LA GACETA DEL 20 DE MARZO. Ya era tarde para encontrar coincidencias políticas, porque el golpe estaba decretado.
A cinco días del golpe de Estado había un país que intentaba mirar para otro lado, como si así fuera a diluirse la inminencia de una asonada de la que estaban ampliamente informados los más influyentes círculos políticos y económicos. Con ese clima, representantes de seis partidos se reunieron durante dos horas en la tarde-noche del 19 de marzo, abocados a encontrar coincidencias para la elaboración de un programa socioeconómico de emergencia. A esa altura, encuentros de tal naturaleza ya no servían para nada, porque la suerte del gobierno de María Estela Martínez de Perón estaba echada. Lo había anticipado poco antes el líder radical Ricardo Balbín: “debemos encontrar la unión de los argentinos antes de que empiece el recuento cinco minutos antes de la muerte”.
Algunos funcionarios intentaban exteriorizar alguna clase de optimismo. José Antonio Deheza, ministro de Defensa, revelaba el contenido de una charla con el jefe del Ejército, Jorge Rafael Videla. “Me dijo que se ha detenido la cuenta regresiva”, sostuvo Deheza. Era mentira, claro. Esa cuenta estaba en marcha desde el año anterior, sólo era cuestión de elegir el momento.
Más pragmática, la dirigencia sindical hablaba del golpe en ciernes sin tapujos. Mientras los políticos deliberaban en el vacío, las primeras líneas de la CGT y de las 62 Organizaciones planteaban escenarios posibles, entre ellos una huelga por tiempo indeterminado si los militares se alzaban con el poder. No cabía en esos razonamientos la virulencia de la represión que se venía.
Mensaje
En su columna de LA GACETA, desde Buenos Aires, José Ricardo Rocha contaba que un legislador tucumano se había comunicado con el gobernador Amado Juri para pasarle un mensaje tan breve como contundente: “todo está terminado”. Esa información se mezclaba con el conteo de cadáveres acribillados que aparecían hora tras hora.
Por supuesto, en Tucumán tampoco había paz. David Robledo, secretario de Comercio, había acusado de golpistas a los empresarios de la FET, por lo que el presidente del organismo, Pedro Benejam, le presentaba una queja formal a Juri. Era el espíritu de la época.
Producción periodística: Guillermo Monti




















