No pudo haber sido el primer ancazo que aplicó “Pichón” Segura. La perfección de la técnica lo delata. Directo a la nariz, inapelable. De nocaut.
TAC
Así se escuchó.
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Los 15 minutos de fama que el ancazo le regaló a “Pichón” se agotarán pronto. No deja de ser un matón más a sueldo del Gobierno. La causa avanzará y en algún punto, quién sabe cuándo, habría una pena de cumplimiento condicional. Nadie va preso de por vida a causa de un ancazo, por más roto que le haya quedado el tabique nasal a Federico Pelli, única víctima del episodio.
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Lo que consiguió el ancazo fue traducir un estado de situación. “Pichón” liberó -con saña brutal- el nerviosismo imperante en el Gobierno, una crispación cuyo mercurio fue subiendo a medida que se desbordaban los ríos y arreciaban las tormentas. El ancazo sirvió como metáfora de la impotencia dominante. Las explicaciones (“no se puede hacer nada cuando cae semejante cantidad de agua en tan poco tiempo”) quedan licuadas frente a la evidencia; planes para prevenir las inundaciones hay desde hace décadas, algunos más coyunturales, otros bien de fondo. Nada que ver con el modus operandi instalado, porque repartir chapas, colchones y alimentos no perecederos no es propio de un Estado presente, sino de un Estado atrapado en la emergencia. El Estado presente es el que hubiera destinado el tiempo y los recursos para evitar que este drama se repita una y otra vez.
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Los buenos modales políticos se agotan en el perímetro de las cuatro avenidas. A medida que se avanza en el “territorio” los entuertos se resuelven de otra manera. Cuando hace falta, a los ancazos. Es el reino del aparato, tema sobre el que escribió con particular clarividencia José Pablo Feinmann. Entre otras cosas, dijo:
El aparato es la antítesis de la política. La antítesis de la libertad. La libertad es acción, es praxis, siempre se lanza en busca de algo que todavía no es, que hay que crear, edificar. O de algo que hay que quebrar. Porque la política, en tanto praxis de la libertad, está en contra de lo cósico, de lo inerte, de lo ya establecido. Si la política es la búsqueda de una decisión que pueda abrir una hendija en el bloque monolítico del poder, el aparato es lo ya-decidido. El aparato en la anti-praxis. El aparato es una cosa. Está hecha. Construida. El aparato es el poder real de la sociedad aparente. El aparato es el poder que sostiene la sociedad. No es el Gobierno. Ni es el Estado. El aparato es la transformación del territorio en cosa mafiosa.
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Lo que hicieron Pelli y los dirigentes que lo acompañaban fue pisar un terreno en el que estaba desplegado el aparato. Lo que encontraron fue la reacción lógica de ese aparato que, al verse amenazado, invadido en su propio campo, actuó como sabe hacerlo. Fue un retazo miserable de esa bajísima realpolitik, a la que poco le importan los inundados, los evacuados, el sufrimiento de miles de tucumanos. Y fue, por supuesto, un anuncio de lo que viene.
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Javier Milei ya les avisó a sus gobernadores aliados cuál es la próxima prueba de amor que está decidido a exigirles: no quiere que desdoblen las elecciones el año próximo. El Gobierno nacional avanza en su estrategia de anular las PASO y hay quienes deslizan que podría adelantar el comicio presidencial de octubre para agosto. “Si eso pasa, en Tucumán vamos a votar en enero”, ironizan armadores de distintos colores. Salvo que el “voto rotonda” o el voto “sueldos al día” con el que LLA impone su agenda en provincias “amigas” también haga de las suyas. De uno u otro modo, atendiendo a los números de los últimos escrutinios, se cae de madura la certeza de una contienda de lo más peliaguda. Pareciera que falta muchísimo, pero en las tiendas de campaña que jamás se desmontan es de lo único que se habla.
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Como sucede en estos casos, en paralelo con la ley del ancazo, aflora el otro Tucumán. El solidario. El virtuoso. El de las colectas, el de la gente que se juega el pellejo para rescatar a un vecino atrapado por el agua indómita, el de los voluntarios puestos en la tarea de asistir, de acompañar, de consolar. Por más dañado que luzca, el tejido social está y se activa cuando la necesidad llama. Las redes sociales, los influencers, el universo digital; todo entra en modo fraterno y encuentra un propósito. Puede que haya una tucumanidad aletargada, impactada por crisis que nunca terminan de resolverse, pero sigue siendo innegable su carácter empático en defensa y en ayuda de quienes lo pasan mal. Brindemos simbólicamente por eso.
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Un cabezazo en la nariz provoca una descarga eléctrica en el cerebro a través del nervio nasal externo. El dolor es insoportable. Ni hablar de los efectos generados por la rotura del tabique. El diputado Pelli lo sintió en carne propia y terminó en el sanatorio. Parece mentira que esto haya pasado a segundo plano por lo que vino después.
Desde el gobernador Osvaldo Jaldo para abajo se sucedieron las manifestaciones de repudio, ahí hubo reflejos. En tanto, LLA nacionalizó el tema y el propio Milei recogió el guante. Así que mientras Pelli se recupera -felizmente- de la salvajada y “Pichón” lee en medios de todo el país su propia biografía, la disputa tomó el habitual rumbo de la turbulencia política.
La oposición responsabiliza al ministro del Interior y Darío Monteros le responde por carta documento a la diputada Soledad Molinuevo, directa testigo del ancazo. Por las redes empieza a supurar el trollaje y el propio abogado de “Pichón”, Ernesto Baaclini, afirma que Pelli y compañía fueron “a provocar” y que a su defendido lo amenazaron de muerte, con lo que el victimario pasa a ser víctima.
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Las correrías de Manuel Adorni -nunca mejor replicados los memes que lo comparan con Isidoro Cañones, personaje cuya existencia la mayoría de los sub-30 lamentablemente ignora- sacaron al ancazo de la agenda informativa nacional. Pero el problema no es el ancazo, sino las inundaciones. Como se apreció en otras catástrofes naturales que azotaron distintos puntos del país, la motosierra es inflexible. El presidente Milei fue veloz para denunciar la agresión a Pelli, pero del drama de los evacuados no se hizo cargo. No es una manera elegante de retribuir las manos alzadas que Tucumán le regaló a la hora de aprobar leyes indigeribles para cualquier peronista. El nacional es, por definición propia, explicitada una y mil veces, un Estado que decidió ser ausente. Es el reclamo que vienen recibiendo los referentes locales de LLA.
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Todos perdieron por culpa del ancazo. Es más, para los damnificados por las inundaciones implicó una falta de respeto gigante.
TAC. Así puede sonar Tucumán.














