En vísperas de definiciones para la zafra azucarera

En vísperas de definiciones para la zafra azucarera ARCHIVO
23 Marzo 2026

Horacio Ibarreche

Consultor e historiador azucarero

La industria azucarera tucumana va camino este año a una importante producción debido a varios factores. En la década de 1980 con 170.000 hectáreas de cañas plantadas los productivistas anhelábamos la posibilidad de producir entonces 1 millón de toneladas de azúcar. Cantidad que quedó en el recuerdo. Años después un salto en la extensión agrícola llevó las plantaciones a 240.000 hectáreas y luego llegamos a las 302.000 actuales. Paralelamente la tecnología industrial fue creciendo y mejoró la capacidad de molienda. Todo ello refleja la gran vocación de crecimiento (cañeros e industriales), más aún cuando las otras industrias nacionales muestran ahora en su conjunto una capacidad de aprovechamiento de sus parques de solo el 53,8%. En azúcar se trabaja al 100%.

El ciclo que se avecina cuenta ya con 18 millones de surcos, cantidad significativa que supera los 14 millones de hace 12 años. A ello se suma una circunstancia extraordinaria: las aguas del cielo fueron abundantes, por arriba de la media histórica. Vienen así al recuerdo las premonitorias palabras de William Cross, cuando acompañado por industriales que fueron a despedirlo para siempre en la vieja estación Mitre, respondió sobre cuál era la verdad de la caña de azúcar simplificadamente y sin empalidecer sus fecundos aportes científicos; mencionó tres: agua, agua y agua. Eso es lo que sobra este año. Tailandia y la isla Mauricio, para citar casos, con régimen de lluvias de entre 1.950 y 2.400 mm. anuales se destacan por su gran cantidad de cañas. Hay que esperar así una gran producción. Sumadas a las de Tucumán, Salta y Jujuy, y el carry over (saldos de azúcares de la zafra pasada) deberemos afrontar el desafío de cómo manejar volúmenes de envergadura. Salvo el efecto heladas que es un imponderable, todo indica la conveniencia, de aun previendo ese caso, operar con rapidez y ojalá con acierto, antes del comienzo de la zafra para que no nos sorprendan las nuevas circunstancias y sepamos “quo vadis”, o sea hacia dónde vamos. En ese sentido deben ponderarse los avances registrados en la reunión Plenaria con todos los sectores de la actividad y el Gobierno provincial. Los consensos son bienvenidos.

Los caminos

Los mercados mucho no favorecen para encontrar el definitivo camino dado que hay tres factores a tener en cuenta. El mercado internacional que hace un año estaba en 20 centavos de dólar por libra (contrato Nº 11 de Nueva York) que representaban U$S 440 por tonelada, hoy lo está en solo 15,50 centavos, es decir U$S 340 la tonelada. El mercado interno sigue a precios con caídas en sus valores reales desde mediados de 2023. El tercer factor, el peligroso crecimiento del mercado de edulcorantes y que, con 905.000 toneladas equivalentes en 2025, afecta las entregas de azúcar al mercado interno de lo producido tradicionalmente con caña de azúcar y que fuera ganado con gran esfuerzo desde hace 205 años.

Si bien hay opiniones que aconsejan esperar para la toma de decisiones hasta tanto se conozcan las consecuencias del exceso de agua sobre las plantaciones, demorar las definiciones puede llevar a conclusiones tardías o equivocadas. No obstante todo ello, hay espacio para una visión positiva y para que se logre posicionar correctamente a toda la actividad y tengamos una zafra exitosa.

Con el único criterio de colaborar y sin entorpecer otros cursos de acción alternativos que pudiera haber, surge razonable analizar la urgente creación de un “Fondo Exportador Zafra 2026” que asegure despachos en tiempo útil y en cantidades adecuadas que limpien los stocks. Para ello constituirlo sobre una base, a confirmar en el tiempo, de sacar 1 millón de toneladas que contenga las exportaciones al Mercado Mundial, la cuota americana, la orgánica y las tradicionales a Chile y Uruguay. Un plan integral debería estar distribuido en dos tramos. El primero de no menos de 500.000 toneladas a exportar hasta el 31 de agosto. El segundo, de otras 500.000 toneladas, ajustables en más o en menos conforme a las circunstancias climáticas, si las hubiere, a concretar a partir del 1 de septiembre hasta su cumplimiento total.

Las superproducciones son peligrosas si no se las maneja bien y a tiempo. La de 1895 redujo los establecimientos de 83 a una treintena. La de 1902 llevó al dictado de las Leyes Machete y la de 1965 a sumar desgraciados elementos para los posteriores cierres de ingenios. Pero no hay que alarmarse porque pueden ser controlables. Hay antecedentes. Obviamente la apuesta de hoy es fuerte porque aceptar tamaño nivel exportable no es fácil. Si bien el excelente desarrollo del Bioetanol encuentra hoy, por el conflicto en Medio Oriente, condiciones propicias para mejorar su precio y la posibilidad de aumentar los porcentajes de mezcla, está claro que no hay otro camino que el de afrontar grandes exportaciones de azúcar.

La voluntad y el esfuerzo industrial por sí solo no alcanza y es inexcusable la concurrencia exportadora y masiva del sector cañero, como única vía para llegar a cantidades que hagan posible despejar los mercados. Comprometido todo el universo cañero a exportar, habrá que buscar los mecanismos, que los hay, para que los productores chicos tengan para sí algún sistema que les permita soportar las ventas externas y les asegure su supervivencia, ganada en muchos casos a través de cuatro o cinco generaciones que ya forman parte del patrimonio histórico de la agricultura tucumana. Las exportaciones que se proponen fortalecerán el mercado interno y asegurarán a la agroindustria azucarera recuperar precios y evitar que se vea comprometida la facturación de los más de U$S 1.000 millones, incluyendo los ingresos por exportaciones y bioetanol, con la que contribuye al país año a año la primera actividad productora del Norte.

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