QUIERE CAMBIAR LA TENDENCIA. Este domingo, San Martín buscará su primer triunfo como local en el año. Foto de Osvaldo Ripoll/LA GACETA.
San Martín llega al duelo del domingo contra Nueva Chicago con una obligación que excede el resultado. Porque no se tratará únicamente de ganar para seguir prendido en la pelea y para sostener el invicto, sino también para empezar a saldar una cuenta que se vuelve cada vez más incómoda: La Ciudadela, ese escenario que durante años supo ser sinónimo de fortaleza, dejó de pesar como antes y hoy aparece como un terreno en el que al “Santo” le cuesta imponerse. En ese contexto, el cruce frente al “Torito” de Mataderos no sólo pondrá en juego tres puntos importantes, sino también la necesidad urgente de recuperar autoridad en casa.
El desafío, entonces, será doble para el equipo de Andrés Yllana. Por un lado, deberá sumar de a tres para sostenerse en la pelea, consolidar su buen arranque y reforzar la confianza de un plantel que todavía busca terminar de afirmarse. Pero, por el otro, también estará frente a la oportunidad de quebrar una tendencia que se fue acentuando con el paso de los meses y que empezó a transformarse en una preocupación: lo mucho que le cuesta ganar en condición de local.
La última vez que San Martín festejó una victoria en La Ciudadela fue el 14 de septiembre, cuando goleó 4-0 a Atlanta. Desde entonces, ya pasaron 179 días, es decir, casi seis meses sin triunfos en casa. En aquel entonces, el equipo era dirigido por Mariano Campodónico y llegaba golpeado por dos derrotas consecutivas, una de ellas justamente en su estadio, frente a Arsenal, por 3 a 0. Aquella contundente actuación frente al “Bohemio” pareció marcar una reacción, pero con el correr de las fechas la recuperación no logró sostenerse y la localía dejó de ser el respaldo que tantas veces supo representar.
Los números de la temporada pasada reflejan con claridad esa dificultad. San Martín disputó 17 partidos en Bolívar y Pellegrini, de los cuales ganó seis, empató ocho y perdió tres. Marcó 17 goles y recibió 12, sumó 26 puntos y alcanzó una efectividad del 50,98%. Las caídas frente a San Miguel, Patronato y Arsenal fueron golpes que dejaron huella, aunque los empates también expusieron una dificultad repetida: al equipo le costó encontrar caminos para destrabar partidos, imponer condiciones y transformar el control territorial en victorias.
Lo llamativo es que, lejos de casa, su producción no fue demasiado diferente. También jugó 17 encuentros como visitante, con seis triunfos, cinco empates y seis derrotas, para una efectividad del 45,10%. Si bien el torneo terminó con Campodónico al frente, durante gran parte del año Ariel Martos había conseguido un rendimiento aceptable fuera de la provincia. La gran deuda, en cambio, siguió estando de local. Fue un problema recurrente del plantel del año pasado, uno que nunca terminó de resolverse y que le puso fin al sueño del ascenso tras igualar con Deportivo Morón.
Tendencia que se repite
Con el correr de los partidos, además, los rivales parecieron entender de qué manera jugarle a San Martín en La Ciudadela. Le cerraron espacios, le quitaron fluidez, le hicieron sentir el peso de la obligación y lo empujaron a partidos incómodos, de trámite enredado. El “Santo”, en ese escenario, muchas veces cayó en la previsibilidad, no tuvo claridad para romper estructuras defensivas y terminó atrapado en desarrollos donde no pudo hacer valer su localía. Esa sensación de que los adversarios “le sacaron la ficha” se convirtió en un síntoma evidente durante el último tiempo.
Sin embargo, no siempre fue así. Si se retrocede a la temporada 2024, la de los 81 puntos bajo la conducción de Diego Flores, el panorama cambia por completo. En ese torneo, San Martín jugó 19 partidos como local, ganó 13, empató cinco y perdió apenas uno. Sumó 44 puntos, tuvo una diferencia de gol de +16 y alcanzó una efectividad del 77,19%.
Algo similar había ocurrido en 2023. En esa temporada, San Martín disputó 18 partidos en su estadio, con 11 triunfos, seis empates y una sola derrota. La efectividad fue del 72,22%, un registro que ratificaba el peso que tenía jugar en Tucumán. Por eso, el contraste con lo ocurrido en el último tiempo resulta todavía más fuerte: no se trata de una dificultad histórica, sino de una caída reciente en un aspecto que durante varios años había sido una de las principales virtudes del equipo.
Esa fragilidad volvió a quedar expuesta en el partido ante Deportivo Maipú. En el primer tiempo, San Martín mostró dudas, le costó hacerse dueño del juego y se fue al descanso perdiendo 2 a 0. Recién en el complemento, a partir del empuje, el orgullo y del doblete de Lautaro Ovando, logró rescatar un empate que al menos evitó una derrota dolorosa.
Por eso, el juego frente a Nueva Chicago tendrá un valor especial. San Martín necesitará apoyarse en el acompañamiento de su gente, que este año volvió a hacerse sentir con mayor fuerza que en la temporada pasada, para transformar ese respaldo en una ventaja real.





















