DINASTÍA. Pablo y Simón Pfister continúan el legado de su padre Martín.
El apellido Pfister volvió a decir presente en una cancha de rugby. Pero esta vez no fue desde la experiencia ni desde la conducción, sino desde el inicio de una nueva historia. Pablo y Simón, hijos del ex Puma Martín Pfister, tuvieron su debut en Tarucas ante Yacaré XV y sumaron un capítulo especial a una tradición familiar marcada por la ovalada.
Ambos se formaron en Tucumán Rugby, el club que también vio crecer a su padre y donde el apellido ya tiene peso propio. El año pasado compartieron la categoría M-19 y fueron parte del equipo que disputó el tradicional torneo “Veco” Villegas, que reúne a los campeones juveniles de todo el país. Allí, bajo la conducción de Martín (entrenador de esa división), comenzaron a trazar un camino que hoy los encuentra en el alto nivel.
Ahora, el salto fue mayor. En la cancha del club Aranduroga, de Corrientes, ambos sumaron sus primeros minutos con Tarucas. Simón ingresó como fullback en lugar de Tomás Elizalde, que arrastraba una molestia, mientras que Pablo fue titular como wing, en un contexto en el que el entrenador Álvaro Galindo continúa evaluando variantes ante la suspensión de Tomás Vanni.
“Muy contento. Empecé la pretemporada en enero como invitado y se fue dando. Poder debutar es algo muy lindo”, contó Simón. Además, viene siendo seguido de cerca por el cuerpo técnico de Los Pumitas tras haber participado en distintas concentraciones y es una de las opciones de cara al Mundial M-20 de este año.
Más allá del estreno, el condimento especial fue compartir la cancha. “Fue muy divertido jugar con él. Recién empieza el año, así que hay que aprovechar todos los partidos que podamos juntos”, coincidieron, en una muestra de la conexión que trasladan desde la vida cotidiana al juego.
En lo deportivo, el análisis también dejó espacio para la autocrítica. Tarucas dominó gran parte del partido, pero terminó sufriendo más de lo esperado ante Yacaré XV. “Sabíamos que era un equipo que no se daba por vencido. Nos faltó sostenerlo los 80 minutos”, reconoció Simón.
Pablo fue en la misma línea. “Creo que fue un tema de concentración. Cuando el partido se te pone a favor, es difícil mantener la intensidad”, indicó.
El debut quedó marcado. No solo por los minutos en cancha, sino por lo que representa. Para los Pfister, el legado sigue en movimiento. Ahora, con una nueva generación que empieza a escribir su propia historia.




















