El River de Coudet mostró las primeras características de su "nueva identidad". Foto tomada de Clarín.
Una pequeña sonrisa, aplausos para celebrar la acción y la mirada concentrada. La reacción de Eduardo “Chacho” Coudet al gol de Sebastián Driussi resume el momento del equipo: el proceso recién está dando sus primeros pasos. Y, como toda reconstrucción de identidad, necesita tiempo y paciencia. Porque todo equipo en construcción vive entre avances y retrocesos. El triunfo 2-1 de River frente a Huracán fue, quizá, la mayor prueba de ello: el “Millonario” comenzó con intensidad, pero no logró sostener ese ritmo durante gran parte del partido.
Coudet sabía que el duelo frente a Huracán sería su primera prueba real. El paro del fútbol argentino del último fin de semana le permitió realizar una breve minipretemporada para empezar a moldear su idea. Está claro: el entrenador pretende un equipo intenso y con ritmo alto. Un estilo con el que dejó su huella en Rosario Central y conquistó el país con Racing. Ahora busca imponerlo en River, un gigante que en los últimos meses mostró una fragilidad preocupante y cuya crisis terminó con la salida de un ídolo como Marcelo “Muñeco” Gallardo.
El “nuevo River” arrancó con vértigo. Kendry Páez sorprendía por las bandas, Ian Subiabre exhibía su explosión y Sebastián Driussi se movía como la referencia ofensiva. En esos primeros minutos aparecieron conexiones rápidas y, sobre todo, la intención de atacar los espacios. El gol fue la síntesis del “plan Coudet”: una jugada colectiva veloz que terminó en un centro preciso de Páez y un cabezazo de Driussi.
Pero, para River, nada parece ser fácil. O, por lo menos, el 2026 presenta más obstáculos de lo habitual para este “grande”. Lucas Martínez Quarta cometió una falta a Jordy Caicedo dentro del área y la planificación sufrió su primer temblor luego del gol del delantero ecuatoriano.
Las dudas se acrecentaron en el segundo tiempo. River tenía la pelota, intentaba imponer condiciones, pero no encontraba la profundidad necesaria para romper la defensa de Huracán. El dominio territorial no se traducía en peligro real y el equipo comenzaba a chocar una y otra vez contra el mismo muro en el estadio Tomás Adolfo Ducó.
Y, casi por sorpresa, River tendría una oportunidad de oro. Juan Fernando Quintero tomó la pelota para ejecutar un penal que podía devolverle la ventaja al “Millonario”. El colombiano, héroe de Madrid y uno de los jugadores más talentosos del plantel, acomodó el balón, tomó distancia y remató. Pero Hernán Galíndez adivinó la intención y se quedó con la pelota. Un nuevo trago agridulce para un River que parecía obligado a seguir remando contra la corriente.
Sin embargo, el partido todavía guardaba un giro más. A instancias del VAR, el árbitro sancionó una nueva pena máxima para River. Esta vez, el equipo cambió de ejecutante. El encargado sería Gonzalo Montiel, un jugador acostumbrado a los momentos de máxima presión. “Cachete”, autor del penal decisivo en Qatar, tomó la responsabilidad y no falló: remate firme y 2-1 para sentenciar la historia.
¿Cuánto significa este triunfo para River? Mucho. El “Millonario” dio un paso importante en el inicio de esta nueva etapa. Pero para Coudet el resultado es apenas una parte de la historia. El entrenador sabe que su River todavía está en construcción, que habrá avances y también retrocesos en el camino.
Lo importante, por ahora, es que la idea empieza a aparecer. Y aquella pequeña sonrisa tras el gol de Driussi no fue sólo una reacción al festejo: fue el gesto de un técnico que comienza a ver, de a poco, las primeras señales de su equipo.






















