravesó dos intentos de suicidio.
Con el tiempo logró estabilizarse. Se mudó a un pequeño pueblo de Escocia, donde hoy vive con una nueva pareja. A los 41 años trabaja recolectando basura y paleando carbón. Lleva una vida más ordenada, sin nostalgia por el pasado, aunque cada semana vuelve a intentar la suerte: compra un nuevo boleto de lotería.





















