Domingo a las 22. Dan “Proyecto fin del mundo” en Cines del Solar y la sala está colmada, como en los buenos viejos tiempos. Es cierto, se trata de una función en “prime time” y en la víspera de un día no laborable, pero hay una razón de peso que también explica la explosión de público: se trata de la única en idioma original, con subtítulos.
Numerosos espectadores hablan del tema en voz alta, coinciden en la apreciación. Ya es casi imposible encontrar en los cines tucumanos películas que no estén dobladas al castellano. Lo que empezó como un lógico servicio para los más chiquitos fue extendiéndose como una mancha de aceite, contaminando géneros. Primero fueron las historias orientadas a la platea adolescente, después las de acción, luego las de terror, y así con lo proveniente del circuito mainstream. Hoy, el doblaje abarca prácticamente todo lo que se estrena en Tucumán.
Razonamientos
En los complejos de salas se escuchan los mismos razonamientos. Dicen que a la gente “no le gusta leer” y que les piden películas dobladas, al punto de que muchos no compran la entrada si se enteran de que hay subtítulos. “Para ver las películas originales están las plataformas en casa, el cine tiene que ser más popular”, analizó para LA GACETA una fuente del negocio.
¿Cambio cultural, nuevos hábitos de consumo? Por suerte, quienes el domingo a la noche fueron a ver “Proyecto fin del mundo” -que es una película buenísima y además canta Mercedes Sosa- se permiten no pensar lo mismo. Por ejemplo, que no escuchar la voz de un actor implica perderse gran parte de su trabajo. Y que se trata, ni más ni menos, que de la adulteración de una obra de arte.





















