Recuerdos fotográficos: la “calle ancha” de los “yuteros”
En este espacio de “Recuerdos” procuramos revivir el pasado por medio de imágenes que se encuentran guardadas en ese tesoro que es el Archivo de LA GACETA. Esperamos que a ustedes, lectores, los haga reencontrarse con aquellos momentos y que puedan retroalimentar con sus propias memorias esta sección que les brindamos día a día.
La llamada “calle ancha” que a fines del siglo XIX comunicaba el límite este de la capital (la actual avenida Sáenz Peña) con el puente que cruzaba el río Salí era el lugar preferido de los “yuteros”.
Hasta fines del siglo sólo fue conocida así, hasta que ocurrió la tragedia del joven gobernador Benjamín Aráoz, quien falleció repentinamente el 29 de noviembre de 1895, cuando presidía la recepción de los restos del general Gregorio Aráoz de La Madrid.
Un mes después, el 31 de diciembre de 1895, se le puso por decreto el nombre del mandatario. Así lo cuenta Carlos Páez de la Torre (h) en la nota “La vieja calle ancha” (31/12/2013), donde relata que el doctor Juan Heller “la evocó en un escrito tal como pudo verla en su adolescencia, cuando era el ámbito preferido para la ‘yuta’ de los escolares. Escribía, en 1916, que ‘lo que es hoy la avenida Benjamín Aráoz era entonces un ancho, interminable y polvoriento callejón’. Estaba ‘animado por el trajín frecuente de las grandes vías’, y mostraba “aceras bordeadas de una fila ininterrumpida de grandes árboles regionales y, a cortos trechos, ranchos que lo hacían alegre y vistoso”. Concluye el texto que “la excursión de los ‘yuteros’ por la ‘calle ancha’, solía terminar en una zambullida bajo el puente del río Salí, ‘y cuanto más crecida estaba la corriente, tanto más divertido y accidentado resultaba el baño’ “.
Páez de la Torre también recuerda en “Un ‘yutero’ hacia 1906” (29/11/19) las escapadas a esa avenida relatadas por el escritor Pablo Rojas Paz en “El arpa remendada”. Se había retirado del colegio Belgrano y se fue a la plaza Independencia, donde lo descubrió el padre Colombres, amigo de su familia. “A quién se le ocurre hacer la yuta en la plaza?”, le dijo el religioso entre carcajadas. “Vete hacia las quintas a robar naranjas o a hacer saltar el puntal de un vagón de caña. Nunca vengas a la plaza y con libros”, agregó. Rojas Paz relata que se fue hacia las afueras, hacia esa “tierra de nadie surcada por el ferrocarril” que se abría entre las quintas y las casas. “Una pandilla de raboneros, junto a un montículo de caña, se hartaba de masticar el dulce tallo. Me asomé a la rueda, sin decir palabra”.
Ya para entonces estaba la estación de trenes en El Bajo y la plaza La Madrid.
La imagen central, gentileza de la señora Marta de Cippitelli, muestra cómo comenzaba la avenida a fines del XIX y la publicó Páez de la Torre en otro texto, “La ‘Calle Ancha’ ”, del 23/06/1994. Luego fue reproducida en la “Memoria de una ciudad entrañable” de LA GACETA.
La otra imagen corresponde al monumento en homenaje a Benjamín Aráoz, inaugurado en 1917 en la avenida. Un día no precisado se lo retiró, sin explicaciones.




















